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Salud

Vivimos más años y la longevidad tiene un impacto en la sociedad

Es un hecho que la mayoría de la población vive más tiempo. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), por primera vez en la historia, la mayor parte de la población mundial tiene una expectativa de vida igual o superior a los 60 años. Este abrupto cambio demográfico obliga a cuestionarse sobre los impactos que la longevidad puede tener en los distintos sistemas de la sociedad.

Impacto de la longevidad en la sociedad

De igual manera, el organismo prevé que para 2050 el número de personas de 60 años o más llegará a 2.000 millones. Esta cifra representa 900 millones más de seres humanos con respecto al año 2015. En la actualidad hay 125 millones de personas en todo el mundo que cuentan con 80 años o más. Para la mitad del siglo ese mismo grupo de edad será de 434 millones.

Toda esta información da para hacerse una serie de cuestionamientos sobre los efectos de vivir más tiempo. ¿Cómo deben adaptarse las sociedades y los sistemas sanitarios? ¿Habrá seguridad alimentaria y atención médica para todos? ¿Es posible sostener el modelo económico actual con una población que vive más tiempo? ¿Hay suficientes recursos naturales para todos?

De igual manera es necesario cuestionarse cómo y en qué condiciones envejece la población. Vivir más tiempo es, sin duda, una buena noticia. Hay más oportunidades para la persona de contribuir consigo misma, con su familia y con la sociedad. Sin embargo, para que la vejez sea una etapa productiva de la vida debe haber salud.

Una vejez saludable es lo ideal, pero no es la realidad

Que una persona viva más tiempo no quiere decir que lo haga con salud. Si bien han disminuido las tasas de discapacidad grave entre la población mayor, las de discapacidad leve se han mantenido a lo largo de los últimos 30 años. Los años adicionales de vida pueden ser disfrutables si hay buena salud y un medio ambiente favorable.

El envejecimiento, desde el punto de vista biológico es un proceso acumulativo de daños celulares y moleculares en el organismo. Sin embargo, no ocurre igual en todas las personas y puede considerarse relativa la vinculación de la edad cronológica con la vejez.

Es decir, hay personas de 80 años que son muy saludables y conservan su autonomía, no obstante, no ocurre lo mismo con otras personas de la misma edad. Esa diversidad que se percibe en la tercera edad no es producto de la casualidad.

La vejez, así como todas las etapas de la vida, está influenciada por el entorno físico y social de la persona. El ambiente en el que se desenvuelve una persona determina las oportunidades de atención médica y de tener buenos hábitos de salud.

La relación con el entorno viene marcada por factores como la familia, el sexo o la etnia donde se nace. Esos factores determinan las desigualdades en materia de acceso a la salud, y lo ideal sería que los gobiernos resuelvan esas discrepancias en el acceso a sistemas sanitarios y de atención de salud.

La industria del antienvejecimiento

Ahora bien, la prolongación de la esperanza de vida es un hecho relativamente democrático. La mayoría de la población vive más tiempo. Sin embargo, en paralelo también se ha creado una especie de idea de que se puede vivir de manera indefinida y que eso se puede transformar en mercancía.

Envejecimiento de la población y sanidad

Algunos científicos y empresarios quieren vender, nunca mejor dicho, la premisa de que la vejez es una “enfermedad” tratable y que es viable prolongar la existencia más allá de las fronteras conocidas. Según algunos cálculos, la industria del antienvejecimiento pasará de tener 200.000 millones de dólares en ingresos a 420.000 millones para 2030.

Para algunos pensadores, esta fobia por la defunción es una manifestación de lo que se conoce como transhumanismo. Esta creencia antropocéntrica considera que la especie humana puede llegar a evolucionar hasta límites impensables actualmente, valiéndose de los avances y mejoras en la ciencia y en la tecnología.

El huir de las enfermedades y de la finitud es la nueva frontera a conquistar por los gigantes de la tecnología y de internet. Empresarios como Jeff Bezos han invertido en empresas dedicadas a estudios antienvejecimiento, aunque los resultados en este campo, hasta ahora, suenan más a publicidad engañosa que a avances concretos.

Si la investigación sobre antienvejecimiento llegara a ofrecer resultados exitosos entonces habría que preguntarse qué consecuencias tendría eso en la sociedad. ¿Es probable que se prolonguen los años dedicados al trabajo, que se atrasen las jubilaciones? ¿Puede el planeta soportar ese aumento de la población y la prolongación de la existencia? ¿Hay recursos para todos?

Envejecer con salud

Los gobiernos de todo el mundo deben ajustar sus sistemas sanitarios para asumir el envejecimiento de su población. Pero, adicionalmente es necesario evaluar cómo las personas llegan a la vejez. Tomando en consideración las proyecciones de la OMS, es necesario superar la desigualdad en el acceso a la atención de salud.

Cómo afecta la longevidad a la sociedad

Las cuantiosas inversiones destinadas a investigación para prolongar la vida serían más útiles en solucionar problemas más concretos. Como, por ejemplo, adaptar las ciudades o el transporte público a una población más envejecida, así como la construcción y adecuación de sitios para viviendas compartidas, centros de educación para adultos o comunidades de jubilados.

El impacto de la longevidad en la sociedad y en los sistemas de salud debe ser cuidadosamente evaluado. Ya es un hecho que habrá más personas mayores dentro de la población. En ese sentido, es necesario ir despojando a la colectividad de la idea de que la tercera edad es una carga y una enfermedad que hay que curar o erradicar. La vejez es una etapa que nos concierne y nos aguarda a todos los seres humanos.

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