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El pez león, una hermosa y letal amenaza a los ecosistemas

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En las aguas del Caribe y el Mediterráneo el peligro se presenta en hermosos colores llamativos y sinuosos movimientos. El pez león es una amenaza a los ecosistemas de estos mares porque se trata de una especie invasora, que tras su vistosa apariencia esconde un severo peligro, no solo para los ecosistemas, sino para el turismo y la economía.

El pez León es una amenaza a los ecosistemas del Caribe y el Mediterráneo

Los biólogos han descrito al pez león como una especie agresiva, venenosa, de voraz apetito y capaz de comer cualquier cosa. Dos de sus características más llamativas son una cresta de amenazantes espinas marrones y blancas que discurre por su espalda, y unas aletas que se abren en forma de abanicos.

La coloración de sus espinas es una clara indicación de que son muy venenosas, incluso para los humanos, menos para sus depredadores naturales, las morenas y los tiburones. En las aguas del Pacífico sur y el Índico, de donde son originarios los peces león, su dieta consiste en peces pequeños, moluscos e invertebrados.

Por si fuera poco, el pez león además se reproduce de manera muy veloz y abundante. Una sola hembra es capaz de poner hasta 2 millones de huevos por año. Al no contar con un depredador natural en las aguas que ha invadido, la población de estos peces ha crecido descontroladamente, diezmando a especies propias del Atlántico y de la zona del Caribe.

¿Cómo llegó el pez león a convertirse en una amenaza?

Cuando el pez león se halla en su hábitat natural, forma parte de un ecosistema marino que ha ido evolucionando y donde cada elemento cumple una función determinada, en armonía. Pero, cuando logra establecerse en entornos que no le son naturales, como en el sureste de EEUU, el Caribe y más recientemente en el Mediterráneo, hace estragos entre las especie autóctonas.

El pez león es una especie invasora del Caribe y el Mediterráneo
El pez león no tiene depredadores naturales en el Atlántico ni en el Mediterráneo, le toca al humano cazarlo.

Todavía no se sabe cómo llegó este pez a convertirse en prácticamente una plaga. En el año 1992, investigadores del Whitney Laboratory for Marine Biosciences de la Universidad de Miami y autoridades de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos lograron ubicar por primera vez una población de estos peces en aguas del sur de la Florida.

Algunas teorías apuntan a la mano humana como principal responsable de introducir la especie. Estados Unidos aparece como principal comprador de esta especie, puesto que su atractiva apariencia la convierte en favorita de los acuarios caseros.

Otros estudiosos de la especie aseguran que el pez fue introducido de manera intencional con fines comerciales. Otras voces apuntan a que, luego del huracán Andrew, se liberaron sin intención al mar, ejemplares provenientes de acuarios. También se habla de embarcaciones que han arrastrado peces en los lastres.

En el Mediterráneo están muy preocupados

Los primeros ejemplares de pez león en el mar Mediterráneo fueron detectados hace siete años, en las costas de Turquía, Israel, el Líbano y Chipre. Más tarde fueron vistos un poco más al sur, hacia las aguas de Grecia, Italia y Túnez. Desde entonces su población ha crecido de manera alarmante.

La presencia del pez león en el Mediterráneo supone una grave amenaza, ya que su alta tasa de reproducción y su voracidad puede provocar una extinción de especies locales, destrucción del hábitat y son un potencial peligro para los humanos. Si no se controla a este invasor, los daños en el medioambiente y en la economía pueden ser catastróficos.  

Ante la situación, Chipre se ha puesto a la cabeza en la lucha contra el depredador pez y ha iniciado una campaña de sacrificio. En Chipre está prohibida la caza con equipo de buceo, pero en este caso se ha permitido, porque una isla que vive del turismo no se puede permitir que la población de una especie tan tóxica prolifere.

Los expertos aseguran que el sacrificio es la mejor táctica para controlar a esta especie. No solo no tiene depredadores naturales en el Mediterráneo ni en el Caribe, sino que además está dotado de un apetito voraz y se reproducen a gran escala. Ante eso, la eliminación sistemática luce como la mejor salida.

Un sacrificio necesario

Según los organismos de vigilancia ambiental, las especies invasoras están catalogadas entre las cinco principales causas de pérdida de biodiversidad en todo el mundo. En el caso que nos ocupa, al pez león se le atribuye la reducción de 65% de los peces de arrecifes de coral del océano Atlántico. En esta zona, los sacrificios han demostrado ser muy efectivos para controlarlo.

Una de las formas de controlar el pez león es la gastronomía
Una de las formas de controlar la población de esta especie es abriéndole un sitio en la gastronomía.
Una sola hembra de pez león es capaz de poner hasta 2 millones de huevos por año

El pez león, fuera de su hábitat natural no cuenta con un predador que pueda mantener a raya la población, por tanto el único predador que queda es el ser humano. La caza selectiva del pez es lo que procede y debe hacerse con carácter de urgencia. Los grupos ecologistas y la industria de la pesca abogan por la caza como única manera efectiva de controlar la expansión.

Comerlos también se ha propuesto como medida para controlar el número de peces león. Algunos platos hechos con su carne ya están en los menús de muchos restaurantes. También se está haciendo más común encontrarlos en las ofertas de los supermercados.

El pez león es una amenaza a los ecosistemas, a las economías y para el ser humano. Controlar su población es una tarea que exige que organizaciones científicas, la industria de la pesca y el turismo y la sociedad civil se unan para encontrar la manera de controlar a una especie que es hermosa y letal a partes iguales.

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