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Las voces críticas de la agricultura digital advierten y señalan sus peligros

Quienes promueven la agricultura digital aseguran que gracias al uso de la tecnología, será posible revolucionar la agricultura, hacerla más eficiente, productiva y erradicar el hambre. Sin embargo, ante esa premisa, no han faltado las voces críticas que denuncian como el uso de Big Data, Inteligencia Artificial o sistemas de cadena de bloques o blockchain, ponen en peligro la soberanía alimentaria.

Las voces críticas de la agricultura digital

Una de las voces que no deja de pronunciarse en contra del dominio tecnológico y corporativo de la agricultura es Silvia Ribeiro. Esta periodista e investigadora uruguaya forma parte del Grupo ETC (Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración) donde ha desarrollado una sólida trayectoria en el activismo medioambiental.

Ribeiro no le da descanso a su crítica. Armada con el estudio y la investigación, carga contra el entramado de corporaciones que pretenden manejar a su conveniencia el sistema agroalimentario del planeta. Un dominio que, a su juicio, supondrá un duro revés para la independencia agroalimentaria, la diversidad cultural de los pueblos originarios e indígenas y la riqueza biológica.      

Para nadie es un secreto que el manejo de datos a nivel global es un monopolio. Esta concentración está repartida entre tres grandes nombres: Amazon, Microsoft y Google. Por otro lado, en China, empresas como Alibaba y Tencent también hacen acopio de una gran cantidad de información, y no escatiman en amagos de destronar a los estadounidenses en manejo de información.

Ahora bien ¿qué ocurre con toda la información que recopilan estas corporaciones de la Big Data? Pues bien, los datos sirven para que las grandes firmas del agronegocio y la agroindustria constituyan nuevos monopolios, capaces de manipular el sistema alimentario del planeta.

Es decir, las grandes empresas digitales decidirán qué comerá el planeta y cómo. Jeff Bezos, dueño fundador de Amazon, y el segundo individuo más rico del planeta, como moderador de la dieta de la humanidad.

Nuevos actores en la cadena de suministro de alimentos

Que Amazon, Microsoft, Google o Huawei estén interviniendo decididamente en el sistema agroalimentario es un hecho que merece ser analizado. Sobre todo en un contexto político, económico y social marcado por la pandemia de Covid-19.

Como bien dice la investigadora Silvia Ribeiro: no son solo inversiones. La irrupción de estos actores significa cambios muy profundos en la cadena de suministro de alimentos, en la cultura y en la forma en que cada pueblo o nación decide qué alimentos va a consumir.

La participación de las grandes corporaciones de la información digital se da en tres puntos del sistema agroalimentario que se interrelacionan:

  • En el hardware, es decir, en la maquinaria agrícola, drones o robots.
  • En el software o información sobre datos genómicos, biología sintética y nuevas biotecnologías.
  • Finalmente, en el sistema financiero digital, o fintech, regido por el blockchain o cadenas de bloques.

Por ejemplo, Microsoft se encuentra diseñando software especial para digitalizar el trabajo en el campo. Otras empresas digitales tienen contratos con empresas que fabrican maquinaria agrícola, como John Deere y CNH, para hacer acopio, a través de sus tractores, de información del suelo, clima o la misma siembra.

Por su parte, gigantes del comercio de materias primas agrícolas como Cargill, ADM o Bunge, están trabajando en el desarrollo de plataformas digitales que automaticen el comercio global de granos a través de transacciones de cadena de bloques.

¿Cuál es el peligro de todo esto?

Manejar una gran cantidad de datos e información, por parte de muy pocos actores, representa una amenaza que no se puede desestimar. Si solo las grandes empresas de la agroindustria son las que tienen acceso a la Big Data, ellas decidirán qué datos se producen y quienes pueden beneficiarse de ello.

La agricultura 4.0 es para especular
El fin último de la agricultura digital es la especulación y el monopolio de la producción de alimentos.

Tal como insisten desde la plataforma del Grupo ETC, el fin último de las grandes corporaciones no es solo acumular información. Es manejarla y manipularla con fines comerciales y obtener más ganancias. Acabar con el hambre o alimentar a todos es lo de menos, es solo la excusa.    

Aunque los gobiernos hagan esfuerzos por ejercer algún tipo de control sobre los procesos de la recolección de datos para alimentar la Big Data, las tecnologías y quienes las manejan van varios pasos adelante, tal como se confirmó con el escándalo de Cambridge Analytica.

El desarrollo de la agricultura digital, y la consecuente fusión de grandes capitales en nuevos y poderosos consorcios, es lo peor que puede pasar justo ahora. La pandemia ha confinado en sus hogares a los trabajadores, despojándolos de sus formas de sustento y lanzándolos a la miseria.

Si los robots y la Inteligencia Artificial se encargarán de la siembra, la cosecha y la comercialización de los alimentos, no serán pocos los que pierdan sus puestos de trabajo.

Es necesario privilegiar el trabajo campesino

Este desarrollo acelerado de la agricultura digital, en detrimento de los conocimientos ancestrales de las comunidades, tiene un componente social y cultural que no se puede obviar.

La agricultura digital no es para alimentar a los pueblos
Es necesario que los gobiernos privilegien el trabajo de los pequeños productores, los que de verdad alimentan al mundo.

Otorgarle mayor importancia a los datos y su posesión, por encima del acervo de los indígenas o las mujeres de las comunidades, es un duro revés. Una pesada losa que caerá sobre la dignidad de los pueblos. La consecuencia será la desaparición de buena parte del recurso biológico y genético que ha alimentado a los seres humanos a lo largo de la historia.

Afortunadamente las voces críticas de la agricultura digital no cesan de advertir y señalar. El trabajo campesino, el de las pequeñas comunidades, el que lleva alimento del productor directo al consumidor, de manera descentralizada, es la forma más segura de alimentar a una población mundial. Cada cada vez más numerosa y más vulnerable.

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