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Hopelchén está en lucha y resistencia contra las transnacionales de las semillas

Existe una comunidad maya en el estado mexicano de Campeche que ha hecho de la resistencia y la lucha su forma de vida. También se ha adueñado del concepto de soberanía alimentaria, aunque no lo conozca con ese nombre. Los hombres y mujeres del municipio de Hopelchén están en pie de lucha contra las transnacionales de las semillas como Monsanto.

Hopelchén está en lucha contra Monsanto

Hace unos veinte años, el gobierno mexicano vendió extensas zonas de territorio de la península de Yucatán a organizaciones menonitas, quienes facilitaron la entrada del cultivo de soja transgénica. Desde entonces, la pérdida de la biodiversidad local es constante y no deja de avanzar.

Cuentan los lugareños, que en algún momento llegaron los tucanes a posarse en los techos de las casas y en el cableado de la electricidad. Era la fauna que empezaba a huir ante la devastación de los bosques. Desde hace al menos 20 años, la agroindustria ha llenado de monocultivos transgénicos los territorios que antes eran importantes reservas de biodiversidad.

Hopelchén es un municipio al este del estado de Campeche. Tiene una frontera con Calakmul, la mayor reserva de bosque tropical y uno de los reductos de vegetación más importantes de México. Campeche, junto a Yucatán y Quintana Roo conforman la Península de Yucatán.

Aseguran los habitantes de esos territorios que ahí se concentran todas las agresiones de las grandes transnacionales de la agricultura y sus nocivos negocios que entraron de la mano de la comunidad menonita, cuyos miembros son los principales terratenientes de la región.

¿Quiénes son los menonitas?

Los menonitas son un movimiento religioso de cristianos ortodoxos provenientes de Alemania. En los años veinte del siglo pasado llegaron a México invitados por quien era el presidente en ese entonces, Álvaro Obregón. A su llegada les fueron otorgados terrenos para la agricultura en los norteños estados de Chihuahua, Durango y Tamaulipas.

Luego, las sequías y la inseguridad los obligaron a desplazarse hacia el sur, sobre todo a Campeche. En este estado, el grupo de menonitas alcanza los 30.000 miembros. La comunidad menonita es el lado visible del negocio de la agroindustria.

Este modelo de producción agrícola privilegia la agricultura intensiva y goza de un sólido respaldo por parte de los distintos gobiernos federales de México y los regionales de la Península de Yucatán. Debido a los monocultivos de la agroindustria, los cultivos y las semillas tradicionales corren el peligro de desaparecer.

El incesante avance de los menonitas, que solo en Hopelchén cuentan con 22 comunidades, hacia la selva maya, ha provocado que algunas superficies compactas de terrenos hayan sufrido cambio de uso del suelo, de selva a zonas agrícolas. Según datos del Global Forest Watch, en el año 2016 Campeche fue el estado mexicano que más deforestación reportó. En ese entonces había perdido 54.700 hectáreas de selva.

Una larga guerra

Las acusaciones en contra de la industria de la agricultura, sus prácticas y sus productos tienen un largo y grueso historial. Son décadas dedicadas por las distintas organizaciones locales a documentar, difundir y llevar a instancias judiciales las distintas agresiones de la agroindustria en contra de los territorios mayas.

La agroindustria pone en peligro los cultivos tradicionales
Las transnacionales como Monsanto ponen en riesgo la supervivencia de las formas tradicionales y ancestrales de cultivar alimentos.

En el año 2012, un colectivo denominado Comunidades Maya dio inicio a una batalla legal para revocar los permisos otorgados por las instituciones mexicanas a la transnacional Monsanto. Estos permisos avalaban la siembra de 235.500 hectáreas de soya genéticamente modificada. 

Las distintas organizaciones que agrupan a campesinos e indígenas de Yucatán han venido denunciando que la agroindustria de la soja, con sus semillas y sus agrotóxicos, llegó para acabar con la salud, la tradición, la cultura y la soberanía alimentaria de los pueblos originarios.

El modelo que imponen las transnacionales de la agricultura está acabando con los bosques y selvas. Esta forma de cultivo contamina las aguas, seca las lagunas, cambia las corrientes de agua, destruye las selvas y su biodiversidad. Afirman los campesinos que es muy común observar animales salvajes muertos a las orillas de los campos mecanizados.

Esa batalla se ganó, pero las afectaciones de la agroindustria persisten. Monsanto es solo un capítulo de una larga historia de penetración industrial y cultural. Dicen los habitantes de Hopelchén que la siembra de soja y maíz modificado continúa.

La miel, el principal sustento en Campeche, está en peligro

Los distintos voceros de los campesinos mayas insisten en que es mucho aún el trabajo por hacer. No es un asunto solo de cultivos transgénicos de soja o maíz. Es algo mucho más profundo. La agroindustria ha logrado penetrar en la cultura, en las mentes, en el paladar y en los hogares de los campesinos y en sus formas tradicionales de sustento.

La organización y la lucha son parte de la receta para seguir resistiendo los embates de la gran industria del agro que está acabando con el sustento y la forma de vida de las comunidades locales.

México se sitúa entre los 10 mayores productores de miel del mundo. Campeche y Yucatán figuran como los principales estados productores de este rubro. Los campesinos y campesinas de Hopelchén han venido conformando frentes de lucha en contra de las transnacionales como Monsanto.

Denuncian que las abejas locales se están extinguiendo aceleradamente por el uso intensivo de los pesticidas para las fumigaciones masivas con el agrotóxico glifosato, un químico que acaba con todo a su paso, menos con la soja o el maíz transgénico. Esta situación pone en peligro su principal fuente de sustento: la producción de miel.

Un asunto cultural y de resistencia

Los apicultores mayas saben de resistir. De unión y de defensa de sus territorios y sus formas de sustento. Los productores de miel de la península de Yucatán se encuentran agrupados en un colectivo llamado Alianza Maya por Las Abejas. Su portavoz, Leydy Pech fue galardonada con el Premio Goldman en 2020 por ser la abanderada incansable en la defensa de las abejas melíferas de Yucatán, las meliponas.

Hopelchen preserva la producción de miel
Los indígenas mayas están fuertemente unidos en defensa de su principal medio de sustento: la producción de miel de las abejas meliponas.

Sostiene Pech que defender la apicultura es también una forma de proteger todo el sistema tradicional de vida del pueblo maya. Cuando se preservan los panales de abejas se está salvando también a la milpa, un cultivo ancestral indígena que funciona como freno al avance de la deforestación.

La milpa es un cultivo tradicional de subsistencia que le otorga al campesino verdadera soberanía alimentaria. En la milpa no hay lugar para semillas transgénicas, ni agrotóxicos, ni cultivos mecanizados. Es por todo eso que las comunidades autóctonas están unidas en la defensa de su territorio y de su cultura.

En lengua maya Kaab’ quiere decir abeja y miel, pero también significa Tierra o mundo. Para los mayas su mundo son las abejas y su miel.

Los campesinos de Hopelchén siguen en pie de lucha contra las transnacionales de semillas y todo lo que representan. Están unidos en defensa, no solo de sus cultivos y semillas tradicionales, sino en defensa de los ecosistemas, la biodiversidad y la vida misma porque el enemigo es muy poderoso. Son las transnacionales y también la burocracia mexicana.

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