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¿Cuál es la importancia de la fiscalidad ambiental?

Afrontar la emergencia climática exige verdaderos compromisos políticos. No se puede avanzar en la descarbonización de la economía sin las leyes y los reglamentos necesarios para ello. Lamentablemente algunas leyes elaboradas para abordar el cambio climático no contemplan la verdadera importancia que tiene la fiscalidad ambiental.

Importancia de la fiscalidad ambiental

Avanzar en una transición hacia modelos distintos de desarrollo económico y consumo, donde prive la sostenibilidad, exige ser ambicioso en trazar una fiscalidad energética y ambiental realmente efectiva. En España, en días recientes, se aprobó en el Congreso la Ley de Cambio Climático y Transición Energética.

Desde diversos sectores aplauden la llegada de una ley absolutamente necesaria para lograr cumplir con los compromisos de reducción de emisiones. Sin embargo, algunas voces se han expresado con algo de decepción. Aseguran que en la redacción de la novel ley han dejado de lado un tema que debería ser transversal en asuntos de medio ambiente: la fiscalidad ambiental.

Aun así,  los críticos reconocen que en la ley queda establecido que debe crearse una comisión de especialistas en fiscalidad. No obstante, no dan mucho margen al optimismo. Sostienen que todas las iniciativas en materia de fiscalidad tienen un solo destino: el ostracismo.

¿Por qué es importante una fiscalidad ambiental?

Para responder a esta pregunta es bueno saber primero qué es la fiscalidad ambiental.  La fiscalidad ambiental, también llamada fiscalidad verde, es un conjunto de medidas de carácter impositivo que tienen como finalidad desincentivar comportamientos que van en detrimento del medio ambiente.

Para algunos expertos en temas medio ambientales, la fiscalidad verde no debe estar orientada solo a cumplir con el conocido principio de “quien contamina debe pagar”. Un conjunto de medidas impositivas en materia medioambiental tiene que estimular un cambio de conciencia que minimice las actividades contaminantes, es decir, superar la finalidad meramente recaudatoria.

Una fiscalidad verde debería señalar de manera clara, cuánto cuesta, en términos medioambientales, un producto o servicio. Cada actor dentro de la ecuación de la producción de bienes y servicios debe estar consciente de que sus decisiones tienen un impacto en el consumo energético y en el volumen de emisiones de gases de efecto invernadero.

Tanto los consumidores, como los agentes financieros, las empresas y los prestadores de servicios, deben ver en el precio de cada producto que se consume el coste que conlleva emitir CO2. Por ejemplo, si un ciudadano decide comprar carne de ganado vacuno, o un vehículo más contaminante, en el precio debe estar contemplado el impacto que ese producto tiene en las emisiones.

Igual podría ser el caso de un banco o cualquier agente financiero. Quien decida apostar por una inversión que va a contaminar, deforestar o provocar la extinción de especies, debe saber que esa colocación de capital no será rentable.

Sin fiscalidad verde no será posible avanzar

Es necesario sembrar muy profundo en la conciencia que proteger el medio ambiente comporta unos costes. Avanzar en una transición hacia modelos de desarrollo sostenible, ecológicos y justos, solo es posible con una adecuada fiscalidad ambiental. Las medidas impositivas deben ser capaces de desterrar la idea de que incinerar o verter residuos es más barato que reciclar.

Los gravámenes ambientales deben cambiar realidades como la de España.

Leyes que estimulan la fiscalidad ambiental
La fiscalidad ambiental debe estimular acciones como el reciclaje.

Un informe de 2018, elaborado por la Comisión Europea, señalaba que España era uno de los países de la Unión Europea que menos recicla.  En España, en 2019, escasamente se recicló el 34,7% de los residuos, cuando esa cifra debería haber superado ya el 50%. Alemania ha conseguido reciclar el 66% de sus residuos.

En ese sentido, el consejo de Ministros del Ejecutivo español acaba de aprobar una ley que contemplan la creación de un par de tributos medioambientales. Gracias a la Ley de Residuos y Suelos Contaminados se crearán dos nuevos impuestos. Uno sobre los envases de plástico de un solo uso, y otro gravará sobre la incineración, coincineración y depósito de residuos en vertederos.      

El objetivo de estas medidas impositivas es estimular el reciclaje y reducir la cantidad de desechos plásticos en el medio ambiente. De cara a 2030, se espera que estos impuestos logren reducir la generación de residuos en un 15% con respecto a las cifras de 2010.

La fiscalidad verde estimula las tecnologías no contaminantes

Los necesarios impuestos ambientales también incentivan el desarrollo de tecnologías respetuosas con el medio ambiente. Un ejemplo son los vehículos eléctricos. En la actualidad, estos coches son mucho más costosos que los convencionales.

La fiscalidad ambiental y el consumo
Medidas impositivas deben venir acompañadas de ayudas a los sectores más vulnerables de la población.

La única manera de que esta tecnología esté al alcance de todos, no es estimulando su demanda con ayudas, sino invirtiendo en el desarrollo tecnológico. Para que un inversor coloque dinero en la tecnología debe observar que su inversión va a tener buenos rendimientos. Gracias a un precio de carbono, el coche eléctrico será más interesante para el consumidor que el convencional.

Un asunto espinoso

Los asuntos tributarios son un tema que despierta rechazo en la población, sobre todo entre las capas más vulnerables de la sociedad. Introducir en la estructura de precios un impuesto al CO2 tendrá, indefectiblemente, un efecto regresivo, es decir, tendrá un efecto negativo entre el segmento más pobre de la población, que es el que utiliza más los combustibles fósiles por ser los más económicos.

Es por ello que la fiscalidad ambiental siempre debe venir de la mano con otras medidas que asistan a los sectores más vulnerables. Hace falta más información, ayudas y medidas compensatorias, así como apoyo tecnológico a quienes más lo necesiten. La importancia de la fiscalidad ambiental, vital para transitar hacia una economía sostenible es vital. Instaurarla es urgente y no se puede dejar en manos de quienes menos tienen para afrontarla.

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