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Informe de la OIT y Unicef: luego de dos décadas de avances, el trabajo infantil aumenta

El último informe conjunto de Unicef y la Organización Internacional del Trabajo es clamoroso: por primera vez en veinte años, el trabajo infantil aumenta. Uno de cada diez niños y niñas, en concreto, 160 millones en todo el mundo, está perdiendo su infancia trabajando. De esa cifra, 79 millones de menores realizan trabajos considerados peligrosos.

Aumenta el trabajo infantil

En el documento se destaca que entre el año 2000 y el 2016, se había logrado bajar los casos de trabajo infantil en 94 millones. Por tanto, estos resultados evidencian un retroceso significativo en el trabajo que se venía realizando.

El reporte fue dado a conocer el 12 de junio, Día Mundial contra el Trabajo Infantil. La fecha está dedicada a recordar la necesidad de erradicar esta forma de explotación, la más cruel y devastadora quizá porque involucra al futuro. Los organismos participantes lamentaron que, luego de dos décadas, los avances por acabar con el trabajo infantil se han estancado.

Esta situación podría empeorar. La crisis sanitaria mundial, provocada por la Covid-19, ha disminuido las horas y los puestos de trabajo, lo que puede aumentar el número de niños y niñas empujados al trabajo infantil. Los organismos que suscriben el informe piden que las medidas de mitigación, en un contexto como el actual, no se hagan esperar.

Guy Ryder, director General de la OIT, se expresó al respecto con estas potentes palabras: “Las nuevas estimaciones constituyen un llamado de atención. No podemos quedarnos impasibles mientras se pone en riesgo una nueva generación de niños”.

África, el continente más afectado

Si bien las cifras hablan de un aumento en términos globales, hay diferencias entre las distintas regiones del planeta. Es así que África es el continente que acapara el aumento. En el año 2016 la región tenía 72 millones de niños trabajando, dos décadas más tarde son 92 millones. De igual manera los Estados Árabes, que duplicaron sus cifras de trabajo infantil, pasando de 1,2 millones a 2,4 millones.

La explotación infantil avanza
El trabajo infantil es una lacra que le roba los sueños y las esperanzas de futuro a los niños y niñas.

En el informe se destaca que el África subsahariana es la región más afectada. El aumento de la población, las crisis políticas, la pobreza extrema y la ausencia casi total de políticas de protección social, han generado este incremento a lo largo de los últimos 4 años.

Actualmente, en esta región hay un aumento significativo de menores trabajando, más que en cualquier otro lugar del mundo. Casi uno de cada cuatro niños está siendo víctima de esta explotación que parece estar lejos de ser resuelta.

Por el contrario, la región de Asia y el Pacífico exhibe cifras que hablan de disminución, pasando de 62,1 millones a 48,7 millones de niños y niñas trabajando. En América Latina y el Caribe también se observa que lograron bajar los números de este sensible problema que ataca a la parte más vulnerable de la población.

Aunque Europa podría ser considerada una región ajena a esta problemática, los portavoces del informe llaman a no bajar la guardia. La trata y la explotación de niños están muy vinculados a la llegada de menores solos. La ausencia de políticas efectivas frente al fenómeno de la migración, podría hacer que este problema tome cuerpo en algunos países del continente europeo.

Trabajo peligroso

79 millones de niñas y niños se encuentran actualmente realizando trabajos que se pueden calificar de peligrosos. Casi la mitad del total de niños en condición de trabajo infantil lleva a cabo trabajos que ponen en riesgo directo su salud, su seguridad y su desarrollo moral.

Tanto la OIT como la Unicef subrayan que a menudo se tiene la percepción de que el trabajo en el entorno familiar es más seguro, sin embargo, las cifras demuestran lo contrario. Casi dos de cada cuatro niños, entre los 5 y los 11 años de edad, y la mitad de los de 12 a 14 años, realizan trabajos dentro de la unidad familiar que pueden considerarse peligrosos.

Los resultados que se evidencian en el informe ponen en riesgo el alcance de la Meta 8.7 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), referida a la adopción de “medidas inmediatas y eficaces para erradicar el trabajo forzoso, poner fin a las formas contemporáneas de esclavitud y la trata de personas y asegurar la prohibición y eliminación de las peores formas de trabajo infantil”.

¿Qué se debe hacer?

El actual panorama del trabajo infantil es desalentador. Además, la crisis económica, derivada de crisis sanitaria, puede empeorar todavía más esta realidad. Aunque desde el año 2000 se ha logrado sacar de la explotación infantil a 86 millones de niños y niñas, las tendencias que se observan apuntan a que se está muy lejos erradicar el problema para el 2025.

El trabajo infantil y la pobreza
En la medida de lo posible, es necesario regresar a las aulas de clase para salvaguardar a la infancia del trabajo.

Es urgente adoptar medidas sociales y económicas que eviten que los coletazos de la Covid-19 profundicen el retroceso. La pérdida de puestos de trabajo, así como el cierre de centros educativos, puede abrir la puerta a que las familias acudan al trabajo de sus infantes para enfrentar la pobreza.

El trabajo infantil es una realidad susceptible de ser revertida. Las cifras también hablan de avances. Claro, estos progresos son el resultado de políticas públicas bien diseñadas e implementadas.

Para evitar que el trabajo infantil se fortalezca es necesario brindar apoyo a las familias vulnerables. La pobreza es la mayor promotora de la explotación laboral de los niños. Ofrecer prestaciones por hijos a cargo, dignificar el trabajo de los adultos y acelerar en la medida de lo posible el regreso a las aulas de clase, son algunas de las medidas más perentorias.

Las cifras que demuestran cómo aumenta el trabajo infantil en buena parte del planeta deben ser una advertencia. Hemos perdido terreno frente a un problema que le roba los sueños y las esperanzas de los niños y niñas por un presente de dignidad y un futuro más justo y más inclusivo. Queda que los gobiernos y las organizaciones involucradas cumplan con proteger la humanidad del futuro.

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