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“El cambio climático es más mortal que el coronavirus”

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El 10 de marzo de 2020, el portal de noticias de las Naciones Unidas titulaba así con tan lapidaria sentencia una de sus informaciones.

El titular que le da nombre a este artículo no es la frase de algún espontáneo ecologista o un preocupado conservacionista. La frase corresponde al secretario general de la ONU, Antonio Guterres, expresada durante la presentación del informe del Estado del Clima Mundial, elaborado por la Organización Meteorológica Mundial.

Durante su comparecencia añadió que los efectos del coronavirus tendrán un impacto temporal, no así los del cambio climático, que no solo lleva bastante tiempo afectando al planeta, sino que lo seguirá haciendo durante mucho tiempo y que las medidas para frenar el calentamiento del planeta, son y serán de largo aliento.

En el referido informe se evidencia que, durante el año 2019, lejos las metas del Acuerdo de París, las temperaturas siguen subiendo y se han acentuado los síntomas del cambio climático. Los registros que se hicieron del año 2015 al 2019 indicaron que fueron los cinco años más cálidos desde que se llevan inventarios de estos indicadores.

Cambio climático y coronavirus

Los efectos del cambio climático ocasionan más decesos cada año que los que hasta ahora han sido reportados como bajas del coronavirus. El dengue, una epidemia asociada directamente con el cambio climático mata a cientos de miles de personas todos los años.

Pérdidas de miles de toneladas de alimentos como consecuencia de cosechas arrasadas por la intensa sequía. Huracanes devastadores que arrasan con las economías de pequeños países en desarrollo. Un muy trastocado sistema climático que se cobra la vida de cientos de personas, sobre todo las del lado pobre del planeta.

¿Por qué no nos alarma el cambio climático?

Pese a todas estas advertencias, señalamientos y evidencia científica, que emana de los más serios y comprometidos organismos multilaterales, el cambio climático no despierta la misma inquietud y estado de alarma que han convertido al coronavirus en un motivo de temor permanente, que llega incluso a los lindes del terror.

El cambio climático es más mortal que el cambio climático
El dengue, asociado al cambio climático mata a cientos de miles de personas todos los años.

El coronavirus Covid-19 es, en medios de comunicación y redes sociales, una tendencia que se sigue y se monitorea de manera intensa y sistemática. Basta con asomarse a cualquier portal informativo para observar que todas las notas, desde economía hasta deportes, están relacionadas de alguna manera con el virus supuestamente salido de Wuhan, China.

Ya las autoridades sanitarias, junto a científicos e investigadores de varios países, han anunciado que se está trabajando de manera acelerada en la elaboración de una vacuna contra el coronavirus. En China, epicentro de la pandemia, se diseñaron y se aplicaron protocolos de actuación y tratamientos terapéuticos que, hasta ahora, han dado resultados alentadores en el control de la epidemia.

Ante el cambio climático sin embargo, adelantar acciones coordinadas, con carácter de urgencia, sistematizadas, vinculantes, entre los países y sus  distintos entes públicos y privados, siempre es una tarea muy cuesta arriba y toma décadas, con el costo medioambiental y humano que eso conlleva.

La muerte de millones de niños cada año por diarreas y deshidratación, el ingreso hospitalario de miles de personas, desde Japón a Francia, por intensas olas de calor, el crecimiento de la incidencia del dengue en las Américas, donde se registraron 2,8 millones de casos sospechosos y confirmados y 1250 muertes, solo en el año 2019, pérdidas de cosechas que ponen en riesgo la seguridad alimentaria.

Todo lo anterior son escenarios y realidades que suceden a diario y cientos de miles de seres humanos son víctimas. Sin embargo, la alarma, la urgencia, ni el miedo son las reacciones que se observan entre quienes tienen la capacidad y la obligación de tomar medidas tendientes a tan solo mitigar el calentamiento del planeta, sin mencionar la posibilidad de que se haga realidad un cambio modelo económico.

El gran capital no reacciona al cambio climático

Una consigna muy conocida, y que es coreada cada tanto por miles de manifestantes en favor del medioambiente, reza:

"Si el clima fuese un banco ya lo habrían salvado."

Esta frase quizá encierre, en su sencillez, el verdadero asunto detrás de la inusitada divulgación, a veces en tono de pánico, de los pormenores del coronavirus.

el cambio climático es peor que el coronavirus
El cambio climático no logra capitalizar los miedos planetarios.

Echando mano de teorías sobre guerra bacteriológica, armas biológicas y de la ingeniería financiera, no resulta descabellado afirmar que tras el boom mediático del coronavirus se ampara toda clase de intereses de orden financiero y económico.

Ante el repunte de casos de contagios de Covid-19 y su propagación más allá de las fronteras de China, los impactos en los mercados financieros no se hicieron esperar. Pérdidas económicas sin precedentes, desplome de las bolsas a nivel mundial, caída de los precios del petróleo, de 59 dólares a 32 dólares en un solo día.

Anuncios catastróficos, en el campo de la economía, las finanzas y el petróleo, como consecuencia de la expansión del coronavirus y la declaración por parte de la Organización Mundial de la Salud de la pandemia. Un clima, nunca mejor dicho, sin duda propicio para que los grandes tiburones financieros salgan de cacería tras la compra de empresas, bonos, y acciones a precios marcados por la histeria colectiva.

A lo financiero se le debe sumar el factor político, pues siempre van unidos. China e Irán, los dos países que albergan al mayor número de víctimas del Covid-19 hasta ahora, señalan de manera directa a Estados Unidos como responsable de llevar a China el virus y de ocultar a los ciudadanos estadounidenses la verdadera cifra de infectados en su territorio.     

Cambiar el modelo económico por uno que logre reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, que sea menos depredador de recursos naturales, avanzar hacia una economía sostenible en términos medioambientales, promover el uso de fuentes de energía alternativa, son todas deudas con el planeta que deben ser saldadas de manera urgente.

Lamentablemente el coronavirus es un arma de distracción masiva que está desviando, por ahora, la atención del verdadero problema de salud pública: el cambio climático.

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