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El río Paraná vive su peor sequía en casi 80 años

El segundo río más importante de Sudamérica lentamente muere de sed. Desde 2019 avanza indetenible la sequía del río Paraná, un proceso que en 2021 ha obligado a las autoridades argentinas a decretar la emergencia hídrica en el país. El nivel de las aguas ha descendido a cotas que no se registraban desde 1944.

Sequía en el río Paraná

La sequía del Paraná produce estupor porque se trata de uno de los ríos más importantes del mundo. Es la décima cuenca del planeta y el pilar que ha sostenido el desarrollo económico y social de Brasil, Argentina y Paraguay. Gracias al Paraná, fue posible la integración del Mercosur. En esta región del continente suramericano el comercio de productos agrícolas y la generación de energía dependen de los ríos.

Que el Paraná haya retrocedido de manera tan alarmante, sin duda representa un descalabro en la economía. Este déficit en el caudal está siendo una catástrofe, especialmente para Bolivia y Paraguay, puesto que son países sin acceso al mar.

De igual forma, la merma en el caudal del emblemático río ha significado un trastorno para las comunidades que hacen vida en sus márgenes. Desde hace varios meses, la bajante del imponente caudal de agua impide la navegación fluvial, así como la pesca, dos de las actividades que mueven la economía de la región.

La sequía también se ha ensañado contra la biodiversidad de la región y es factible que la situación empeore, al menos hasta el mes de noviembre, cuando inicia el período de lluvias. No obstante, no se sabe cómo serán y los expertos no están seguros de que el río pueda recuperar su esplendor.

¿Es un fenómeno natural?

Dicen los expertos que el Paraná en un río que posee una variabilidad natural que lo hace oscilar entre sequías e inundaciones. Estas pueden ser anuales o prolongarse durante décadas y los científicos no logran establecer las causas que pueden estar provocando esta inclemente sequía, pero lo que sí es un hecho cierto es que las condiciones que rodean al río han cambiado.

Incluso hay quienes aseguran que La Niña está detrás del descenso del río. Pero algunos investigadores no lo tienen tan claro. Dicen que cuando se decretó el fenómeno, en agosto de 2020, ya la cuenca del Paraná tenía cinco meses de sequía.    

En lo que sí hay un consenso es en que las actividades humanas han afectado al río en los últimos 100 años. Se han extendido las zonas de cultivos y eso, sin dudas, ha tenido consecuencias en los ciclos de descensos y subidas. Hoy, la vulnerabilidad es mayor porque alrededor del río Paraná se asientan muchas más personas que hace 78 años.

Los científicos son cautelosos a la hora de establecer una conexión directa entre la sequía del río y el cambio climático. Sin embargo, es un hecho que los patrones de lluvias están alterados debido a las altas temperaturas del planeta, a lo que se le suma la pérdida de humedad en el Amazonas.

Los verdugos de un gigante

Para muchos, la responsabilidad de la seca del río recae en las acciones del ser humano. La deforestación y los incendios que vive la Amazonía brasileña, auspiciados por un gobierno al que no le interesa la preservación de los ecosistemas, han jugado un triste y decisivo papel en esta crisis.

Importancia del río Paraná
El río Paraná es la columna vertebral de la economía de buena parte de Suramérica.

Parte del agua que alimenta los afluentes del Paraná se origina en las lluvias que se generan en la selva amazonense, donde la espesa vegetación produce vapor de agua. A este fenómeno se le conoce como los “ríos voladores”.

Una organización de abogados ambientalistas de Argentina sostiene que las quemas en territorio brasileño, que son cada vez más habituales, están transformando los ecosistemas de bosque tropical en sabanas. Agrega que, además, el cauce del Paraná está muy fragmentado por obras de infraestructura. Solo en Brasil hay 20 represas.

También se ha dragado y cambiado el curso del río para la construcción de puentes. Este tipo de intervenciones alteran las características propias del río y lo dejan en condiciones de vulnerabilidad ante nuevos eventos.

Independientemente de cuáles han sido los responsables, la crisis en el río Paraná ha puesto en alerta a los países implicados. La poca humedad en el suelo hace que el riesgo de incendios se potencie, desde el Mato Grosso y el Pantanal en Brasil, hasta Argentina y Paraguay.

En peligro los servicios y la economía

El suministro seguro y continuo de energía eléctrica y agua potable está en peligro. La sequía del Paraná no permite que las potabilizadoras de agua trabajen de manera adecuada. Los encargados de las empresas hidrológicas advierten que si sigue descendiendo el nivel va a ser muy difícil mantener el actual suministro de agua.

Por qué se seca el río Paraná
En el Paraná esperan que las venideras lluvias logren calmar la sed del gigante.

Ya se le está advirtiendo a la población que debe moderar su consumo para prevenir una escasez del líquido.

Otro tanto ocurre con servicio de energía eléctrica. La represa de Itaipú, a través de sus gerentes, sostuvo que la provisión de energía estaba garantizada, pese al bajo nivel de los embalses. No obstante, la situación de la presa, ubicada en la frontera entre Argentina, Paraguay y Brasil, puede cambiar en los próximos meses si no llegan las anheladas lluvias.

Actualmente, tanto el embalse de Itaipú como el de Yaciretá están funcionando al 35% y 50% de su capacidad respectivamente. Si no se producen las precipitaciones que se esperan, el suministro de energía eléctrica no está garantizado.

La histórica sequía del río Paraná no solo representa una tragedia medioambiental económica y social. Lo más lamentable es que una parte del escenario actual fue provocado por la ambición desarrollista del ser humano. La otra parte de la catástrofe es que, probablemente, el gigante fluvial del sur no vuelva a ser nunca más el mismo.

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