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El peligro de los perros ferales. Animales domésticos abandonados que amenazan la biodiversidad

“El perro es el mejor amigo del hombre” es una frase que, muchas veces, resulta cierta. El ser humano ha establecido con los canes una relación que nació hace miles de años. Sin embargo, ese vínculo muchas veces se rompe por el abandono del humano y surge un problema: los perros ferales. Estos perros que se vuelven salvajes son un peligro para los ecosistemas y la biodiversidad.

El peligro de los perros ferales

Los perros ferales, o perros asilvestrados como también se les conoce, son esos canes domésticos (Canis lupus familiaris) que en algún momento fueron abandonados por los humanos. A partir de ese desamparo desarrollan comportamientos similares a sus parientes los lobos.

Agruparse en manadas, alejarse del contacto de los humanos y adentrarse en los ecosistemas son algunas de las conductas que definen a los canes ferales. Según lo han advertido los expertos, estos comportamientos representan un peligro para los ecosistemas y para otras especies. Es un problema grave, pero aún es desconocido para muchas personas y desdeñado por los gobiernos.

Aunque es una problemática que no está bien abordada, en distintos sitios ya están enfrentando los inconvenientes que causan los perros asilvestrados. Diversas organizaciones en Chile, Argentina y Ecuador han estado advirtiendo sobre los peligros que representan los perros salvajes o sin supervisión. Estos últimos no son abandonados, pero se salen muchas veces del control de sus dueños.

Las características de los perros ferales

Los perros asilvestrados son perros bravos, feroces. Algunos nunca han sentido una caricia y evitan todo contacto con las personas. Estos animales no son el típico perro callejero que hurga en las bolsas de basura de las ciudades. Los perros ferales fueron abandonados en medio de la naturaleza, deambulan en manadas en medios silvestres y se alimentan de cualquier cosa, por ser omnívoros.

Perros abandonados se hacen ferales

Algunos son descritos como depredadores inclementes, capaces de devorar casi cualquier especie que se ponga a su alcance. Si bien las presas favoritas de los perros salvajes son las pequeñas, se sabe de ataques en manadas a animales de gran envergadura de hasta de 200 kilos. Hay que tener en cuenta que los perros son descendientes de depredadores famosos como los lobos grises (Canis lupus).

Sin embargo, biológicamente, los perros ferales son perros domésticos. Son animales que fueron apartados, aislados, echados a su suerte y les tocó sobrevivir. En ese empeño, se volvieron salvajes y rechazaron cualquier contacto e interacción con los humanos, a quienes ahora percibe como una amenaza a la que hay que atacar para defenderse.

Un estudio llevado a cabo en Chile en 2019 lo deja claro. El rol que juega el ser humano es determinante cuando un animal doméstico se vuelve salvaje. Si un perro, o cualquier otro animal domesticado, no es atendido y se abandona, se vuelve un animal feral. No solo se convierten en un peligro para los ecosistemas y la biodiversidad, también pueden serlo para las poblaciones humanas que hacen vida en las zonas rurales.

Causa de pérdida de biodiversidad

En el año 2009, un grupo de investigadores se propuso determinar cómo la fragmentación y la pérdida del hábitat impactaba sobre los mamíferos andinos de Ecuador. Para sorpresa de los científicos hubo que cambiar el enfoque del trabajo. Los modelos usados apuntaban a que uno los principales impactos en la fauna de alta montaña era la gran cantidad de perros en el lugar.

En posteriores estudios se instalaron cámaras trampa para captar la presencia de ciertos mamíferos carnívoros en determinadas zonas y altitudes. Una de las conclusiones de las investigaciones fue que la presencia de perros ferales influye en la distribución en el territorio de algunas especies silvestres.

En determinados sitios la presencia de los perros ha desplazado por completo a los carnívoros andinos. También se observó que había especies que habían modificado sus actividades para evitar a los perros salvajes. Por ejemplo, los osos andinos se vuelven más activos en las horas del mediodía para no coincidir con los perros, que prefieren las horas del amanecer y el ocaso.

Los impactos que tienen los perros ferales van más allá de la modificación en la distribución de la población de cierta fauna. Los investigadores han determinado que son depredadores y compiten con otras especies, como los zorros o los osos, por alimento. Incluso, algunos especialistas han visto en algunos canes salvajes actitudes de acoso o bullying.

Este acoso ejecutado por los perros salvajes es denominado por los biólogos como interferencia. Se describe como una especie de persecución y amedrentamiento a otras especies, llegando incluso a matarlas y no alimentarse de ellas.

Por último, pero no menos importante, los perros son vectores de enfermedades graves como la rabia o la parvovirosis. Estas enfermedades en población silvestre pueden llegar a ser catastróficas, de igual manera si se trata de un ser humano.

El ser humano como principal causa

Para algunos expertos la multiplicación de animales ferales es una consecuencia directa de la actividad (o la inacción) de los seres humanos. A medida que crecen las ciudades, más animales domésticos son abandonados en las periferias urbanas.

Los perros salvajes son un peligro para la biodiversidad

Al mismo tiempo, las leyes para la protección de los animales se hacen en las ciudades, de espaldas a los aportes y puntos de vista de quienes habitan las zonas rurales. Las personas que viven en entornos naturales son los que más perciben los efectos de los animales fuera de control.

Lamentablemente no hay salidas sencillas para este problema porque son pocas las opciones. Dar en adopción a estos animales no procede porque representan un peligro, dado que desconocen la interacción con los humanos. Tampoco es viable el albergue porque se pondría en riesgo al personal que trabaja en esos sitios, además de la vida de encierro para el animal.

El ser humano debe entender que los animales de compañía, como los perros o los gatos, son criaturas maravillosas, pero siempre que estén bajo nuestra responsabilidad y cuidados.

Los perros ferales son un peligro, tanto para la biodiversidad como para los seres humanos. Abandonar un animal en un entorno silvestre puede llegar a provocar la extinción de especies clave en el equilibrio de los ecosistemas. Los animales domésticos son seres sintientes, que nos han acompañado y apoyado a lo largo de nuestra evolución y, definitivamente, no merecen un destino de abandono e incertidumbre.

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