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El esplendor de la madera balsa en Ecuador, extracción que lleva al límite a los ecosistemas

China está dispuesta a cumplir con los objetivos medioambientales que se ha trazado y dedica buena parte de sus esfuerzos y recursos en ese sentido. El gigante asiático, un coloso en emisiones también, redobla el paso hacia las energías renovables y para ello recurre a la industria de la extracción de madera balsa en Ecuador, aunque eso signifique un descalabro en los ecosistemas del Amazonas ecuatoriano.

Extracción de madera balsa de Ecuador

La madera balsa se utiliza para fabricar las aspas de las turbinas de los aerogeneradores, necesarias en la producción de energía del viento. El gobierno chino, muy comprometido en alcanzar sus metas en la lucha contra el cambio climático, desde 2019 ha venido ofreciendo jugosos incentivos a la industria de la energía eólica.

Y no solo China. Ecuador le vende madera balsa a Estados Unidos y a Europa, países ricos que lo apuestan todo por las energías renovables. Eso sí,no se detienen a preguntarse cómo impactan esas formas de energía en los ecosistemas de los países pobres pero ricos en materias primas.      

Con este estímulo a la energía renovable de parte del gigante asiático, la demanda de madera balsa escaló hasta niveles nunca vistos, así como los precios del material. Esta madera es ideal para fabricar las aspas de las turbinas porque es más económica que el metal y más resistente que el plástico. Además, la madera balsa tiene la propiedad de adaptarse y recuperar su estado inicial en días de fuertes vientos.

Ahora bien, Ecuador es el primer exportador mundial de madera balsa. Toda esta expansión de la energía eólica en China ha incentivado que el país suramericano experimente un auge en las exportaciones de madera balsa. El apogeo en las exportaciones le ha reportado a Ecuador y a su industria forestal la friolera de 856 millones de dólares en el año 2020.

Mucha riqueza, pero ¿a qué costo?

El florecimiento de la demanda china de madera ha conseguido que Ecuador obtenga importantes ingresos económicos. Pero, también han prosperado no pocos problemas, medioambientales, sociales, económicos y legales. De igual manera, la pandemia inyectó un componente especulativo a los precios que ya estaban altos por efecto de la demanda.

Demanda de madera balsa para energía eólica
La madera balsa es mejor que el plástico para fabricar las aspas de las turbinas de los aerogeneradores.

Si bien la solicitud de la madera ha fortalecido a las empresas formales que se dedican a la explotación de la balsa, también se ha creado un mercado ilegal paralelo que es manejado por oscuros actores. Este mercado negro de madera balsa hace talas ilegales en el territorio amazónico que pertenece a Ecuador.

En BBC Mundo, se reseña que, mientras a las arcas públicas y privadas ingresaban jugosas sumas de dinero, las talas indiscriminadas cobraban un ritmo delirante. Esta actividad provocó que se pusiera en riesgo el hábitat de animales protegidos, aumentara la extracción ilegal, se destruyeran beneficios laborales de los trabajadores y fragmentó la unidad de las comunidades indígenas.

Según lo recoge el portal Primicia de Ecuador, la tala indiscriminada de madera balsa se intensificó en el territorio Achuar. El Achuar es una porción de selva tropical, con una extensión de 785.000 hectáreas y de gran riqueza natural, que se encuentra en las provincias de la Amazonía ecuatoriana de Pastaza y Morona Santiago.

Hasta ahora, la balsa no es una especie protegida, por lo que su explotación es legal siempre que esté regulada por los organismos oficiales. Sin embargo, las organizaciones ambientalistas se encuentran preocupadas porque los bosques nativos y las maderas de otras especies, que sí están en peligro y tienen un elevado valor comercial, pueden caer víctimas de las mafias de la balsa.

La extracción de balsa se ha extendido a la Amazonía

Si bien la mayoría de las empresas legales que comercian la balsa se encuentran en la costa ecuatoriana del Amazonas, la tala se ha extendido hacia el Amazonas adentro, hacia Perú específicamente. Este avance obedece a la necesidad de talar más bosque nativo para extraer y sembrar la balsa.

Voceros del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) en Ecuador aseguran que la deforestación en la provincia de Pastaza es flagrante porque es la jurisdicción que tiene más bosques. Las organizaciones insisten en que el problema más grave no es la extracción de la balsa, porque es un cultivo muy próspero. La balsa es una especie primaria de rápido crecimiento.

Lo que de verdad inquieta es que no existe ningún tipo de control estatal y se está arrasando con bosques nativos y con especies arbóreas que sí están en riesgo de extinción. Además, varias regiones donde abunda la balsa son el hábitat de fauna protegida, como el jaguar, las tortugas y diversas especies de aves y mamíferos.

Un problema medioambiental y social

El esplendor de la madera balsa en Ecuador ha significado también la división y el enfrentamiento entre los miembros de las distintas comunidades indígenas de la región. La polarización entre quienes se oponen al extractivismo y quienes trabajan en la extracción de la balsa. Para una parte importante de las comunidades indígenas la balsa es su única fuente de sustento.

La explotación de madera balsa amenaza el Amazonas
Encender la energía renovable en China amenaza a Ecuador y sus selvas.

Manari Ushigua es líder de la comunidad sapara y es de los que se oponen a la explotación de la balsa en sus territorios. Sin embargo, sus vecinos, que viven río arriba, sí entraron de llano a la actividad. Ushigua dice estar temeroso que la contaminación llegue a sus territorios a través del río. Para la comunidad sapara la balsa es una planta sagrada, el hogar de muchas especies de aves y el vehículo para transitar por el río.

Otro problema que ha llegado a las selvas ecuatorianas, de la mano de la explotación de la balsa, es la precarización de los trabajadores. Algunos están formalizados por las empresas que se dedican a la explotación de manera legal. Pero, en el caso de los indígenas no ocurre así. Se les paga la madera, pero lo que reciben no le hace justicia al esfuerzo que invierten.

La mayor parte del dinero se lo llevan los intermediarios, que son los que transportan la balsa a Guayaquil. En plena pandemia, la llegada de los intermediarios a la selva fue un factor que desencadenó la propagación del virus de Covid-19 entre las comunidades indígenas.

En lo que sí coinciden todos los actores involucrados es que la extracción de madera balsa en Ecuador debe hacerse de manera sostenible y con presencia activa del Estado ecuatoriano. Esta actividad, si está regulada, podría ser una oportunidad para obtener una importante renta sin afectar de manera grave al medioambiente.

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