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La “invasión” de carpinchos en Argentina tiene que ver con la deforestación

Recientemente, miles de memes en redes sociales tenían de protagonistas a unos roedores de gran tamaño. El origen de la tendencia digital era que los carpinchos en Argentina protagonizaban una auténtica “rebelión” en uno de los barrios más exclusivos y costosos de Buenos Aires.  

Carpinchos en Argentina

Los medios de comunicación referían que cientos de capibaras, o chigüires como también se les conoce, había “invadido” Nordelta, una lujosa urbanización situada a 30 kilómetros del centro de la capital argentina. Añadían que los animales en cuestión campeaban a sus anchas por las calles, se comían la vegetación de los jardines y entraban conflicto con los animales domésticos.

De hecho, la viralización de la supuesta “invasión” de capibaras a Nordelta se inicia con el relato de una perrita herida, presuntamente, por uno de los roedores. Seguidamente, los medios de comunicación fueron el escenario de intensos debates donde se mezclaban ecología, salud pública, el trato hacia los animales y hasta lucha de clases.

No faltaron quienes, en medio de chistes e ironías, veían en los carpinchos una suerte de ejército revolucionario que llegaba a reivindicar a los desposeídos. Bromas aparte, lo cierto es que estas criaturas solo están retomando su hábitat natural. Nordelta se levantó hace 20 años sobre unos terrenos de humedales que eran el hogar de los carpinchos.

Hoy, los roedores regresan a reclamar los territorios que les pertenecen desde hace miles de años. Es necesario, entonces, oponerse a la especie mediática de “la invasión de los carpinchos”, porque es justo lo contrario. Los capibaras son criaturas desplazadas de sus espacios.

Breve historia de un enfrentamiento

Nordelta es un barrio ubicado al norte de Buenos Aires. Está habitado por las familias de mayor poder adquisitivo de la capital bonaerense, así como por artistas y estrellas deportivas. Una propiedad en este sitio puede estar tasada en millones de dólares. Sin embargo, todo ese lujo no ha impedido los carpinchos se reproduzcan con tranquilidad por aquellos predios

Carpinchos y deforestación

Su construcción se llevó a cabo sobre uno de los humedales del río Paraná, el segundo río más importante de Suramérica luego del Amazonas. Esos humedales son el hogar ancestral de los carpinchos y de toda una biodiversidad que depende de los recursos que se encuentran en estos ecosistemas.

A partir del año 2000, el humedal se transformó en un mega proyecto urbanístico que se vendió con la promesa de tener “la tranquilidad de la naturaleza y la comodidad de la ciudad”. En los 16 kilómetros cuadrados donde se asienta el conjunto hay campos de fútbol y golf, centros educativos, centros comerciales, una iglesia católica, una sinagoga y 31 barrios.

Actualmente se tiene proyectada la construcción de un centro de salud. Y es este precisamente el motivo que, según algunos vecinos, ha provocado la proliferación de los grandes roedores.

Afirman algunos habitantes de Nordelta que siempre han convivido con los carpinchos. Sin embargo, los movimientos de tierra en los últimos terrenos intactos que quedaban, han empujado a los animales a buscar nuevos espacios.

Las consecuencias de la deforestación

Según varios ambientalistas, los carpinchos solo están buscando su lugar, el que les fue arrebatado en el avance urbanístico. Ellos siempre estuvieron ahí. Ahora, debido a la expansión de las construcciones de los últimos tiempos, no les ha quedado más remedio que buscar nuevos espacios y fuentes de alimentos.

La violenta deforestación, que ha abierto espacio para las nuevas construcciones, ha supuesto un desequilibrio en el ecosistema de la zona. Esta alteración provocó que se extinguieran las especies que eran los depredadores naturales de los capibaras.

Especies como el yaguareté (jaguar), el puma, el zorro y los gatos salvajes se alimentan de los carpinchos, pero esas especies ya están casi desaparecidas en Argentina. Explican los expertos que estos roedores necesitan un depredador que controle a la población y además les infunda temor.

Adicionalmente, el comportamiento de algunos vecinos ha empeorado la situación. Cuando empezaron las incursiones de los carpinchos, hubo personas que los percibían como un animal gracioso y en lugar de espantarlos, establecieron relaciones no naturales con ellos. Cuando un animal no se siente amenazado solo se dedica a comer y a reproducirse.

Hay fotografías donde se observa a los humanos dándoles besos, compartiendo la piscina o paseándolos como un perro. Estos actos cambiaron la actitud de los roedores y dejaron de temerle a los humanos, lo que les facilitó la reconquista de su hábitat.

Un conflicto sin solución a la vista

Los capibaras (Hydrochoerus hydrochaeris) son animales tranquilos, inofensivos y amistosos con otros animales. En su hábitat natural suelen vivir entre 8 y 10 años, pesan entre 60 y 80 kilos y tienen hasta seis crías por año. Se alimentan exclusivamente de vegetales, son anfibios y se agrupan en colonias.

Capibaras y medioambiente

A pesar de su afable imagen, son animales celosos de su territorio. Cuando se sienten amenazados no dudan en defenderse.

En Nordelta las posiciones están divididas con respecto a los carpinchos. Hay vecinos que claman por una intervención urgente que traslade a los roedores hacia otros lugares. Por otro lado, están los vecinos que abogan por la creación de una reserva de flora y fauna de unas 30 hectáreas a donde puedan ser llevados.

El ministro de Ambiente de Argentina se pronunció en contra de trasladar a los animales fuera de su hábitat. En declaraciones ofrecidas a los medios, el funcionario aseguró que esta no era la única opción. En cambio, se mostró favorable a legislar sobre la protección a los ecosistemas de humedales.

Los expertos en fauna no ven viable una reserva. Un traslado a otro lugar crearía un impacto negativo en el lugar escogido. Son partidarios de establecer medidas a corto plazo que faciliten la convivencia con los carpinchos. Sugieren que se corte el contacto con los animales mediante cercos que les impida el acceso a las viviendas. Creen que de esta manera los carpinchos buscarán otros espacios.

Lo que sí es un hecho es que el caso de los carpinchos en Argentina ha dejado a la vista cómo una especie invasora puede afectar un ecosistema. Los humanos tomaron unos humedales que no les pertenecían y ahora sus auténticos dueños reclaman sus espacios.

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