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Con respeto, compasión y leyes, Holanda se convirtió en el primer país sin perros callejeros

Tener ciudades respetuosas y amables con todas las formas de vida que las habitan, es casi siempre una utopía. Sin embargo, existen metrópolis que con esfuerzo y trabajo lo han logrado y eso es necesario divulgarlo. Desde hace ya un lustro, Holanda pasó a ser la primera ciudad del mundo sin perros callejeros.

Holanda sin perros callejeros

Holanda tiene una sólida trayectoria como país siempre a la vanguardia en temas y políticas de sustentabilidad y respeto por el medioambiente. Lo ha demostrado nuevamente atajando un problema que para otras naciones es una verdadera dificultad de salud pública sin solución. Ha conseguido que sus calles estén libres de perros indigentes sin acudir al sacrificio o a la reclusión en perreras.

Llegar a ser un país donde no hay abandono animal no ha sido un camino corto ni sencillo. Países Bajos tiene más de un siglo trabajando en darles una vida digna a sus animales y a sus ciudadanos. En 1864 se creó en Holanda la primera agencia de protección animal y en 1877 entró en funcionamiento el primer asilo para perros.

Este hito, que alcanzó Holanda en 2016, no solo es merecedor de una celebración sino de un análisis más pormenorizado. Han sido décadas de un trabajo sistemático que involucró a todos los ámbitos de la vida social y política neerlandesa, y que descansa sobre cuatro pilares fundamentales:

  • La toma de conciencia
  • Estricto marco legal y normativo
  • Castraciones masivas, obligatorias y gratuitas
  • Medidas fiscales impositivas a la compra de animales de raza

Una larga historia

A principios del siglo XIX, casi todos los hogares holandeses compartían techo con uno o varios perros. De hecho, los canes eran el símbolo de la clase social de sus dueños. Las clases altas tenían animales con pedigrí y en los hogares de las clases menos favorecidas los perros mestizos eran los más comunes.

Aunque ya en ese entonces había leyes que normaban la tenencia de animales, estas no favorecían su bienestar. Por ejemplo, era legal que a los perros se les abandonara luego de que cumplieran con su etapa de “vida útil”, puesto que muchos eran empleados como animales de trabajo. Esto ocasionó que el número de perros callejeros se incrementara.

La proliferación de animales en las calles provocó otro problema de orden sanitario. Al encontrarse abandonados, estaban expuestos a enfermedades mortales como la rabia. Esta situación condujo a la aparición de grupos de exterminadores que se encargaban de “sacrificar” a cientos de perros abandonados, por temor a una posible pandemia.      

El cambio de actitud de los holandeses hacia sus animales de compañía ha sido posible, en parte, gracias a la adopción de leyes en contra del maltrato animal. De igual manera, se ha promovido y fortalecido el marco institucional que regula la tenencia de animales domésticos. Por supuesto, también la sociedad neerlandesa ha estado abierta a la colaboración.

Una solución desde la compasión

Algo que es necesario exaltar de la experiencia holandesa, es que lo que se ha logrado en protección animal se ha hecho desde el respeto y la compasión hacia los animales. No han recurrido ni al confinamiento en perreras ni al sacrificio sistemático.

Con leyes Holanda acabó con los perros callejeros
Sembrar conciencia entre la población promueve las adopciones antes que las compras de mascotas.

Las autoridades holandesas apelaron, en primer lugar, a la conciencia de la ciudadanía sobre la importancia de proteger a los perros sin hogar. De esa manera, lograron que en casi todos los hogares se adoptara a un perro sin techo. De igual forma, lograron que en la sociedad se instalara la idea de que los animales son sujetos de derecho, tal como lo somos los seres humanos.

Aunque siempre se apela a las buenas intenciones de las personas, en Holanda las leyes en contra del maltrato animal son muy severas. Las multas a quienes hagan daño a las mascotas se calculan en miles de euros. También se encuentran contempladas en las leyes, condenas no excarcelables de hasta 3 años. Abandonar un animalito en Holanda puede salir muy caro.

Otra medida que ha dado buenos resultados es aumentar las cargas impositivas por la compra de animales de raza. Todavía prevalece en parte de la población la idea de que los perros de raza son “mejores”, así que para desalentar el negocio de compra y venta de mascotas se establecieron impuestos bastante altos.

Esterilizaciones masivas e instituciones sólidas

Otra de las aristas del éxito holandés en el control de animales sin hogar es la política de castraciones masivas, gratuitas y obligatorias. Esta medida surgió como fórmula de control del crecimiento de la población de perros que llenaban las calles de Holanda.

Fomentar la adopción para acabar con los perros indigentes
La forma en la que trata a sus animales habla mucho de una sociedad.

El ejecutivo neerlandés asumió los gastos de las esterilizaciones masivas que se llevaron a cabo en distintos niveles, desde los refugios hasta los hogares. Desde los años 90 del siglo pasado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la World Animal Protection (WSPA) han recomendado las esterilizaciones como herramienta principal en el control de la sobrepoblación canina en las calles.

En Holanda, la organización política y el activismo en favor de los animales están muy bien organizados y combativos.  Han jugado un papel crucial en la estricta vigilancia para que los derechos de los animales se cumplan, la Agencia de Protección Ambiental Holandesa, la Agencia Holandesa de Protección Canina y el Partido para los Animales.

Luchar contra prácticas como el abandono de animales o la compra de animales de “raza pura”, es parte esencial para dotar a todos los animales de compañía de derechos, respeto y protección de su vida.

Si bien es necesario seguir avanzando y alcanzando logros en la materia, el hecho de que Holanda sea, desde hace cinco años, el primer país sin perros callejeros, es un logro muy importante. La protección de los derechos de los animales de compañía es una parte esencial de una sociedad que valore la vida en todas sus formas.

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