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El cambio climático también es un asunto racial

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El cambio climático y el racismo están unidos por un estrecho lazo. Cuando se habla de crisis climática, muchos piensan que se trata de un problema del futuro, de las generaciones que están por venir. Pero eso no es así. Hay pueblos y sitios en la Tierra que ya sienten de manera cruenta los embates del clima.

Cambio climático y racismo

Muchos analistas consideran que el cambio climático tiene una raíz histórica en las relaciones de explotación y dominación de las grandes metrópolis blancas sobre los pueblos negros, indígenas, colonizados y racializados y sus recursos naturales.

El cambio climático actual no puede ser explicado omitiendo una parte de la historia que tiene que ver con el colonialismo y el racismo que se deriva de él.

Avanzar hacia un desarrollo sostenible, afincado sobre energías limpias, nunca será una realidad mientras existan seres humanos que sobreviven en condiciones donde faltan insumos básicos como el agua potable o los alimentos, o hacinados en guetos urbanos o en suburbios donde solo tienen la opción respirar aire contaminado que les enferma de cáncer.  

El discurso ambientalista y ecologista que desde los grandes medios se difunde, pocas veces hace mención de cómo impacta el cambio climático en el sur global. Cómo son asesinados campesinos para arrebatarles tierras o cuáles son las condiciones de trabajo de una costurera de Indonesia que cose para la industria del fast fashion.      

Cuando se habla de incendios en el Amazonas o en Australia o de la deforestación de la selva colombiana o brasileña, pocas veces se menciona que en esas zonas hay pueblos originarios que están siendo explotados, a veces incluso asesinados, por grandes corporaciones asentadas en los países industrializados de poderoso músculo financiero.            

Con el brutal asesinato de George Floyd, se propagó una ola de genuina indignación por todo el planeta. Miles de palabras se escriben a diario para peguntarse por qué un hombre blanco mató a un hombre negro delante de una cámara sin siquiera inmutarse.

La desigualdad climática

Muchas de las respuestas a los cuestionamientos sociales luego del crimen contra George Floyd, atizados por la indignación, tienen que ver con la desigualdad y la impunidad. Pese a los avances científicos y tecnológicos, los seres humanos no hemos podido alcanzar la igualdad, la equidad y la justicia para todos.

la desigualdad climática tiene que ver con el racismo
Los eventos climatológicos golpean con más violencia a los más pobres.

Y la desigualdad también tiene que ver con el cambio climático y sus efectos. Las sequías, las olas de calor, los huracanes, los tifones y las enfermedades endémicas hacen estragos en los países pobres y colonizados, esos a donde llegan las grandes corporaciones a buscar y extraer materias primas, recursos naturales y mano de obra barata.

El cambio climático no solo golpea con más virulencia en los más pobres, vale decir en negros, indígenas y racializados, sino que crea más pobreza, alimentando un círculo vicioso que parece no tener un fin en lo inmediato.

La migración forzada por eventos climatológicos, es un problema cada día más común y es un síntoma de la desigualdad sistémica. Pueblos obligados a dejar sus hogares porque los eventos climatológicos, cada vez más severos, los despojaron de su hogar y su modo de sustento.

Es tan evidente que el racismo ambiental es un hecho palmario, que la administración de Donald Trump, a través de la Agencia de Protección Ambiental (EPA por sus siglas en ingles), admitió que las personas negras tienen más probabilidades de vivir cerca de fuentes de contaminación y respirar aire contaminado.

Racismo ambiental
Racismo ambiental: definición y ejemplos

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Justicia para combatir el racismo y el cambio climático

Solo la aplicación de justicia podrá abrir la posibilidad superar el racismo y los estragos del cambio climático sobre la población más vulnerable.

El cambio climático también es un asunto racial
La migración forzada por el clima es un síntoma de la desigualdad sistémica.

Episodios como la injusta muerte de un hombre negro en Estados Unidos o el asesinato de una defensora de los ecosistemas como Berta Cáceres, quedarán como oprobiosos recordatorios de que la aplicación de justicia oportuna es una materia pendiente para la humanidad.  

El cambio climático es un hecho y todos los días se expresa con virulencia, aunque algunos se empeñan en negarlo. De hecho, negar el cambio climático es una postura política racista, tal como lo comprobó un estudio y que recoge la revista Sierra.

El mencionado estudio determinó que en Estados Unidos, las personas que niegan el cambio climático son blancas, engrosan las filas del racismo y le votan al partido Republicano. Aunque no hace falta hacer un exhaustivo análisis para comprobar tal cosa.

Muchas de las expresiones proferidas por Donald Trump en sus comparecencias en los medios y frente a su base electoral, son una clara muestra de esas premisas.

Hacerle frente a la profunda crisis medioambiental del planeta, donde los recursos son cada vez más escasos y donde millones de seres humanos sobreviven o mueren en el Sur global por causa del cambio climático, pasa por reconocer que el Norte tiene privilegios que aún conserva y deben desaparecer.

El cambio climático y el racismo, como expresiones de desigualdad, solo podrán superarse cuando una parte del planeta reconozca a la otra. Cuando las grandes corporaciones de los países industrializados abandonen la senda de la explotación y la extracción de recursos naturales del Sur global y cuando se reconozca a la Tierra y a los pueblos como sujetos de derecho y de justicia.

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