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Día Internacional contra los Ensayos Nucleares, un camino al desarme total

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“El legado de los ensayos nucleares no es más que destrucción”. Esta afirmación, sin dobleces ni disimulos, fue expresada por el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres. Cada 29 de agosto, el mundo conmemora el Día Internacional contra los Ensayos Nucleares, una fecha para crear conciencia sobre el peligro que representan para la humanidad las armas atómicas.

Día Internacional contra los Ensayos Nucleares

Durante la mañana de un 16 de julio de 1945, ocurrió el primer ensayo nuclear en el mundo. Estados Unidos hacía estallar su primera bomba atómica en el desierto de Alamogordo, Nuevo México.

Desde ese entonces, hasta la firma del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares en 1996, se realizaron más de 2.000 ensayos en distintas partes del mundo.

Estos ensayos, como bien lo señaló el Secretario de la ONU, solo han significado devastación para la humanidad. Los peligrosos efectos de estas prácticas sobre los humanos y el medioambiente no fueron bien estudiados en los inicios de estas actividades. Sin embargo, la historia ha demostrado que los ensayos nucleares son una tragedia que hay que erradicar de manera definitiva.

El desarrollo tecnológico ha permitido crear nuevas y más letales y efectivas armas atómicas. Ante esa realidad, se justifica plenamente la conmemoración de un día dedicado a recordar la necesidad de caminar hacia un desarme nuclear y el abandono definitivo del armamento atómico.

¿Cómo nace el Día contra los Ensayos Nucleares?

Durante la Asamblea General de la ONU, en la cesión celebrada el 2 de diciembre del año 2009, se aprobó de manera unánime la resolución 64/35, donde se establece que el día 29 de agosto de cada año se conmemora el Día Internacional contra los Ensayos Nucleares. Esta resolución fue una propuesta de la República de Kazajistán y respaldada por otros países.

Cuáles son los efectos de las pruebas nucleares
Como bien lo señala el secretario general de la ONU: el único legado de los ensayos nucleares es la destrucción.

La finalidad de crear tal día era recordar para la posteridad el cierre definitivo del polígono de ensayos nucleares de Semipalátinsk, sitio donde la extinta Unión Soviética realizó varios ensayos nucleares. Ese hecho ocurrió un 29 de agosto de 1991.

Al año siguiente, en 2010 se celebró por primera vez en todo el mundo. Las actividades que se llevan a cabo alrededor de la fecha incluyen seminarios, conferencias, exposiciones y toda clase de iniciativas para informar sobre el tema.

En el preámbulo de la resolución se subraya la necesidad de poner un final definitivo a los ensayos nucleares por los devastadores efectos que estos tienen en los seres humanos y en el medio ambiente. En el documento también se enfatiza en que acabar con las pruebas nucleares es el primer paso para alcanzar un mundo libre de armamento atómico.

El TPCE, el Tratado de prohibición completa de las pruebas nucleares, es el principal mecanismo para alcanzar la total erradicación de los ensayos nucleares.

Este documento fue aprobado por la ONU en la Asamblea General en el año 1996. A la fecha, 184 países lo han firmado y solo 168 lo han ratificado. Falta la ratificación de los Estados con poderío nuclear para que pueda entrar en vigencia.

¿Qué son los ensayos nucleares y cuáles son sus posibles efectos?

Las pruebas nucleares son detonaciones de carácter experimental que llevan a cabo los países que poseen armamento atómico. Estos ensayos tienen un doble propósito.

Por un lado, aseguran el correcto funcionamiento técnico y al mismo tiempo le lanzan un mensaje a la comunidad internacional sobre su dominio científico y tecnológico, lo que supondría ejercer una posición dominante en el tablero de la geopolítica.

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Los efectos de los ensayos nucleares son reales y palpables, tanto en la salud humana como en el medio ambiente. Pueden ser inmediatos o manifestarse posteriormente.

Primero se registra una onda expansiva de calor y luego un pulso electromagnético y radiación ionizante. Esta radiación es la responsable de mermar las defensas del organismo y aumentar las posibilidades de enfermedad.

Según las cifras de las Naciones Unidas, los ensayos nucleares celebrados alrededor del planeta han liberado a la atmósfera y al océano una cantidad muy importante de residuos radioactivos.

Esos radionucleidos permanecerán activos durante cientos de años, causando múltiples afecciones en la salud de varias generaciones.

Una película de terror

Luego del primer ensayo de Estados Unidos en 1945, se realizaron aproximadamente 1.054 pruebas en distintas locaciones del país. Nevada, las Islas Marshall, Alaska, Colorado Misisipi y Nuevo México, fueron escenario de las detonaciones estadounidenses.

Qué son los ensayos nucleares
Ratificar el Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares es el primer avance hacia el desarme nuclear definitivo.

El desierto de Nevada era el sitio favorito para los ensayos. En ese sitio, muy cerca de la ciudad de Las Vegas, se detonaron las bombas más grandes y destructivas. Las explosiones también afectaron los estados aledaños de Utah e Idaho.

Las devastadoras consecuencias que pueden acarrear los ensayos nucleares están muy bien ilustradas en un episodio que tiene que ver con el rodaje de una película. En 1956, en el desierto de Utah se rodó el film El conquistador de Mongolia. De las 220 personas que participaron en el rodaje, al menos 150 fallecieron de algún tipo de cáncer.

John Wayne, el protagonista, el que sobrevivió más tiempo, falleció en 1979 de un cáncer generalizado. La coprotagonista, Susan Hayward, murió antes, en 1975 de un tumor cerebral. El actor mexicano Pedro Armendáriz, quien también participó en el film, se suicidó en 1963 luego de ser diagnosticado con un cáncer de riñón en etapa terminal.

El poseer armamento de poder atómico representa un peligro para toda la humanidad. En una conflagración nuclear no hay vencedores, incluso si no hay guerra. Erradicar los ensayos nucleares debe ser el primer paso para avanzar en un desarme nuclear total.

Que la conmemoración del Día Internacional contra los Ensayos Nucleares sirva para sumar voluntades políticas que logren conjurar una catástrofe atómica de la que nadie podrá librarse.

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