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Aunque su trabajo es muy importante, los recicladores en América Latina apenas sobreviven

Dentro de la economía circular existe una figura clave: el reciclador. Hombres y mujeres que se ubican en la primera posición de las cadenas de reciclaje y las echan a andar. También están en los primeros puestos en las listas de la pobreza y la exclusión. La situación social de los recicladores en América Latina es un tema que merece ser atendido y comprendido.

Recicladores en América Latina

Por las calles de las principales capitales latinoamericanas es común ver grupos de hombres, mujeres y niños que hurgan entre los desechos para obtener su sustento diario. Recolectan, separan, reciclan y venden toda clase de materiales que la economía del consumo ha tirado. Gracias a su esfuerzo, las comunidades y el medioambiente reciben menos residuos.

Pese a la enorme importancia de su trabajo, la vida de los recicladores transcurre entre pésimas condiciones socioeconómicas, falta de oportunidades y poco apoyo de los gobiernos locales y nacionales, así como de la empresa privada. Son víctimas de abusos de todo tipo y no cuentan con asistencia social y sanitaria por parte del Estado.

El reciclaje es una industria que en la actualidad maneja millones de dólares. Sin embargo, a los recicladores de Latinoamérica y el Caribe se les niegan reales oportunidades para vivir con dignidad. Con la llegada de la pandemia, el trabajo de los recicladores se precarizó aún más. Tal como ocurrió con casi toda la actividad laboral y económica en el planeta.

¿Quiénes son los recicladores?

Un reciclador o recicladora es una persona que se dedica a recuperar de los residuos, materiales considerados valiosos. Es necesario hacer la salvedad de que no todo el que hurga en los desechos se considera un reciclador. Los recicladores son quienes llevan a cabo la recolección y separación primaria de los desechos.

El trabajo de los recicladores es fundamental
El trabajo que llevan a cabo los recicladores es fundamental en el manejo de residuos en las grandes ciudades.

Su área de acción siempre son las ciudades. Recolectan materiales de desechos en las calles, zonas comerciales de las capitales, contenedores de basura y en las corrientes fluviales que atraviesan los centros urbanos. Pero no se limita al trabajo la relación de los recicladores con los desechos. Algunos han levantado su hogar dentro de los vertederos.

Según cifras de la organización internacional WIEGO, hasta 20.000 personas viven en los vertederos de Calcuta en India y en Ciudad de México, 15.000 seres humanos hicieron del vertedero su hogar y su sitio de trabajo. Otro tipo de reciclador es el que hace su trabajo entre fronteras, como los que se mueven entre México y Estados Unidos.

En el caso de Latinoamérica, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) tiene en sus registros a casi 4 millones de personas que basan su sustento en reciclar, recolectar y separar residuos de papel, plástico, vidrio, metal y cartón. Aunque la producción de desechos en la región, en el año 2016, se ubicó alrededor de las 231 millones de toneladas, solo se recicló el 3%. De esa cifra, el 80% se gestionó gracias al trabajo de los recicladores.

Doblemente afectados

Si la pandemia de coronavirus ha sido un duro golpe a la economía mundial, con los trabajadores informales, donde entran los recicladores, ha sido especialmente cruenta. Se trata de un sector siempre precarizado, vulnerable y desasistido por el Estado y por las empresas. Las obligatorias cuarentenas impuestas por la crisis sanitaria empujaron un poco más a los recicladores al abismo.

Aunque se seguía trabajando, el flujo no era el mismo. En medio de ese panorama, hace su aparición Latitud R. Esta es una organización que promueve en parte de Latinoamérica y el Caribe lo que ellos llaman el Reciclaje Inclusivo. Según su sitio web, su trabajo está orientado a  articular acciones, inversiones y conocimiento en ese sentido.

Al inicio de los confinamientos, Latitud R logró gestionar algunos permisos para que el colectivo de recicladores pudiera seguir trabajando. El trabajo que hacen los recicladores es primordial para mantener en marcha el manejo de residuos. Además, estos trabajadores dependen de su  actividad para cubrir sus necesidades diarias.

Informales en toda Latinoamérica

El trabajo del reciclador, al menos en América Latina y el Caribe, se encuentra dentro de lo que se conoce como economía informal. Y peor aún. Para algunos gobiernos y para la ciudadanía, estos trabajadores son invisibles, sencillamente no existen, a pesar de la importancia de su trabajo.

A los recicladores hay que formalizarlos
A los hombres y mujeres del reciclaje hay que dignificarlos y formalizar su trabajo.

Incluso, a menudo son tratados de manera despectiva e irrespetuosa, tanto por autoridades como por el público. Esta precariedad viene dada por la informalización de su trabajo y la ausencia de registros oficiales. El BID dice que son 4 millones. Latitud R sostiene que en sus registros hay 2 millones de trabajadores de los residuos en América Latina.

Agregan los voceros de la organización, que son pocos los países que tienen un registro formal de los trabajadores que se dedican al reciclaje. Los países que mejor manejan el tema de los recicladores son Brasil, Chile, Argentina, Ecuador y Colombia. Este último declaró en 2019 que tenía entre 25.000 y 30.000 recicladores.

En Colombia, aunque exhibe mejores políticas hacia sus recicladores, no todos están formalizados. Apenas el 10% pertenece a alguna cooperativa. Brasil y Argentina también han hecho esfuerzos por formalizar a los trabajadores del reciclaje. Latitud R afirma que en Argentina ha sido muy positivo el aporte del gremio de cartoneros para la formalización de los trabajadores del reciclaje.

Valorar, respetar, formalizar y remunerar con justicia el trabajo de los recicladores en América Latina es una tarea pendiente. Gracias a los trabajadores de este colectivo, tan maltratado y denostado, las ciudades pueden manejar mejor sus residuos y contribuir con la economía circular.

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