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Desarrollo sostenible Ecología

Fallece Pierre Rabhi y la agroecología pierde a su mejor apóstol

Terminando el año 2021, la agroecología pierde a su más connotado promotor. Pierre Rabhi fallece en Francia a los 83 años. El ecologista, pensador y escritor francés de origen argelino ha sido llamado muchas veces el filósofo de la tierra, pues fue pionero y promotor del respeto que debe observar el ser humano hacia la naturaleza y sus ritmos.

Fallece Pierre Rabhi

Aunque para muchos era una especie de gurú de la agroecología, Rabhi fue un hombre sencillo que predicó con su ejemplo. En 1961, cuando pocos veían con claridad el problema medioambiental, se trasladó a vivir junto a su esposa a una granja en Ardèche al sur de Francia. Desde ahí asumió su rol de campesino comprometido con la tierra.

Desde su granja, promovió las bondades de la agroecología. Una práctica que empodera al campesino pobre, porque lo libera de los agroquímicos y los pesticidas, y regenera los hábitats y su biodiversidad. Como pensador y escritor, nunca se cansó de hablar sobre la conveniencia del decrecimiento y adoptar una vida sobria, apartada del carácter alienante de la sociedad actual.

Las personas que lo conocieron personalmente hablan de Pierre Rabhi como un militante de la perseverancia y la coherencia. Lo describen como un campesino humilde que demostró, siempre desde su propia práctica, que es posible vivir de la tierra sin explotarla, sin devastarla, preservándola para los seres humanos del futuro.

Hijo del desierto

Pierre Rabhi nació bajo el nombre de Rabah en 1938, en un territorio próximo al Sáhara argelino. Su padre confió su educación a una familia de colonos franceses y desde entonces pasó a llamarse Pierre. En 1958 emigra a Francia, específicamente a París, y empieza a trabajar en una empresa como obrero técnico.

Quién fue Pierre Rabhi

Desde muy joven conoció las dos fuerzas que pugnan sobre el planeta. Haber nacido en el desierto lo compenetró con el ritmo natural del silencio, el agua y el viento. Cuando emigró a Europa, conoció la alienación de la vida en los núcleos urbanos, donde domina el consumismo y el dinero. Ese bagaje le permitió conocer pronto que quería regresar a lo esencial que se encuentra en la naturaleza.   

En su lugar de trabajo conoce a Michele, su futura esposa, con quien comparte inquietudes sobre la naturaleza. Ambos se proponen abandonar la ciudad para irse a vivir al campo y dedicarse a la agricultura. Con el auspicio del ecologista Pierre Richard, quien llevaba las riendas de la ejecución del Parque Nacional de Cévennes, Pierre y Michele se instalan en Ardèche en 1961 para conducir una granja.

La perseverancia fue su distintivo

El proyecto de vida de Pierre Rabhi y su esposa Michele podría considerarse parte del germen del movimiento neorrural. Esta corriente de pensamiento, muy popular a finales de la década de los 60, promovía que las personas de las ciudades se trasladaran al campo con el fin de adoptar una manera de vivir más natural y apegada a la tierra.

En no pocas oportunidades habló sobre las dificultades. Salirse del sistema que te impone un modelo conlleva “desengaños, rupturas y sufrimientos”, confesaba. Desarrollar una agricultura que siguiera una dinámica natural, junto a la cría de cabras, era —y sigue siéndolo—, un trabajo de altibajos, de experimentos y de ensayos que no siempre resultan. Su granja no fue autosuficiente sino luego de 15 años de esfuerzos.

Rabhi fue un hombre que trabajó casi toda su vida para compartir sus conocimientos con los demás. Como apóstol de la agroecología, a partir de la década de los 80 realizó varios viajes al África subsahariana para implementar las técnicas agrícolas para luchar contra el hambre y la desertificación. De igual manera se condujo en su granja del árido sur francés.

Un hombre universal

Con su práctica y su discurso trascendió sus límites geográficos y humanos para demostrar que una agricultura respetuosa es posible. Viajó a muchos países y habló a agricultores, niños y familias de varias nacionalidades y culturas sobre agroecología, pero también del agotamiento de los recursos naturales y de la necesidad de apegarse a la tierra.

Es famosa su predilección por una leyenda de origen amerindio sobre la labor de los colibríes. No dejaba escapar la oportunidad de hablar de ella y dio pie para formar, junto a Cyril Dion, un grupo de ciudadanos llamado justamente Les Colibris. Este colectivo promueve pequeñas acciones locales como huertos compartidos, circuitos cortos de abastecimiento y granjas educativas.

La fabula que contaba siempre Rabhi dice:

Un día en la selva hubo un gran incendio. Todos los animales contemplaban el desastre, aterrorizados y angustiados. Sólo el pequeño colibrí se afanaba en recoger con su pico gotas de agua para arrojarlas al fuego. Después de un momento, el armadillo, molesto por esta agitación que le parecía inútil, dijo: “¡Colibrí! ¿No estás loco? ¡No es con estas gotas de agua que apagarás el fuego!” El colibrí le respondió: “Lo sé, pero yo estoy poniendo mi granito de arena”.

Con esta sencilla historia Rabhi difundía una de las fórmulas que más le gustaba repetir: cada uno debe hacer su parte.

El poder de cambiar al mundo lo tenemos todos

El aforismo del colibrí le servía a Pierre Rabhi para enamorar con sus ideas. Su sabiduría es reconocida y compartida por toda la humanidad. Gracias a su pensamiento y a su labor, y a la de tantos otros seres humanos, en la actualidad hasta la ONU reconoce que la agroecología es la llave para solucionar el problema agroalimentario del planeta.

El legado de Pierre Rabhi

Su inquietud por el cuidado de la naturaleza lo llevó a ser candidato presidencial en 2002. Creía que de esa manera podría introducir en el debate público el tema de la emergencia ecológica. Su figura y sus acciones lo han convertido en inspiración para varias generaciones de activistas medioambientales.

Fallece Pierre Rabhi y la agroecología y el medio ambiente se quedan sin uno de sus más importantes referentes. Él estaba convencido de que el poder de cambiar el mundo estaba en las manos de cada uno, desde el destino de nuestros votos hasta el modelo de consumo. Quedan sus ideas. Ojalá algún día sean también las de todos los que habitamos el planeta.

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