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Consumo ético

El modelo de producción de alimentos es también desperdicio de agua

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El desperdicio de agua en la producción de alimentos es un  tema que debe ser mirado con atención de manera urgente. El actual modelo de producción y distribución de alimentos está muy mal diseñado. Es injusto, es desigual y demanda una cantidad de recursos naturales que lo hacen insostenible e inviable, sobre todo de cara al cambio climático.

Desperdicio de agua en la producción de alimentos

Hace unos días, los medios de comunicación recogieron una noticia que seguramente indignó a muchos. Unos productores de Murcia, España, abandonaron cinco millones de melones y sandías que no pudieron colocar en el mercado. Esta noticia es bastante esclarecedora sobre cómo un sistema financiero y especulativo casi obliga a desperdiciar alimentos.

Pero lo grave no es solo que se deseche comida que nunca va a llegar a los platos. Ante una crisis climática, que arropa a todo el planeta, el sistema agroalimentario desperdicia y derrocha recursos naturales. Los expertos calculan que en la producción de melones y sandías botadas en Murcia, se usaron unos 600 millones de litros de agua de riego.  

La agroindustria es el sector productivo que más agua consume. La producción de alimentos es responsable de casi el 92% de la huella hídrica global. Los rubros que más demandan agua son el café y la carne bovina. Los números son muy elocuentes. En la producción de 1 kilo de café se necesitan 18.900 litros de agua.

Riego intensivo y uso de agroquímicos

Para sostener el actual modelo de producción de alimentos, en un contexto de crisis climática, el riego artificial no para de crecer. Solo en España, el sector agrícola acapara del 75 al 85% del consumo total de agua. El sistema que más se usa es el de riego por inundación, un método que resulta insostenible desde el punto de vista medioambiental.

Los sistemas de riego contaminan las fuentes de agua
El sistema de riego intensivo usado en la actualidad contamina las fuentes de agua con agroquímicos y fertilizantes.

Según estadísticas del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) de España, en los últimos 10 años, los sembradíos que utilizan el riego intensivo han pasado de ocupar 3,4 a 3,8 millones de hectáreas. Aunque son datos que llaman a la reflexión, el crecimiento ha sido lento y se ha ido avanzando en tecnología que modernice y adapte a la realidad los sistemas de riego.

El desperdicio de agua resultante de los regadíos intensivos no es el único problema de la alta tecnificación de los cultivos. Cuando se siembra de manera intensiva se hace necesario el uso de agroquímicos y fertilizantes. Estos productos van a parar a los ríos y acuíferos, donde contaminarán el agua y producirán un exceso de nitratos que imposibilitarán la vida.

Los expertos son enfáticos. El riego intensivo, en un contexto marcado por el cambio climático es, sencillamente, insostenible. Hay que contener el riego intensivo y reducirlo. Al mismo tiempo se deben incentivar los cultivos en secano, propios del Mediterráneo. Pero, las cada vez más escasas lluvias y las temperaturas más extremas también dificultan su viabilidad.

El control financiero de la industria de los alimentos

Sin agua no hay alimentos. Es algo que resulta casi una obviedad y que es sabida por todos. Ahora bien, el problema radica en la cantidad de agua que se usa en producir unos alimentos que no van a llegar a ningún lado, salvo a los vertederos de desperdicios. Y no van a llegar a los consumidores finales por una razón: la especulación financiera.

La contaminación de la industria láctea
La industria láctea es contaminación y maltrato

Para saber más, haz click sobre la imagen

La culpa de tanto desperdicio hídrico no puede ser atribuida solo a los pequeños productores de alimentos. El actual modelo de agricultura obliga a los productores a sembrar de manera intensiva. No para satisfacer las necesidades alimentarias de la población sino para especular en el mercado y exportar a mercados internacionales.

La fluctuación de precios, producto de ese juego perverso de oferta y demanda, hace que la producción de muchos cultivos no pueda ser colocada en los mercados. No se cultiva para llevar alimentos a todos, se siembra para ganarle dinero a la producción, cuyo precio es más bajo que el costo de venta, lo que obliga a intensificar la producción.

Mientras los alimentos sean considerados una mercancía en los mercados globales, con los que se especula y se crean burbujas financieras, el hambre, el desperdicio de alimentos y de agua continuarán en una espiral viciosa y muy peligrosa para el medio ambiente.

Botar alimentos es botar el agua también

El desecho de alimentos es un grave problema que afecta la seguridad alimentaria de la parte más vulnerable de la población mundial. Cuando se bota comida, no solo se deja de alimentar a un número cada vez mayor de seres humanos. También se están malgastando importantes y muy comprometidos recursos naturales, como el agua y los suelos.

Cuando se botan alimentos se bota el agua también
Cuando se echan a la basura alimentos, también estamos desechando el agua que se usó en la producción.
Solo la agricultura ya usa el 70% del agua dulce que se extrae de todo el planeta

Cada año, un tercio de la producción mundial de alimentos se pierde o se desperdicia incluso antes de llegar a las mesas, tal como lo señala la FAO en su informe Huella de desperdicio de comida. Impactos sobre los recursos naturales.

Solo la agricultura ya usa el 70% del agua dulce que se extrae de todo el planeta. Frente al crecimiento de la población, previsto para las próximas décadas, hay que aumentar la producción de alimentos. Ahora bien, a ese aumento en la producción se le debe sumar una significativa reducción del desperdicio de alimentos para preservar el recurso hídrico.

Según el mismo informe de la FAO, en términos de huella hídrica, cuando botamos alimentos cada año, desechamos un equivalente a:  

  • 38 veces la huella hídrica de los hogares en Estados Unidos
  • Más de dos veces el lago de Ginebra, el cual tiene una extensión de 89 km3  
  • la descarga anual del río Volga

El desperdicio de agua en la producción de alimentos, tanto de origen animal como vegetal, debe estar presente en la conciencia de los consumidores, y de manera especial en los productores. Seguir atentando contra un recurso esencial como el agua, pero a la vez tan escaso, es un crimen contra las políticas de seguridad alimentaria.

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