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Grecia propone darles nombre a las olas de calor como se hace con las tormentas

Los pronósticos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) se están cumpliendo rigurosamente. Desde el mes de junio, Grecia ha sufrido dos olas de calor extremo. Esto ha impulsado a los especialistas griegos a plantear la conveniencia de darles nombres y clasificación a las olas de calor, tal como se hace con las tormentas y los huracanes.

Grecia propone nombres para olas de calor

Porque una de las características del intenso calor es que se siente, pero no se ve y tampoco se señala de manera adecuada. Hasta que se desatan devastadores incendios forestales. De hecho, algunos expertos califican a estos fuegos como “asesinos silenciosos”.  Esta falta de visibilidad impide a las autoridades y a la población actuar a tiempo y evitar mayores pérdidas.

Los brotes de calor en Grecia han sido muy prolongados y extraordinariamente intensos. Tanto, que Atenas, la capital, ha sido escenario de incendios en las cercanías de la ciudad caracterizados por devastadoras llamaradas. Para los científicos helenos es más que evidente que las autoridades han subestimado el poder que tiene el calor.  

Para el doctor Kostas Lagouvardos, director de investigación del Observatorio Nacional de Atenas, en declaraciones al diario The Guardian, este verano es tan solo una vista previa de lo que depara el futuro. Cree el especialista que dentro de 20 o 30 años, las olas de calor no serán un evento extraordinario sino la norma. La estación de más calor del año será más larga y de temperaturas muy elevadas.

Lo que no se nombra no existe

Hay una estrecha vinculación entre el lenguaje, las palabras y el pensamiento. La conocida frase de George Steiner, “Lo que no se nombra, no existe” bien podría explicar el planteamiento de los científicos griegos. Al contrario de lo que ocurre con otros fenómenos climáticos extremos, como las lluvias, huracanes o las inundaciones, el calor no se ve.

Si un fenómeno meteorológico es llamado por un nombre propio, será más fácil comunicarlo y la ciudadanía estará más consciente e de los peligros a los que pudiera enfrentarse. Tal como ocurre en la actualidad con las tormentas y huracanes. Facilitar la comunicación es la razón principal por la que se denominan a los fenómenos meteorológicos.

Las olas de calor causan muertes y daños a las propiedades aunque no se vean y no hagan ruido. Darles nombre a las ráfagas de calor colocaría a estos fenómenos en el foco de la atención pública.

El Mediterráneo, el punto más caliente del verano

Los pavorosos incendios que vivió Grecia hace tres semanas han sido calificados como la peor catástrofe ecológica en décadas. Las rachas de calor más intensas y prolongadas de los últimos 30 años dieron paso a cientos de fuegos que se extendieron por varias regiones del país.

Olas de calor extremo azotan Grecia
Las temperaturas extremas harán que los incendios devastadores se multipliquen.

Esta multiplicación de siniestros sobrepasó la capacidad de respuesta de las autoridades, por lo que se vieron en la necesidad de solicitar auxilio al exterior. Desde varios países de Europa y Oriente Medio fueron enviados personal de bomberos, aviones, helicópteros y vehículos especializados para hacerle frente a las llamas.

Aunque afortunadamente no se registraron víctimas, las pérdidas de propiedades y bosques fueron significativas. Las autoridades griegas afirmaron que los bomberos debieron combatir más de 100 fuegos activos diariamente.

Atenas, la capital griega, es la ciudad más caliente de Europa continental y ha sido señalada en distintos estudios como una de las más vulnerables a padecer las cruentas consecuencias de un planeta afectado por el cambio climático.

Durante este verano, Grecia no ha sido el único escenario de calor extremo e igniciones forestales. En Sicilia, el 11 de agosto, el mercurio de los termómetros se elevó hasta los 48,8 °C en Siracusa. Fue la temperatura más alta registrada en toda Europa ese día y propició que las combustiones se multiplicaran por todo el Mediterráneo.

La crisis climática es, básicamente, un asunto político

Cerca de 600 incendios activos en todo el país convirtieron a Grecia en un “polvorín”, tal como lo calificó el primer ministro griego Kyriakos Mitsotakis. En un despliegue de honestidad, pocas veces vista en políticos de primera línea, el funcionario tuvo que ofrecer disculpas a la población.

Esto a propósito de la polvareda de críticas y cuestionamientos que se levantara por la manera en que se había gestionado los cerca de seiscientos incendios que se registraron en una semana.

En declaraciones a los medios de comunicación, aseguró el político que “esta es la crisis climática que está ocurriendo aquí y ahora”. “Debemos cambiar drásticamente la forma en que producimos electricidad, construimos nuestros edificios, cultivamos nuestros alimentos y nos desplazamos”, admitía en su comparecencia.

En Grecia se toman en serio el calor

La capital de Grecia es una de las pocas metrópolis en el mundo que tiene un funcionario dedicado a gestionar el calor. No conformes con esa medida, desde hace cuatro años, a medida que el clima se ha vuelto más desafiante, los especialistas del clima empezaron a bautizar a las tormentas de invierno.

Olas de calor en Grecia provocan incendios
En Grecia los voraces incendios obligaron a solicitar ayudas al exterior.

Sin embargo, los expertos consideran que clasificar las olas de calor sería una tarea más complicada. Para hacer una categorización de una ola de calor es necesario medir la distribución de la temperatura y la densidad de población. A pesar de eso, y de manera general, las rachas de temperaturas extremas son más fáciles de predecir en intensidad y duración que las tormentas.

Consideran los climatólogos helenos que, si los termómetros marcan más de 40 grados durante más de una semana, las olas de calor deberían llevar un nombre. Sugieren que se a la misma serie de nombres usados para las tormentas pudiera emplearse para designar las can .

La iniciativa que Grecia propone para darles nombrar a las olas de calor representaría un paso adelante en la gestión de las altas temperaturas. Saber su nombre y su categoría serviría para comprender el peligro que representan. Al mismo tiempo, permitiría a las autoridades hacer un mejor manejo de la situación.

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