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Kamikatsu es ejemplo para el mundo en reciclaje

En Japón la economía circular adquiere nuevas dimensiones y nuevos significados. A las ya famosas tres R del reciclaje, los japoneses le han agregado una cuarta: la R de Respeto. En Kamikatsu, en la isla más apartada del archipiélago nipón, el reciclaje es una forma de vida, una práctica sistemática y estricta que ha convertido el pequeño pueblo en un paradigma.

Kamikatsu y el reciclaje

En esta población, ubicada entre las montañas de la isla de Shikoku, todos sus habitantes están estrechamente involucrados con las tareas del reciclaje. Gracias a esa actitud, Kamikatsu puede auto erigirse como la población más sostenible del mundo. Y tal distinción no es poca cosa. Japón es, luego de Estados Unidos, el segundo mayor productor de residuos plásticos per cápita.

Al ser uno de los países que más desechos plásticos genera, Japón se ha propuesto que para el año 2030 su producción de este tipo de residuos se reducirá en un 25%. Y van más allá. Entre sus planes está reusar y reutilizar todos sus desechos para el 2035, incluidas partes usadas en electrodomésticos y vehículos.

Los pobladores de Kamikatsu además son pioneros. Están comprometidos de lleno con las labores de reciclaje desde el año 2002. Ese año, los habitantes del pueblo echaron a andar el proyecto Cero Residuos, que buscaba gestionar el tema de la basura sin contenedores ni camiones de recolección de desechos.

Tampoco utilizan incineradores en Kamikatsu. En el año 1998, el que había en el pueblo fue retirado luego de que no cumpliera con las normativas ambientales. Aunque el gobierno nacional les ofreció una nueva planta de incinerado, la población escogió hacer las cosas de manera más respetuosa con el medioambiente.

Kamikatsu y el arte de reciclar

Esta pequeña localidad nipona tiene un poco más de 1.650 habitantes. Cada uno de ellos está involucrado en profundidad con las labores de reciclaje. Tanto, que ya el porcentaje de reciclaje ronda el 95%. En el año 2017, la aspiración de todos en el pueblo era alcanzar el 100% para los años venideros.

Los habitantes de Kamikatsu reciclan todo
En Kamikatsu todos los vecinos aprenden a reciclar mediante cursos.

Claro, esto no se consigue de manera sencilla. Son años los que se han dedicado a sembrar en los habitantes de Kamikatsu la conciencia y el sentido de responsabilidad hacia el medioambiente. A lo largo de los años se han impartido cursos para aprender a separar los residuos de manera correcta porque en este pueblo se manejan 45 tipos de desechos.

Y no es solo cuestión de separar. La separación y la gestión de los desechos se hace de manera metódica y consciente. Primero, los desechos de origen orgánico se usan como ingredientes de compost, que se destinará a los jardines y cultivos. Luego, los recipientes de plástico, botellas de vidrio y envases tipo brick se lavan y se secan. El cartón, por su parte, se desmonta y se pliega.

Todo es llevado a un centro de acopio, y una vez ahí, se separan los residuos en 45 categorías distintas. En el pueblo también funciona un centro de intercambio, donde los residentes llevan los artículos que ya no usan para intercambiarlos con otros vecinos. Teléfonos móviles, cargadores, muebles y ropa, son algunos de los artículos que hacen parte del trueque.  

Hasta obras de arte sacan de la basura. Los artesanos y artistas de la comunidad reutilizan objetos desechados y crean obras de arte que luego son comercializadas. Lo recaudado, se utiliza para comprar alimentos para quien los necesite.

La palabra mágica: Mottainai

En la cultura nipona existe la palabra mottainai. Este vocablo se usa para designar una práctica que tiene una profunda raíz en la sociedad japonesa y no tiene una traducción literal. Su sentido está referido a sentir pena por el uso inapropiado de algo. El término, aplicado al reciclaje, se traduce como una suerte de sentimiento de “vergüenza por desperdiciar” algo.

Mottainai vendría siendo la cuarta R de la fórmula japonesa del reciclaje: Reducir, Reutilizar, Reciclar y Respetar. Aunque se ha venido popularizando su uso, la palabra Mottainai no es un neologismo. Según cuentan los que conocen la historia japonesa, que el término era ya utilizado en el Tokio de la era Edo, que abarca de 1603 a 1868.

En una entrevista para la BBC, el profesor Shigemi Matsumoto explica que si alguien adquiría un kimono, debía darle uso durante al menos 20 años. Al cabo de su vida como prenda de vestir, agrega, el kimono se destinaba a la limpieza. Cuando ya no era útil para asear, se usaba para encender el fuego en la cocina, y una vez se convertía en cenizas aquel kimono, estas se usaban para lavar platos.

Una experiencia replicable

Algunos aseguran que el reciclaje en Kamikatsu funciona porque se lleva a cabo en un sitio pequeño y con pocos habitantes. La verdad es que hay ciudades bastante pobladas en Japón, como Yokohama, donde se han implementado redes de reciclaje muy complejas y que funcionan de manera eficiente.

El reciclaje se enseña a todos los habitantes de Kamikatsu
Los mismos vecinos del poblado se encargan de supervisar que el separado de los residuos se haga de manera correcta.

Yokohama es la segunda ciudad más poblada de Japón. Sin embargo, esta característica no ha sido un impedimento para ser una de las urbes que mejor gestiona el manejo de sus residuos. Sus casi 4 millones de habitantes saben cómo van a separar sus desechos en 15 tipos, que a su vez se dividen en 10 categorías.

Hay que agregar que este coordinado sistema de reciclaje funciona porque hay todo un entramado de vigilancia y control por parte de los mismos vecinos. Estos, hacen las veces de comisarios de la basura, quienes supervisan que todo esté debidamente separado y depositado en las bolsas correspondientes.

Pero que no se confundan las cosas. No es la coerción lo que moviliza a los habitantes de Kamikatsu.

El ejercicio que realizan los habitantes de Kamikatsu con el reciclaje tiene que ver con el amor y el compromiso. Un lazo amoroso que ata al entorno natural, al pequeño poblado y al bienestar de sus habitantes.