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El triste y violento espectáculo de los delfines en cautiverio

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El negocio de los delfines en cautiverio es una práctica que arranca con violencia a estos cetáceos de sus hábitats, los separa de su grupo y los obliga a vivir un estado permanente de estrés y malos tratos.

Aunque el solo hecho de imaginar una situación de cautiverio es angustiante para un ser humano, es un buen ejercicio para aproximarse un poco a la sensación que viven los cetáceos en situación de cautividad.

El negocio de los delfines en cautividad

La violencia, expresada de varias formas, es lo que marca todo el proceso de captura de los delfines. En las costas de Taiji, Japón, mediante malas artes de pesca, los delfines son llevados a una bahía y acorralados con mallas. Los animales, al darse cuenta de que están siendo atrapados, comienzan a expresar pánico mediante aleteos, chillidos y saltos.

Es tanta la angustia y el miedo, que algunos ejemplares saltan hacia las rocas, donde encuentran una muerte segura. En medio de un espectáculo dantesco, que a veces es necesario cubrir con lonas para no ser fotografiado, comienzan los pescadores a separar a los más pequeños de sus madres, porque cuando aún son crías es más fácil someterlos a entrenamientos en parques y sitios de recreación.

Esta violenta separación provoca secuelas en la madre y en la cría. Está comprobado que ese vínculo es un factor determinante en el desarrollo pleno de los delfines. Una vez separados son ofrecidos a los compradores.

Un negocio basado en la crueldad y la tristeza

Cada delfín atrapado tiene un valor de unos 15.000 dólares y sus compradores tienen varias procedencias: hoteles, parques temáticos, circos y hasta agencias de viajes.

Los espectáculos con cetáceos para el entretenimiento de los humanos es un negocio que mueve ingentes cantidades de dinero. Por algo no ha sido posible erradicar esta cruel actividad.

Los delfines en cautiverio no son una diversión
Los delfines son atrapados en medio un espectáculo dantesco.

El lucrativo comercio, disfrazado de entretenimiento “para toda la familia”, reportó ganancias por el orden de 1.1 a 5.5 mil millones de dólares en el año 2019.

Los parques que venden boletos, los hoteles y agencias de viajes que ofrecen paquetes turísticos que incluyen espectáculos con delfines, circos y hasta supuestos centros de rehabilitación física para niños y adultos, hacen caja con el sufrimiento de los delfines.

De 1930 data el primer recinto dedicado a la exhibición de espectáculos con delfines. Desde entonces ese negocio está lejos de desaparecer y en la actualidad se calcula que más de 3.000 delfines, distribuidos en unos 60 países, viven en situación de cautiverio.

Aunque las organizaciones y colectivos que se dedican a la denuncia de esta práctica, no cesan de difundir campañas de concientización entre la población, alertando sobre la crueldad que encierra el negocio de los espectáculos de delfines y otros cetáceos, las cajas registradoras siguen sonando.

Solo en China, el número de parques temáticos que tienen a los delfines como atracción, pasó de 39 en el año 2015 a 76 en el año 2019. Según cifras de World Animal Protection los países complacientes con actividades de crueldad hacia los delfines son China, México, Estados Unidos, España, Rusia, Japón y naciones insulares del Caribe.

No conformes con asentar sus fortunas sobre el sufrimiento de los delfines y otros cetáceos, las empresas intentan lavar su imagen con financiamientos a centros de rescate y rehabilitación de delfines, así como a campañas de conservación.

Lo que sí es un hecho cierto es que tan solo un ínfimo porcentaje de parques, delfinarios y zoológicos dedican parte de sus ganancias a las supuestas labores de conservación de la especie. Por otro lado, los delfines de cautiverio no son una especie en peligro de extinción, así que el discurso conservacionista es solo una fachada.

delfines de la amazonia contaminados con mercurio
Delfines de la Amazonía están contaminados con mercurio

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La verdad tras la “diversión”

Los delfines en cautiverio empiezan una vida llena de maltratos y torturas apenas son capturados. Aunque algunas empresas se excusan diciendo que sus animales son nacidos en cautividad, esto no es así, muchos provienen de la captura ilegal y deben enfrentar condiciones muy distintas a sus hábitats naturales.

El maltrato y la tortura contra los delfines en cautiverio
Los delfines en cautiverio viven una condena a perpetuidad alejados de sus hábitats y de sus padres.

A menudo se les coloca en estanques de dimensiones muy limitadas, donde deben compartir espacio con otros delfines de grupos desconocidos.

Esto provoca dificultades en la comunicación, que sumadas a la falta de espacio, genera frustración entre los delfines cautivos que deriva en episodios de agresión.

Cuando los delfines se encuentran en libertad les es más fácil evitar un enfrentamiento, en cautiverio tal cosa no es posible. Es común que los delfines secuestrado exhiban heridas o cicatrices, un doloroso testimonio de algún choque con compañeros de espacio.

En un estanque a estos cetáceos en cautividad se les hace imposible el buceo profundo, por lo que sufren quemaduras por el sol en su espalda, que son tratadas con óxido de zinc. Como viven en aguas estancadas, sometidas a un fuerte tratamiento con cloro, los ojos de los delfines se van quemando paulatinamente hasta perder por completo la vista.

Obligar a una especie reconocida por su inteligencia, sensibilidad y sociabilidad, a una cadena perpetua de vejaciones y maltratos no puede ser jamás una diversión sana. Mucho menos si hay niños involucrados.

El negocio de los delfines en cautiverio debe acabar. Solo y el conocimiento y la información a las personas, sobre las condiciones en que sobreviven estas criaturas, abrirá paso en ese sentido.

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