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La lucha contra el cambio climático no es una tarea para el Covid-19

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En tiempos donde casi todo el planeta ha entrado en cuarentena y aislamiento social por el avance del Covid-19, en las redes sociales se comparten innumerables testimonios gráficos de cómo se ha obrado una especie de milagro. Aguas cristalinas en los canales de Venecia, delfines que entran en la bahía de Cartagena, jabalíes salvajes que merodean en abandonadas ciudades italianas. La naturaleza retomando sus dominios, dicen algunos.

El Covid-19 y el cambio climático

La medida de aislamiento social, conocido también como cuarentena, es una de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para frenar el contagio del coronavirus. Cumplir con esta sugerencia implica cesar muchas actividades, incluyendo las económicas.

El confinamiento obliga a cerrar fronteras, al cierre de la actividad fabril, a la prohibición de vuelos comerciales, al cierre de comercios, paralización de transporte público, en fin, un toque de queda al ritmo habitual del planeta.

A poco de ser impuesto el alto, los efectos se hicieron presentes, incluso mensurables. Satélites de varios entes dedicados a la investigación anunciaron que los niveles de contaminación atmosférica en China, y específicamente en Wuhan, epicentro inicial de la pandemia, habían disminuido notablemente.

Desde distintos sitios en redes sociales y en la web se mostraron imágenes obtenidas de satélites, donde se puede apreciar de manera clara la disminución de gases como el dióxido de nitrógeno (NO2), un gas muy volátil, asociado de manera directa con la combustión de motores y la actividad industrial.

Contaminación del aire
Causas y consecuencias de la contaminación del aire

Para saber más, haz click sobre la imagen

Científicos de comprobada solvencia profesional como Ryan Stauffer de NASA o Simon Gascoin del Programa Copernicus de Observación de la Tierra de la Unión Europea, ofrecieron datos bastante reveladores de cómo los niveles de gases contaminantes en la atmósfera de China habían descendido de manera ostensible, y atribuyen este descenso al parón motivado por el Covid-19. Aclaran también que, en el año 2008, durante la celebración de los Juegos Olímpicos, se pudo observar un comportamiento similar.

Por su parte, Carbon Brief, el sitio web especializado en estudios sobre el cambio climático, también publicó un informe donde afirma que las medidas para detener la propagación del coronavirus han logrado reducir una cuarta parte de las emisiones de CO2. El mayor emisor de gases contaminantes del mundo es China, seguido de Estados Unidos y la India.

En el mismo informe se proyecta que la demanda del petróleo, según la Agencia Internacional de Energía (AIE) y la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), se reducirá a la mitad, producto de la disminución de la actividad económica. La industria petrolera es una de las que más emisiones de CO2 producen, así como el uso de combustibles fósiles como forma de energía.

Ni tan positivo

Pese a los anuncios y revelaciones que en tono de optimismo se han expresado, importantes voces no comparten esa visión. Varios especialistas han dicho que las reducciones de CO2 en los grandes países emisores no es más que un espejismo, producto de la desaceleración económica y que eso no puede ser motivo para el regocijo.

El cambio climático no se detendrá por el Covid-19
La tarea de salvar el planeta no es una tarea para el pavoroso virus.

Tal como en 2009, luego de la recesión mundial del año anterior, también se observó una disminución de la cantidad de emisiones de gases contaminantes. En 2010 se observó un efecto rebote que elevó la marca de emisiones, producto del uso de combustibles fósiles y la fabricación de cemento, un 5,9%.

Por su parte, la Organización Meteorológica Mundial (OMM), en boca de su portavoz Clare Nullis, ha sido enfática en advertir que el calentamiento global es un fenómeno que persistirá más allá del Covid-19. Agregó que era muy prematuro hacer cálculos y que creía conveniente recordar que el CO2 permanece en la atmósfera alrededor de 100 años y que en los océanos ese tiempo puede ser mayor. No será el coronavirus el que logre frenar el calentamiento global.

Con cautela, pero con mucha firmeza, el Secretario General de la OMM, Petteri Taalas fue contundente al afirmar que, si bien las reducciones locales de la contaminación son positivas, no se puede, para nada, desestimar los desafíos para la sanidad mundial y la pérdida de vidas que entraña la pavorosa pandemia.

Hay que comprometerse a fondo

Diversos estudios revelan que luego de reducciones en las emisiones de gases contaminantes sobreviene un repunte. Esa tendencia es necesario cambiarla, advierten muchos investigadores del cambio climático. Los efectos que comporta el cambio climático sobre la economía y la vida de millones de seres humanos, debería ser un estímulo más que suficiente para unir esfuerzos en favor del clima, tal como está sucediendo en contra del avance desbocado del Covid-19.

el cambio climático es una tarea para la especie humana
La especie humana es la única que puede decidir su destino.

La aparición del coronavirus ha puesto en evidencia muchas cosas. Una de ellas, quizá la más importante, es que cuando hay una causa superior, es posible, es factible unirse en torno a un bien común. Cosas que parecían imposibles, como pararse a un lado de la súper autopista del desarrollo, hoy son una realidad.

Simon Gascoin, el científico citado al principio de este artículo, al final de su hilo de Twitter escribe con contundencia en 140 caracteres:

“Me pregunto si la mejora de la calidad del aire después de la cuarentena en China podría compensar la cantidad de muertes causadas por la enfermedad”.

Simon Gascoin

Tal cuestionamiento merece ser respondido. El planeta se encuentra ante una emergencia climática que compromete la vida de la humanidad entera, tanto o más que con el Covid-19. Hacer cambios en el modelo de desarrollo y de acceso a oportunidades es de urgencia, tal como la decretada e impuesta por la llegada del coronavirus.

Si hoy el planeta está descansando, aunque sea un poco, del virus desarrollista, explotador y extrativista es una buena noticia, a pesar del pánico. Sin embargo, no se puede depositar en un virus maligno la responsabilidad que tiene la especie humana por decidir su destino de avanzar hacia modelos de desarrollo sostenible. Es esta una buena oportunidad.

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