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Las presas más antiguas son una amenaza para la población y los ecosistemas

Durante la segunda mitad del siglo XX, alrededor del mundo se construyeron decenas de miles de embalses con distintos fines. Sin embargo, muchas de esas construcciones ya sobrepasaron su tiempo de vida útil. Un reciente estudio, avalado por la ONU, advierte que las presas antiguas son una amenaza emergente para una parte importante de la población mundial.

Las presas antiguas son una amenaza

Asegura el estudio, publicado por el Universidad de las Naciones Unidas, que las estructuras que se levantaron para almacenar agua ya están obsoletas y que los volúmenes de agua que contienen serían suficientes para cubrir el 80% de la superficie de territorio de Canadá, es decir, entre 7.000 y 8.300 kilómetros cúbicos de agua.

Para el año 2050, agrega el informe final, la mayor parte de la población mundial vivirá en zonas que se encuentran aguas abajo de estas estructuras.

El documento ofrece un panorama bastante detallado del estado actual de estas presas que vieron su florecimiento y esplendor durante gran parte del siglo XX. Subraya el informe, que las presas representan un peligro, ya que muchas de esas estructuras ya alcanzaron, o incluso rebasaron, su tiempo de vida útil.

Son embalses alrededor del mundo que fueron diseñados para que duraran un tiempo determinado. Algunas de estas infraestructuras llegan a los 100 años y cada día demandan más tiempo y recursos en mantenimiento.

Al mismo tiempo, estas construcciones se vuelven cada vez más ineficaces, incapaces de cumplir con los objetivos por los que fueron diseñadas. Eso sin contar el peligro mortal que significan para la seguridad de los seres humanos y los ecosistemas.

¿Cuándo se sabe que una presa es muy antigua?

Determinar en qué momento una presa está dando señales de envejecimiento depende de una combinación de factores. Cuando la antigüedad toca la cota de los 50 años, las estructuras de hormigón de los embalses empiezan a sufrir mayores y más frecuentes fracturas, quiebres y roturas.

De igual manera, se empiezan a observar un aumento en la sedimentación y una disminución de la funcionalidad y efectividad. Este es un proceso relacionado con la fatiga de los materiales y con la presión a la que son sometidos. Se trata de grandes volúmenes de agua que además están afectados por el cambio climático.

Muchas de estas represas fueron diseñadas basándose en datos hidrológicos estacionarios, es decir, sin variaciones. Sin embargo, debido al cambio climático los registros de flujo de los ríos sí varían.

Presas antiguas y cambio climático

Cuando estas presas se levantaron, las incidencias del cambio climático no eran tan evidentes. Si bien un buen mantenimiento puede prolongar la vida útil de una presa, la crisis climática no hace sino acelerar el deterioro de estas estructuras.

Los embalses antiguos son un riesgo
La mayoría de las presas ya han alcanzado su tiempo de vida útil.

El cambio climático está provocando que las inundaciones y otros eventos climáticos se vuelvan cada vez más extremos, más intensos y más frecuentes. Estas características de los fenómenos ambientales pueden poner a prueba, más allá de sus capacidades, la resistencia de las presas antiguas. Una inundación puede aumentar de manera considerable el riesgo de colapso.

El calentamiento global está ocasionando que se acumule más vapor de agua en la atmósfera, lo que es el principio precursor de tormentas cada vez más devastadoras. De igual manera, el aumento en los niveles del mar está provocando que cada vez haya más regiones expuestas al embate de los oleajes y las corrientes marinas.

El estudio de la ONU destaca que la decisión de desmantelar una represa debe hacerse  es un contexto marcado por una crisis en el clima, que no cesa de enviar señales inequívocas de un agravamiento en los eventos meteorológicos.

¿Se deben desmantelar las presas?

Actualmente en Europa, donde se encuentran la mayoría de las represas más antiguas, hay varios movimientos que abogan por ir desmantelando represas. Esto, con el fin de mejorar la salud de los ríos y recuperar especies acuáticas como el salmón atlántico.

No obstante, algunas voces calificadas han advertido que este proceso debe hacerse observando su impacto ecológico, porque sin duda lo tiene. Consideran los expertos que no todas las presas pueden o deben eliminarse. Igualmente, se deben tomar en cuenta ciertos riesgos como la naturaleza de los sedimentos acumulados o la presencia de especies invasoras.

Estructuras de alto riesgo

Las presas, sobre todo las más faraónicas, aunque muestren mucha solidez, están consideradas “infraestructuras de alto riesgo”. Esta calificación obedece al número de vidas humanas que podrían perderse en caso de una falla, amén los desplazamientos y la pérdida de medios de vida que tal acontecimiento podría provocar.

Las presas más viejas son una amenaza
El cambio climático aumenta el riesgo de colapso de estas estructuras.

Como ya hemos señalado, en la actualidad se viene observado un crecimiento del desarrollo de las zonas ubicadas aguas abajo de muchas de las represas. Esto hace que se eleve la magnitud de las consecuencias de una eventual falla.

Los expertos que elaboraron el estudio advierten que aunque el colapso atroz de una represa sigue siendo un evento poco probable, es decir, no hay una situación de emergencia, no hay que bajar la guardia.

Las presas antiguas son una amenaza y se deben hacer evaluaciones intensivas de las estructuras y tomar las medidas que tengan que ser tomadas. “Hay  60.000 viejas represas en todo el mundo y ninguna se está haciendo más joven”, subrayan.

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