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Desarrollo sostenible Energías renovables

La transición a energías renovables aumentará la demanda de minerales estratégicos

Avanzar en la reducción de emisiones es un compromiso que han adoptado la mayoría de los países y que ha quedado plasmado en el Acuerdo de París. Ese compromiso requiere hacer una transición a energías renovables que aumentará la demanda de minerales, de ahora hasta el año 2040. Esa es la principal conclusión de un informe reciente de la Agencia Internacional de la Energía (AIE).

Transición a energías renovables aumentará demanda de minerales

Reducir las emisiones, antes de la mitad del siglo es una meta ambiciosa pero muy necesaria. No obstante, el citado informe de la AIE destaca que completar el objetivo cuadruplicará la necesidad de minerales, la materia prima necesaria para la fabricación de tecnología necesaria en fuentes de energías limpias.

Un sistema de suministro de energía limpia es muy distinto a uno tradicional, alimentado por recursos fósiles. En la construcción plantas fotovoltaicas, parques eólicos y coches eléctricos, se requiere seis veces más minerales que sus equivalentes alimentados con hidrocarburos.

Desde el año 2010, la cantidad de minerales requeridos para las energías limpias ha aumentado en 50%. Para fabricar un vehículo eléctrico, por ejemplo, se requiere seis veces más minerales que los necesarios para fabricar un coche convencional. En una planta de generación de energía eólica se invertirán nueve veces más recursos minerales que en una central eléctrica de gas.

Un sector que ampliará su demanda

A medida que se apresura la transición hacia formas de energía sustentable, el sector de la generación de energía es el que más crece en demanda de minerales. Si los objetivos del Acuerdo de París se llegasen a materializar, durante las próximas dos décadas la demanda de minerales por parte del sector de la energía crecería de la siguiente manera:

  • Cobre y tierras raras 40%
  • Níquel y cobalto entre 60% y 70%
  • Litio 90%

Ya los coches eléctricos y el almacenamiento de baterías han tomado el lugar de la electrónica en el consumo de litio. Se prevé que para 2040 tomarán el lugar de la producción del acero inoxidable en la demanda de níquel.

Un escenario donde se va acelerando la evolución hacia fuentes de energía limpia es muy distinto a lo que tenemos hoy en día. Los paisajes dominados por paneles solares, turbinas de generación eólica y vehículos eléctricos, marcarán el crecimiento de la demanda de minerales.

Y ese crecimiento podría suponer una volatilidad de los precios, movimientos geopolíticos e incluso interrupciones en el servicio de energía. La principal preocupación de la AIE es cómo garantizar que el suministro de energía sea seguro y accesible a todos.

Obstáculos a superar

Para la AIE, lo más importante es que se siga avanzando cada día más hacia un futuro de energías renovables. Solo así se podría garantizar un real y efectivo abordaje del cambio climático. En ese sentido, instan a los gobiernos del mundo a que se anticipen a los posibles obstáculos en el suministro de los minerales y metales necesarios para un futuro de energías limpias.

Energías renovables demandan más minerales
Avanzar hacia la producción de energías renovables exige un cambio en el modelo de desarrollo.

Según el director de la AIE, Fatih Birol, los gobiernos deben dejar claro cómo van a enfrentar los compromisos del Acuerdo de París. Para ello, es necesario trabajar en conjunto para que una eventual volatilidad de los precios pueda afectar la provisión de energía limpia y renovable.

En la actualidad, el abastecimiento de minerales críticos se encuentra muy debajo de lo que se necesita para asumir una rápida expansión de toda la tecnología necesaria para producir energía limpia. Por otro lado, la mayoría de los minerales y metales provienen de muy pocos productores.

De hecho, la producción de litio, cobalto y tierras raras está concentrada en tres productores principales, que controlan más de tres cuartas partes de toda la producción mundial. Las principales dificultades para un suministro seguro de minerales, según observa la AIE son:

  • Alta concentración geográfica de la producción de minerales.
  • Largos tiempos de espera para la puesta en marcha de nuevos proyectos mineros.
  • Baja calidad de los recursos minerales en algunas áreas, por ejemplo la ley del cobre de Chile ha bajado 30% en los últimos años.
  • El impacto social y medioambiental de la producción de metales y minerales.
  • Mayor exposición a riesgos climáticos. La producción de cobre y litio se concentra en zonas de gran estrés hídrico.

Una paradoja

Como se ve, avanzar hacia sociedades donde imperen las formas de energía limpias no es sencillo. Las energías renovables o verdes, por sí solas, no son una garantía de que bajarán las emisiones y el cambio climático se mantendrá a raya. Incluso, parece que profundizar en las energías renovables puede disparar el volumen de emisiones.

Producir energía limpia demanda más minerales y metales
Aunque las energías sean limpias también producen emisiones y dependen de recursos no renovables.

La paradoja que se plantea con la producción energía renovable es que depende de recursos no renovables para poder existir. ¿Cómo se resuelve esta incongruencia en medio de un contexto de emergencia climática? Desde la AIE plantean el reciclaje de materiales que alivien el suministro primario de minerales y metales.

Las baterías de coches eléctricos y las turbinas de generación eólica son un excelente suministro de material para el reciclaje. Las cantidades recicladas de cobre, litio, níquel y cobalto de las baterías usadas podrían reducir la demanda de minerales alrededor de un 10%.

En todo caso, siempre se puede y se debe seguir apostando por disminuir el consumo de energía, incluso si esta es energía renovable o limpia.

Aunque es un hecho que la transición energética aumentará la demanda de minerales estratégicos, no olvidemos que el mayor cambio proviene de nuestra manera de consumir. La abundancia o la escasez de un recurso dependerá de la demanda que hagamos de él. La evolución en las formas de producir energía debería ir de la mano con un cambio de conciencia y de paradigmas de desarrollo.

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