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El mercado negro de cactus es un negocio millonario que saquea la biodiversidad

Bajo el actual modelo de consumo todo es susceptible de ser convertido en mercancía, incluso las plantas. Aunque parezca insólito, hay un mercado negro de cactus que está dispuesto a pagar grandes sumas de dinero por un pequeño y exótico ejemplar. Este tráfico y comercio de cactáceas está saqueando los desiertos del continente americano.

Mercado negro de cactus

Recientemente, se dio a conocer un suceso ocurrido en el año 2020. En ese entonces, la Unidad de Vida Silvestre de la policía de Italia realizó un registro en la vivienda de un presunto traficante de plantas de cactus. En el interior del recinto se encontraron 1.000 ejemplares de especies consideradas raras, extraídas del desierto de Atacama, Chile.

La operación se llamó precisamente como el desierto chileno, y el hallazgo se convirtió en un hito en la historia de las incautaciones de cactus. En treinta años, no se habían encontrado tantas especies raras en un solo sitio. Eran, específicamente, cientos de cactus de Copiapoa cinerea y Eriosyce sp., dos especies protegidas, algunas de las plantas encontradas tenían más de un siglo de antigüedad.

Esta acción fue un despliegue de recursos técnicos y profesionales, que involucró a policías, científicos, organizaciones ambientalistas y gobiernos. Fue, además, la constatación de la cantidad de dinero y la fuerza que hay detrás del tráfico de especies. Estas cactáceas incautadas eran vendidas por correo a un precio promedio de 1.200 euros, unos 1.400 dólares.

La operación Atacama es dada a conocer ahora, cuando se están devolviendo a Chile 844 cactus. Por lo general, cuando ocurren este tipo de decomisos, las plantas se llevan a algún jardín botánico. En este caso, se decidió su devolución por las características tan particulares de las plantas. El retorno se había retrasado debido a las restricciones impuestas por la pandemia.

Una especie muy cotizada

Los especialistas en cactus que participaron en la operación no daban crédito a lo que veían. Son personas acostumbradas a colaborar con la policía en pequeñas incautaciones, bien a turistas o vía correo. Sin embargo, este decomiso no era uno más. Eran miles de plantas, únicas, de características muy especiales, que acabaron siendo objeto del comercio ilegal.

El comercio ilegal acaba con la biodiversidad del desierto
El tráfico ilegal de cactáceas pone en peligro la biodiversidad de los ecosistemas áridos.

Según el Servicio Federal de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos, el comercio ilegal de plantas es un tipo de tráfico que cada día cobra más mayores dimensiones. Así como se trafica con los cuernos de rinoceronte, las escamas del pangolín o el marfil, de igual manera ocurre con las plantas.

Las cactáceas son de las plantas más solicitadas, al igual que algunas especies de orquídeas y algunas carnívoras. Estas últimas cada día son más demandadas.

En el caso de los cactus, el comercio ilegal es especialmente grave. Se sabe que más del 30% de las casi 1.500 especies del mundo están en peligro de extinción. Es emblemático el caso de una subespecie de cactus, conocida comúnmente como alicoche de jaraguay. Fue descubierta en 1975 en el desierto de Baja California, México.

Es una planta muy pequeña, de apenas unos 10 centímetros, que destaca por sus sobresalientes espinas, coronadas por algunas flores de llamativo color púrpura. Esa apariencia exótica fue su condena. Pasados quince años de su descubrimiento, la planta fue declarada extinta.

Carne de coleccionistas

Los cactus son plantas que crecen en ecosistemas muy específicos. Entre Estados Unidos y México se reparten 600 especies nativas y 400 especies endémicas, es decir, solo se dan en esos sitios. Lamentablemente, estos dos países también ocupan los primeros puestos del listado de países donde existe más comercio ilegal de cactus y suculentas.

Al ser una especie que habita solo en los ecosistemas áridos del continente americano, esto le confiere un halo de exotismo y rareza que estimula la codicia de los coleccionistas. A esto se le une la presión que ejercen algunas figuras influenciadoras en redes sociales. Estas personas resaltan en sus mensajes siempre que los cactus y las suculentas poseen una extraña belleza que demanda muy pocos cuidados.

Los coleccionistas promedio alimentan su colección con especies cultivadas en viveros, sin embargo, existe una porción de ellos que son más exigentes. Van en busca de ejemplares que sean raros, que crezcan en sitios únicos y que sean grandes. Los cactus grandes son muy apreciados pues su tamaño indica que pueden tener décadas, incluso más de 100 años.

Si la planta fue tomada de la naturaleza su precio se incrementa porque le da mayor valor frente a una que haya sido cultivada. El tráfico de plantas exóticas funciona bajo el mismo esquema de cualquier otro objeto raro de colección, como un sello postal o una moneda. Mientras más raro sea el objeto más dinero se pagará por él.

Los retos

Poner fin al mercado negro de cactus y otras suculentas no es cosa sencilla. Entre los principales desafíos está cómo se detiene la demanda. Una vez que un cactus se extrae de su hábitat se vende a la vista de todos, bien en una costosa tienda de Japón o bien en sitios como Facebook, eBay, Instagram o Etsy.

Cactus y tráfico ilegal de plantas
Mientras haya coleccionistas dispuestos a conseguir especies exóticas, habrá quien se dedique a saquear a la naturaleza.

Adicional a esto, la demanda de cactus se diversifica y se amplía más. Aunque coleccionar cactus exóticos ha sido tradicionalmente un asunto de estadounidenses, británicos y japoneses, ahora se les suman aficionados chinos, coreanos y tailandeses.

Además de sortear estos inconvenientes, doblegar el comercio ilegal de cactáceas es una tarea ardua por las siguientes razones:

  • Existe la ceguera vegetal. Es decir, la colectividad percibe que el tráfico de plantas es menos importante que el tráfico de animales
  • Los cactus son plantas pequeñas y fáciles de ocultar por lo que resulta sencillo eludir controles
  • A menudo solo se colectan las semillas y eso hace aún más difícil el control
  • Crecen en sitios inhóspitos donde se dificultan las labores de patrullaje
  • El tráfico de plantas es considerado, dentro de las leyes, como un delito menor, las penas son leves y la reincidencia de los traficantes es alta.

Aunque todas las cactáceas se encuentran amparadas por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), el mercado negro y el tráfico ilegal de cactus es un negocio que muestra tendencia al auge. Mientras las leyes sean laxas y haya quien pague altas sumas de dinero, habrá quien se juegue la libertad extrayendo una planta de su hábitat.  

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