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Las petroleras que destruyen el Amazonas tienen quien las financie

El gran ecosistema del Amazonas nunca ha dejado de estar en la mira de las grandes transnacionales de inversión y del petróleo. A pesar de que los indicadores climáticos son cada vez más alarmantes, las inversiones petroleras en el Amazonas no cesan.

Inversiones petroleras en el Amazonas

El más reciente informe de la organización Amazon Watch dio a conocer que de las grandes instituciones financieras globales, cinco han invertido, de 2017 a 2019, cerca de 6 mil millones de dólares en proyectos para seguir extrayendo petróleo del Amazonas occidental.

Más de 30 millones de hectáreas de los bosques tropicales amazónicos que comparten Colombia, Ecuador y Perú son el escenario donde se establecen los proyectos extractivistas.

Y no es insignificante ese dato. Esa región se conoce como la Cuenca Sagrada de la Amazonía y es ahí donde nace el rio Amazonas,la extensión de agua más grande y caudalosa del planeta.

Más datos clave. La zona bajo amenaza se considera como la de mayor riqueza biológica del Amazonas y también es el hogar de aproximadamente 500 mil indígenas de los pueblos originarios que hacen vida en la región.

El cambio climático y el planeta pueden esperar. Esa parece ser la hipótesis de quienes están dando dinero a las petroleras para seguir explotando la selva amazónica. Esta enorme extensión vegetal es la responsable de absorber la nada despreciable cantidad de 2 mil millones de toneladas de CO2 anuales.

La selva tropical del Amazonas, aunque solo cubre un 4% de la superficie de la Tierra, en sus parajes se encuentra el 33% de toda la biodiversidad del planeta. Gracias a su existencia, se regulan las temperaturas de la región y las globales.

Profundizar la destrucción de sus bosques supondría una vuelta de tuerca más en la emergencia climática mundial.

¿Quiénes están poniendo el dinero?

Los 6 mil millones de dólares que se han venido invirtiendo en la extracción de petróleo y gas del subsuelo amazónico occidental, salen de las arcas de los más poderosos bancos y fondos financieros del mundo, desde 2017 a 2019.

 

Grandes bancos financian destrucción del Amazonas

De 2017 a 2019 grandes bancos otorgaron dinero para explotación petrolera en el Amazonas.

Citigroup, JPMorgan Chase, Goldman Sachs, HSBC y BlackRock han estado financiando a las empresas GeoPark, Amerisur, Frontera y Andes Petroleum para la explotación de combustibles de origen fósil.

Estos entes financieros no solo financian la destrucción de la reserva biológica más grande del planeta y su población originaria, sino que lo hacen violando sus propios estatutos y compromisos.

Haciendo gala de un doble rasero de hipocresía, algunos de ellos han expresado de manera pública que observan compromisos corporativos con el ambiente, con lo social y con acuerdos de carácter global como el Acuerdo de París.

La actuación de estas instituciones financieras es seguida muy de cerca por varias organizaciones y colectivos que luchan en favor del medio ambiente. Amazon Whatch, junto a otros colectivos ambientalistas, han creado la campaña Stop the Money Pipeline para señalar de manera directa y pública a quienes están otorgando colosales sumas de dinero para financiar las inversiones petroleras en el Amazonas.

Su objetivo es que los entes financieros se mantengan alejados de la deforestación y de la explotación de combustibles fósiles.

Derrames de petróleo e inundaciones en el Amazonas ecuatoriano

El Amazonas siempre en la mira

La explotación de petróleo en el Amazonas, y sus nefastas consecuencias, no es un tema nuevo. El Amazonas occidental, que comparten Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador y Perú. En el subsuelo de esta región se encuentra una importante reserva de gas y petróleo que viene siendo explotada desde mediados del siglo XX en Ecuador, Colombia y Perú.

La cuenca del Amazonas siempre ha estado en la mira
La explotación de la cuenca del Amazonas no es un asunto nuevo. Son décadas de destrucción sistemática.

En Ecuador la bonanza petrolera empezó en 1964. En ese entonces, Texaco firmó un contrato con la estatal petrolera para extraer el crudo.

Durante 30 años, la compañía estadounidense sacó 1.500 millones de barriles hasta 1992, fecha en que se retiró del territorio. Claro, no sin antes verter 59 mil millones de litros de desechos tóxicos y 63 millones de litros de petróleo en la selva ecuatoriana.

En Perú, la empresa Occidental Petroleum Corporation, conocida como OXY, firmó un contrato en 1971 con el gobierno peruano para la explotación del petróleo en la cuenca del río Corrientes en la región amazónica.

Para la gestión del crudo, la compañía OXY construyó, no sin antes acabar con cientos de miles de hectáreas de bosques, vías de uso exclusivo, aeropuertos, helipuertos, refinerías y contribuyó a la construcción del oleoducto Norperuano de 586 km de largo que se extiende del campo hasta la costa peruana.

Este oleoducto, manejado por el estado peruano, filtró 2 mil barriles de petróleo a los ríos afluentes  del gran rio Amazonas, lo que obligó a decretar estado de emergencia en 16 comunidades indígenas.

De acuerdo a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Perú y Ecuador, apenas dos de los países que administran la Amazonía occidental, han sido víctimas del incumplimiento, por parte de las compañías petroleras, de los acuerdos para mitigar los impactos medioambientales de sus actividades.

Según cifras del organismo, hasta el año 2005, la industria petrolera fue la responsable de la deforestación de 78.253 kilómetros cuadrados de selva.

Los entes financieros involucrados en la deforestación de la reserva de biodiversidad más importante del mundo deben parar y sumarse a las acciones para transitar hacia un modelo de desarrollo sostenible, basado en energías limpias y respetuosas del ambiente y los derechos humanos.

Ante el cambio climático, la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París y la esperada recesión económica post pandemia, es necesario alertar sobre las inversiones petroleras en el Amazonas que se hacen a espaldas del ambiente, de los pueblos originarios y de la comunidad internacional.

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