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La muerte de dos jirafas blancas reaviva la preocupación por el futuro de la especie

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El 10 de marzo de 2020 fue un día aciago para la biodiversidad. La lacra de la caza furtiva ha acabado con las vidas de dos ejemplares de jirafa blanca. Voceros de la reserva Ishaqbini Hirola ubicada en Kenia dieron a conocer la noticia, luego de que unos guardabosques localizaran, tras una intensa búsqueda, los cadáveres, es estado esquelético, de la hembra de jirafa blanca y su cría.

Dan muerte a dos jirafas blancas

Con el deceso de las dos jirafas blancas quedaría un solo individuo de esta especie, un macho. Las autoridades en materia de conservación de la fauna en Kenia ya se encuentran investigando los hechos que condujeron a la muerte de las dos jirafas.

Esta pérdida resulta irreparable puesto que las dos víctimas de la caza furtiva poseían una particular y muy rara condición genética llamada leucismo, que suprime la coloración en la piel. A diferencia del albinismo, los animales con leucismo no son más sensibles al sol y no dejan de producir la pigmentación oscura en los tejidos blandos, como los ojos y otras partes del cuerpo.

Estas jirafas, hoy extintas, fueron vistas por primera vez en el año 2017. En ese entonces se acapararon la atención de los medios y redes sociales por su rara belleza. Explican los encargados de la reserva que las dos jirafas blancas constituían un gran atractivo turístico para quienes visitaban Kenia.

La muerte de estos dos ejemplares únicos sin duda representa un sensible retroceso en los esfuerzos que se llevan a cabo, desde distintas instancias, por conservar la biodiversidad, y de manera particular, las especies raras o únicas.

Las jirafas son una especie vulnerable

Según cifras suministradas por la Fundación para la vida Silvestre de África, este mamífero, el más alto del mundo, ha visto mermar su población en un 40 por ciento en los últimos 30 años. La caza furtiva y la pérdida de sus hábitats naturales, son solo dos de las causas de su sostenida y silenciosa desaparición.

Las jirafas son animales muy vulnerables
La caza furtiva es una de las amenzas a la especie.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), en su Lista Roja, tiene inscrita a la jirafa dentro de las especies en estado de vulnerabilidad. Señala el organismo cuatro amenazas principales contra las jirafas, todas relacionadas directa o indirectamente con las actividades humanas, siendo la más importante la pérdida de sus territorios.

A medida que la población de humanos crece, aumentan los asentamientos y se hace necesario construir carreteras, tomar terrenos para la agricultura no maderera y la ganadería. A esta realidad se le suman además la caza furtiva y los conflictos armados civiles o militares.

En el año 2019, durante la celebración de la conferencia de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), las jirafas fueron incluidas en un programa de protección que restringe el comercio internacional de esta especie.

Esta medida produjo el enfrentamiento entre dos grupos con visiones opuestas acerca del futuro de las jirafas. La medida implementada por la CITES fue promovida y apoyada por los países del África centro occidental, alarmados por el declive en el número de ejemplares. En contravía a esta iniciativa se ubicaron los países del sur del continente.

Los representantes de Botsuana, Mozambique, Namibia, Sudáfrica, Tanzania, Zambia y Zimbabue, dijeron que recurrirían la medida, pues no están de acuerdo con que se les aplique a ellos las restricciones al comercio de jirafas. Alegan que sus manadas no solo tienen un número adecuado de ejemplares, sino que inclusive el número de individuos ha aumentado. Una posición que no resulta extraña dado que estos países perciben importantes ingresos por concepto de safaris de caza.

¿Safaris para conservar?

En la mencionada Cumbre de la CITES, donde se incluyó en la lista de especies protegidas a la jirafa, de manera asombrosa, dado que era mayoritariamente un encuentro de conservacionistas, no faltaron las voces que abogaban por los derechos de los cazadores.

Las jirafas blancas muertas eran ejemplares únicos
Las jirafas fueron incluidas en una lista de especies protegidas del comercio de especies silvestres.

Aducen quienes abogan por la cacería que esta actividad reporta jugosos ingresos que se destinan a programas de conservación. Según este peculiar argumento, quienes sienten pasión por la caza de trofeos son garantía de que sigan fluyendo los recursos destinados a la conservación de las especies vulnerables.

Llegar a afirmar de manera categórica que la caza de trofeos contribuye a la conservación de especies no es posible. El continente africano es vasto, con contextos y particularidades muy disímiles entre los distintos países que lo conforman. En Namibia y Zimbabue se ha logrado revivir a poblaciones silvestres. Por el contrario, en Tanzania la caza alimenta la corrupción mientras se diezman las especies.

Hasta 150 mil dólares se llegan a pagar por un safari de caza. Dicen quienes operan esta actividad, que parte de ese dinero se destina a las comunidades locales, a medidas de conservación y contra los cazadores furtivos. Sin embargo, en el año 2018 el diario The New York Times publicó un informe donde se revelaba que de 2006 a 2015 se importaron a Estados Unidos 40 mil partes de jirafas para convertirlas en productos superfluos, como almohadas o cubiertas para biblias.

La diatriba entre promotores y adversarios de la caza se va a prolongar durante un buen tiempo, sobre todo si hay tantos intereses económicos involucrados. De momento, la medida de la CITES está en vigencia y las jirafas, por ahora, ganaron un poco más de protección.

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