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El ferrocarril puede llegar a ser la clave de la movilidad sostenible para Europa

En un mundo donde la emergencia climática no admite dilaciones, el ferrocarril se perfila como la gran apuesta en movilidad sostenible en Europa. Frente al transporte aéreo o por carreteras, los viajes en tren suponen un ahorro sustancial de emisiones de gases de efecto invernadero, además de otras ventajas como la seguridad, rapidez, comodidad y puntualidad.

Ferrocarril y movilidad sostenible en Europa

Las virtudes medioambientales del ferrocarril casi nadie las discute. A mediados del año 2020 la Comisión Europea declaró el 2021 como el Año Europeo del Ferrocarril. Este acuerdo surge de la necesidad de bajar, de manera drástica, la tasa de emisiones de CO2 si se quiere cumplir con los compromisos de reducción de emisiones para 2030 y 2050.

Quienes promueven la movilidad sostenible y el ferrocarril como su punta de lanza, lo hacen porque los hechos no dan lugar a dudas. El transporte en tren es una apuesta segura por la sostenibilidad en el transporte porque:

  • Está electrificado en gran medida y emite menos CO2 que los viajes aéreos o por carretera
  • El transporte ferroviario representa apenas el 0,4% de las emisiones de la Unión Europea, mientras que el transporte en general supone el 25%
  • Es el único medio de transporte que ha logrado reducir sus emisiones y consumo de energía entre 1990 y 2017
  • El tren es el medio de transporte que utiliza más fuentes de energías renovables
  • El ferrocarril sufre 85% menos accidentes que otras modalidades de transporte

Ante todos estos hechos, todavía no se entiende por qué el ferrocarril, en un contexto de emergencia climática, no es el medio de transporte más utilizado. La declaratoria de la Comisión Europea busca cambiar esa tendencia.

Un panorama nada alentador

Lamentablemente, el transporte ferroviario está muy lejos todavía de ser el eje central del sistema de transporte europeo. Un estudio elaborado por Europe on Rail, una coalición de organizaciones ambientales europeas, ha hecho un análisis del panorama ferroviario en Europa marcado por la decepción.

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Aseguran los autores del artículo que el sistema de ferrocarriles europeo no está atravesando su mejor momento. Afirman que en casi todos los Estados de la Unión Europea la importancia de la movilidad en tren ha disminuido en las últimas décadas. Este detrimento tiene que ver con el hecho de que el transporte terrestre y aéreo ha recibido los mayores incentivos.

Agregan que el servicio de transporte ferroviario entre los Estados miembro está muy debilitado. “De los 365 enlaces ferroviarios transfronterizos que existían, 149 no estaban operativos en 2018”, se puede leer en las páginas del informe. Sentencian, finalmente, que el transporte ferroviario en la Unión Europea se limita a un conglomerado mal amalgamado de sistemas nacionales carente de un plan integral.

Un aliado en el Pacto Verde Europeo

No obstante el pesimismo, los especialistas no dudan que el ferrocarril es el futuro de la movilidad sostenible. Para cumplir con los planes de desarrollo sostenible trazados en el Pacto Verde Europeo un sistema ferroviario integrado puede jugar una posición clave. El ferrocarril es limpio, seguro y confiable y ofrece muchas otras ventajas frente al transporte terrestre o aéreo.

Europa busca sostenibilidad en transporte
El transporte ferroviario es seguro, limpio y sostenible.

Un sistema ferroviario integrado y fortalecido está en capacidad de ofrecer:

  • Mejor y mayor conexión para ciudadanos y empresas en el ámbito europeo
  • Una reducción significativa de las emisiones por concepto de transporte
  • Un repunte económico post pandemia marcado por la sostenibilidad

La Unión Europea ha establecido como prioridad, desde finales del siglo XX, avanzar hacia modos más sostenibles de transporte. Esta política busca mediar entre el crecimiento desmedido del transporte de personas y mercancías y sus perjuicios para las comunidades, el medioambiente y hasta para la economía.

Quienes proponen que el ferrocarril sea el emblema europeo de la movilidad sostenible aseguran que ahora es el momento de avanzar en ese sentido. Políticamente el viento es propicio para potenciar el transporte ecológico, solo falta sumar el apoyo de las organizaciones no gubernamentales y de la sociedad.

En España, algunos cuestionan los trenes de alta velocidad

Aunque los beneficios medioambientales del transporte ferroviario no están en discusión, hay quienes sí cuestionan algunos aspectos. Veamos. Al menos en España, voces expertas se han levantado para cuestionar la sostenibilidad de algunas modalidades de transporte como los trenes de alta velocidad.

Trenes de Alta Velocidad no son sostenibles
Algunos expertos han cuestionado la sostenibilidad de los trenes de alta velocidad.

Un estudio llevado a cabo por docentes de la Universidad del País Vasco determinó que las premisas medioambientales, sociales y económicas, favorables a la modalidad ferroviaria de alta velocidad, se han ido debilitando frente a la evidencia científica.

A casi treinta años de la inauguración la línea Madrid-Sevilla, la primera de alta velocidad, España cuenta con la segunda red más grande del mundo con 3.086 kilómetros. Este crecimiento se ha erigido sobre la potencialidad de este medio de transporte para reducir la tasa de emisiones y el consumo de energía.

Sin embargo, la mayoría de los estudios sobre las ventajas de la alta velocidad se han centrado en el ahorro en cuanto a la utilización de la red. Pocos han evaluado el costo medioambiental económico y social de la construcción de infraestructura de esa envergadura.

Debido a la emergencia climática, muchos ven en las energías alternativas una salida. Sin embargo, en algunos casos, cuando se hace un análisis más profundo resultan teniendo un balance neto negativo, tal como se evidenció con el hidrógeno azul. Lo mismo pudiera estar ocurriendo con los trenes de alta velocidad.

Aunque el ferrocarril y el transporte ferroviario son la gran esperanza europea para alcanzar la movilidad sostenible, es necesario también considerar medidas adicionales. Usar la infraestructura existente, reducir la demanda de transporte, promover el transporte eléctrico y el uso de electricidad de fuentes renovables, pueden ayudar a bajar las emisiones sin tener que construir costosas infraestructuras.

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