CARGANDO

Tipo de búsqueda

Medio ambiente

Es largo el prontuario de delitos ambientales de los menonitas

Que la feligresía de determinada iglesia sea muy apegada a sus preceptos, a la vida frugal y austera, al trabajo agrícola y manual, podría ser considerado un comportamiento virtuoso. Sin embargo, el problema con los menonitas es que es una secta religiosa que en Latinoamérica está muy vinculada con varios y sonados delitos ambientales.

Menonitas y delitos ambientales

Los menonitas son un grupo religioso de la rama del cristianismo anabaptista fundada en el siglo XVI, luego de la Reforma. Se caracterizan por ser personas de costumbres humildes, alejados de la vida moderna y muy apegados a los dictados de la Biblia. Aunque no hacen alarde de riquezas y de lujos, sus prácticas agrícolas sí que están muy influenciadas por la tecnología.

A donde llegan, casi siempre a zonas muy ricas en vegetación, inician procesos de deforestación para darle paso a cultivos altamente tecnificados. Transforman un paisaje de bosques primarios en extensos monocultivos, muy parecidos a los de sus ancestros en Europa. Eliminan árboles para aprovechar la madera y cultivar.

La deforestación es el delito que con más frecuencia se les imputa a los grupos de menonitas. Este proceso, junto con la pérdida de biodiversidad y la contaminación de los cursos de agua, son parte de un problema medioambiental, político y social en Latinoamérica que repercute en todo el planeta.

A principios del siglo XX, cuando se instalaron los primeros grupos de menonitas, la deforestación no era un problema muy conocido, era algo que solo lo manejaban los expertos. Sin embargo, tal práctica en la actualidad está considerada como un delito muy grave.

En Paraguay, Bolivia, Perú, y ahora en Colombia, cursan varias causas que denuncian las actividades en contra del medio ambiente por parte de este grupo de personas.

¿Quiénes son los menonitas?

Los menonitas son una congregación anabaptista de origen germánico, de ahí la lengua que comúnmente usan, llamada plautdietsch o “alemán bajo”.  Este grupo surge del proceso de Reforma que se dio en el seno de del cristianismo durante el siglo XVI.

Menonitas y monocultivos
Los cultivos de los menonitas son altamente tecnificados y arrasan con bosques primarios.

En 1563, se une al movimiento rupturista el sacerdote Menno Simons, quien, a pesar de ser muy perseguido, logró divulgar los preceptos de la nueva iglesia. Este prelado es además quien le da el nombre a la congregación, conocida hasta ese momento como anabaptistas simplemente.    

Los primeros grupos de menonitas que se asentaron en varios países de América Latina llegaron a mediados del siglo XIX, siendo Argentina su primer país de acogida. Luego, a principios del siglo XX, producto de la revolución bolchevique en Rusia y de la Segunda Guerra Mundial, inician una oleada de migración hacia Canadá, México y Estados Unidos.

Al finalizar la guerra, en 1945, se produjo una segunda ola migratoria. Esta vez, los menonitas escogieron a Uruguay, Brasil y Paraguay para asentarse. Paraguay y México incluso promovieron y financiaron su llegada al país, puesto que les eran necesarios para conquistar tierras casi vírgenes y mantener a raya las supuestas pretensiones de países vecinos de apoderarse de esos territorios.

Estos inhóspitos espacios naturales, cuajados de bosques, les fueron otorgados en propiedad a los menonitas por los gobiernos de los países que los acogieron.

Algunos investigadores aseguran que tal “generosidad” obedecía a varias razones, algunas justificadas, otras muy cuestionables. Por ejemplo, ciertas tierras fueron concedidas porque era necesario ocupar territorios subutilizados o para promover la agricultura, sin embargo, algunas veces la razón fue que era necesario “mejorar la raza”.

Denuncias en toda Latinoamérica

Desde México hasta Bolivia, los menonitas están señalados de ser los autores de varios delitos en contra del medio ambiente. Aunque la imagen que proyectan es de una estricta frugalidad, donde los miembros de la congregación no tienen acceso a tecnologías, como la televisión o teléfonos móviles, sus prácticas agrícolas sí que están altamente tecnificadas. Cuentan con tractores especializados y ordeñadores mecanizados.  

Allá donde se asientan, los menonitas inician procesos de deforestación, muchas veces sin autorización, para darle paso a monocultivos de soja o maíz. El impacto que sus actividades tienen en los ecosistemas es brutal, porque no solo se acaba con la biodiversidad y se contaminan las aguas. Lo más grave es que pareciera que lo hacen sin que intervengan las autoridades.

En México, los campesinos indígenas de Hopelchen, Península de Yucatán, han llevado a cabo grandes luchas de resistencia frente a los menonitas. En ese país, este grupo religioso está muy ligado a los grandes monocultivos de soja transgénica y a los agrotóxicos. Esta lucha del pueblo maya se hace sin apoyo de los gobiernos locales quienes respaldan los monocultivos y a trasnacionales como Monsanto.     

Por su parte, en Paraguay los menonitas son responsables de haber motorizado la industria ganadera y de convertir a ese país en el sexto productor mundial de carne de vacuno. Para lograr tal hito tuvieron que, necesariamente, haber deforestado cientos de miles de hectáreas de bosque para cubrirlas de pastizales.

En Perú, a principios de 2021, el gobierno multó con 4 millones de dólares a una organización menonita por haber cambiado el uso de la tierra sin autorización. Las organizaciones ambientalistas peruanas denuncian que tal multa solo se corresponde a una falta administrativa, cuando los menonitas deberían estar imputados por delitos de ecocidio.

Colombia, la “conquista” más reciente

En las llanuras del Meta, en Colombia, se viene observando desde hace seis años como los grupos menonitas van tomando terreno. Varios son los caminos que han construido y varios los kilómetros de alumbrado que han instalado en 29.000 hectáreas de territorio de Puerto Gaitán.

Menonitas y deforestación en Latinoamérica
Colombia es la última frontera de las “conquistas” de los menonitas.

Estas acciones han levantado las voces de protesta de la comunidad indígena sikuani, quienes denuncian que esos territorios son ancestrales y las actividades de los menonitas están provocando daños irreparables en sus ecosistemas. Los voceros de la etnia aseguran que esa región, conexión entre los ecosistemas amazónicos y andinos, está reclamada por ellos desde 2017.

La llegada de los menonitas a Colombia empezó en 2016 procedentes de México. Aseguran los pocos voceros de la congregación que se atreven a hablar, que salieron de México porque ya los territorios por conquistar se habían acabado.

Según lo reseña el diario Periódico del Meta, el grupo menonita se apoderó ilegalmente de esos territorios y ha llevado a cabo acciones de deforestación y construcciones que afectan los recursos hídricos de la zona.

Aunque las etnias locales se rigen por sus propias leyes, han interpuesto varias denuncias en las instancias gubernamentales pertinentes, esperando que las leyes amparen las riquezas naturales del territorio.

Dicen las personas que han tenido acceso al área que la situación es alarmante porque, hasta ahora, se ha arrasado con árboles, moriches y lagunas.

Al parecer, el prontuario de delitos ambientales de los menonitas, está lejos de cerrarse. Su apetencia de territorio para monocultivos no se sacia y sigue avanzando. Sobre todo hacia regiones donde la protección de las autoridades y las organizaciones es bastante laxa.

Etiquetas: