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Los efectos del óxido nitroso en el medio ambiente comprometen el Acuerdo de París

El óxido nitroso (N2O) es un gas bastante conocido porque es el famoso “gas de la risa”, usado como anestésico (aunque no de manera muy extendida) y como droga recreativa. Lo que sí no está muy difundido son los efectos del óxido nitroso en el medio ambiente. Este gas es el tercero más poderoso de los gases de efecto invernadero.

Efectos del óxido nitroso en el medio ambiente

Es 300 veces más potente que el dióxido de carbono y 12 veces más que el metano. Estos son los tres gases responsables directos del cambio climático. Es tal su poder, que el óxido nitroso tarda más de un siglo en descomponerse. Si bien es un componente presente en la atmósfera de manera natural, las actividades del ser humano han elevado su concentración.

En la actualidad, el 40% de las emisiones de óxido nitroso corresponden a la producción agrícola, el transporte, la actividad industrial y la producción de energía. La gran cantidad de óxido nitroso en la atmósfera se considera una amenaza porque agudiza el proceso del cambio climático y además podría comprometer el alcance de los objetivos del Acuerdo de París.

Además, a los expertos les preocupa el gas en cuestión porque, luego de que se prohibieran los clorofluorocarbonos (CFC), es el principal causante de la destrucción del escudo estratosférico de la Tierra: la capa de ozono.

¿Por qué hay más óxido nitroso en la atmósfera?

A principios del siglo XX se descubrió algo que cambió la actividad agrícola para siempre. El auge del óxido nitroso se debe a que en ese entonces se descubrió el proceso de Haber-Bosch. Este procedimiento abrió la puerta para fijar de manera artificial el nitrógeno atmosférico en un abono que podría ser utilizado para fertilizar las plantas.

Emisiones de óxido nitroso y la agricultura
Las emisiones de óxido nitroso afectan la capa de ozono y agudizan el cambio climático.

Este descubrimiento, considerado uno de los más importantes de la historia de la historia reciente, acabó con la dependencia del amoniaco y de los nitratos de origen natural. De esta manera fue posible que a mediados del siglo pasado la agricultura se convirtiera en la Revolución Verde o tercera revolución agrícola, que hasta la actualidad es la fuente de alimentos de gran parte de la humanidad.

Pero, el uso masivo de fertilizantes en la agricultura de modalidad intensiva trajo un efecto colateral negativo. Las concentraciones de óxido nitroso en la atmosfera se han elevado debido al uso masivo de fertilizantes, naturales como el estiércol y los comerciales, en la agricultura.

En el año 2019, un informe hecho por el Programa para el Medio Ambiente de la ONU advertía que la gestión del nitrógeno debe estar incluida en cualquier plan de acción climática. El documento, titulado Fronteras 2018-2019, afirmaba que el ser humano está elaborando “un cóctel de nitrógeno reactivo que amenaza la salud, el clima y los ecosistemas, convirtiendo el nitrógeno en uno de los problemas de contaminación más importantes que enfrenta la humanidad”.

Moderar el uso de fertilizantes

Algunos estudios revelan que el nitrógeno reactivo se concentra en la atmósfera cuando los cultivos están impregnados de fertilizantes. Al llegar al punto de saturación las emisiones de óxido nitroso empiezan a elevarse, pero no de forma lineal sino exponencial.

Hasta ahora no existe una alternativa al uso de fertilizantes en la agroindustria. Tampoco existe una tecnología capaz de eliminar las mermas de nitrógeno, por lo tanto, lo único que se puede hacer, por ahora, es utilizar los abonos de manera más eficaz. Un ejemplo del mal uso de los fertilizantes es lo que sucede en China.

Su política de subsidios a los fertilizantes ha provocado que en los últimos años se empleen enormes cantidades de producto que no benefician a los cultivos, ni mejoran las cosechas. Simplemente el exceso termina contaminando la atmósfera y las aguas.

En la actualidad, en algunos países desarrollados llevan a cabo algo que se conoce como agricultura de precisión. Con esta modalidad, el productor sabe cuánta cantidad de fertilizante necesita la planta, en qué etapa de su desarrollo y a qué profundidad del suelo. Con estas prácticas se logra reducir sustancialmente el uso excesivo de fertilizantes.

El óxido nitroso no solo proviene de los cultivos

Aparte de los cultivos intensivos, existe otra gran fuente de emisiones de óxido nitroso. De los océanos sale el 25% de las emisiones totales de todo el planeta, básicamente desde lo que se conoce como las “zonas muertas”. Estas zonas de las aguas marinas son llamadas así porque las concentraciones de oxígeno son muy bajas.

Zonas muertas y óxido nitroso
Las zonas muertas de los océanos también son fuente de emisiones de óxido nitroso.

Las zonas muertas de los océanos aparecen cuando hay un exceso de nutrientes en las aguas y se produce la eutrofización. Este fenómeno provoca un crecimiento masivo del fitoplancton. Cuando estos microorganismos mueren se van al fondo y en el proceso de descomposición consumen una gran cantidad de oxígeno y emiten igual cantidad de N2O.

Para mediados del siglo XX se calculaba que en todo el planeta había unas 50 zonas muertas. En la actualidad son una 500. Estas regiones, donde la vida es imposible, también tienen un origen en la actividad que lleva a cabo el ser humano, en este caso, en la agricultura.

Hasta ahora, las medidas para frenar las emisiones se han concentrado en el dióxido de carbono, sobre todo el que proviene del uso de las energías fósiles. Sin embargo, es necesario echar la mirada hacia los efectos del óxido nitroso en el medio ambiente. Lograr reducir las emisiones por concepto de este gas también contribuirá a alcanzar los objetivos climáticos trazados en el Acuerdo de París.

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