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En Madrid los ciudadanos denuncian que el exterminio de cotorras se está haciendo con disparos

A tiros. Así se está llevando a cabo el exterminio de cotorras en Madrid, tal como lo ha ordenado el Ayuntamiento de la ciudad. Tras la difusión de imágenes de operarios disparando a los pericos de un parque madrileño, la ciudadanía se ha mostrado indignada y desde las redes sociales ha pedido que la medida sea retirada.   

Exterminio de cotorras en Madrid

Este episodio es uno más en la historia iniciada en 2019 por la actual administración de la ciudad de Madrid. En ese entonces, el actual alcalde, José Luis Martínez-Almeida, anunció la puesta en marcha de un plan para erradicar el 90% de las cotorras argentinas y de Kramer. El objetivo es que para 2023 solo exista el 10% de estas exóticas aves, consideradas especies invasoras.

Según el plan trazado, la erradicación sería llevada a cabo mediante la captura de las aves con jaulas y redes, así como la esterilización de los huevos. Igualmente, las autoridades tienen previsto que se haga control de la población que quede para evitar un aumento descontrolado.

Este método para erradicar especies exóticas no ha estado excepto de polémicas desde su anuncio. A pesar de que la formación política PACMA recogió miles de firmas, el gobierno de la ciudad de Madrid decidió continuar, haciendo caso omiso a las quejas de la ciudadanía.

Una especie invasora

Las cotorras argentinas y las de Kramer son consideradas una especie invasora. Estas dos especies de aves tropicales están muy presentes en el paisaje de Madrid. Se cree que es el territorio que más concentra cotorras en toda España. No llegan a ser agresivas, pero compiten con las especies autóctonas, como los gorriones, por los recursos para su subsistencia.

Cuántas cotorras argentinas hay en Madrid

Para las autoridades locales, estas aves son vectores de enfermedades y sus nidos, que pueden alcanzar un peso de 200 kilogramos, provocan peligrosas caídas de las ramas de los árboles. En ese sentido, el ejecutivo municipal contrató a las empresas Matinsa y Dypsa por casi 3 millones de euros para reducir la población de estos pájaros.

El plan inició de manera formal en mayo de 2021 y se tiene previsto que finalice en 2023. Las autoridades calculan que en la ciudad de Madrid viven unos 12.000 ejemplares. Por su parte, la Sociedad Española de Ornitología (SEO) Birdlife, asegura que, según el último censo hecho en 2019, existen unas 13.000 cotorras. Esta cifra deja ver un incremento importante.

En 2015 se contaban un máximo de 7.000 ejemplares del ave, por tanto, el incremento con respecto a ese año ha sido de 85%. Si se toma de referencia el año 2005, cuando el número de cotorras se ubicaba en 1.700, el aumento en el número de ejemplares ha sido de más de 600%.

A juicio de algunas organizaciones animalistas, las autoridades municipales han propagado toda una campaña basada en bulos y en medias verdades para justificar la matanza de las cotorras. Dicen que son sucias y un peligro por sus nidos, pero ni así se justificaría el exterminio.

La polémica siempre ha estado presente

Desde el anuncio del plan de eliminación de las aves la controversia ha estado servida. La organización partidista PACMA se ha mostrado contraria a la medida y acusa al ayuntamiento de utilizar métodos crueles e injustificados. Para las autoridades medioambientales del Consistorio madrileño la reintroducción de la especie en el medio natural no era posible y solo quedaba la opción del sacrificio.

Los métodos empleados para llevarlo a cabo correrían por cuenta de la empresa contratada. No obstante, el Ayuntamiento de la capital española insistía en que el plan se efectuaría de manera ética y respetuosa con los animales. Al menos esas eran las intenciones.     

Ante la difusión del vídeo, donde se observa a dos trabajadores de la Alcaldía disparando carabinas de aire comprimido en contra de las aves, el Ayuntamiento no se inmuta. Asegura que “se trata de una actuación prevista para situaciones excepcionales” y que se ciñe al plan acordado y autorizado para reducir a las especies invasoras.

Para diversas organizaciones, el problema de las cotorras en Madrid exige una solución adaptada al siglo XXI. Esto es, un control ético y verdadero de estas aves, dotadas de gran inteligencia. Aseguran que el exterminio es crueldad porque las aves no tienen la culpa. Son responsabilidad de quienes las llevaron a Madrid y las liberaron en forma masiva.

Es un método cruel e injustificado

Para Tere Rodríguez, presidenta de la Asociación Protectora de Animales Exóticos de Cataluña (APAE Cataluña) el plan de Madrid es un desacierto de múltiples dimensiones. Asegura que estamos ante una medida cruel, cara y poco efectiva.

Plan para controlar cotorras argentinas en Madrid

Llegar al exterminio de una especie es una medida simplista que deja por fuera el problema de fondo. Las importaciones masivas de especies exóticas, que luego fueron liberadas o abandonadas en espacios naturales son la raíz del actual problema. Los animales no invaden. Llamarles especies invasoras es inexacto porque lo que hay detrás es abandono.

Aplicar un método letal no solo es cruel. También significa un gasto injustificado de casi tres millones de euros que además será ineficaz. La matanza únicamente dejará un nicho vacío que pronto será llenado por otras cotorras. Aunque las autoridades municipales aducen que la ciencia respalda medidas como el sacrificio masivo, no siempre es así.

La experta cuestiona también la actuación y el respaldo a estas medidas crueles por parte de una organización como SEO Birdlife. Esta agrupación dice tener estudios que avalarían una matanza, pero no toma en cuenta ciertos aspectos que corresponden al campo veterinario, como los estudios epidemiológicos-zoonóticos.

Hay métodos más ingeniosos, económicos y efectivos para controlar la población sin tener que acudir al exterminio masivo de cotorras en Madrid. Estas aves están dotadas de gran inteligencia y capacidad de adaptación, reconocidas, incluso, por muchas organizaciones de ornitología. Controlar su población, tal como lo plantean desde el Ayuntamiento madrileño, no es ético ni efectivo.

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