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Macrogranjas de cerdos, un grave problema de contaminación en España

Según datos del Ministerio de Agricultura, en España se observa una tendencia hacia el modelo de producción masiva de ganado porcino. Mientras el número total de granjas va bajando, las macrogranjas de cerdos están en pleno auge. Estos establecimientos son responsables de buena parte de la contaminación del agua y de las emisiones de gases de efecto invernadero, incluido el amoníaco.

Macrogranjas de cerdos en España

Organizaciones ambientalistas como Greenpeace han venido señalando que se está imponiendo un modelo que ellos describen como “producir mucho, producir rápido y con el menor coste”. Los informes de los entes encargados del sector subrayan que cada día se crían y se sacrifican más cerdos, pero simultáneamente hay menos granjas.

Esto quiere decir que mientras van desapareciendo las pequeñas fincas, las macrogranjas de cerdos van dominando el paisaje rural español.

España es, en la actualidad, el primer productor de cerdo de Europa. La cabaña de cerdo español es la tercera a nivel mundial, por detrás de China y Estados Unidos.  A tenor de las declaraciones de los funcionarios, el sector porcino de España va camino a convertirse en líder mundial del sector. Sin embargo, los investigadores y las organizaciones ambientalistas insisten en la necesidad de discutir el papel de las macro explotaciones de cerdo y de otros ganados en la crisis climática y en la contaminación medioambiental.

El principal proveedor de carnes

De igual manera, es necesario abordar el tema sobre a dónde va destinada la producción de cerdo español y cómo la exportación ya no es lo que se creía. Hace algunos años, España asumió el papel de principal productor de ganado de Europa.

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Para el año 2018, la Comisión Europea y el Gobierno mostraban preocupación ante el crecimiento vertiginoso del número rebaños y su impacto en el medio ambiente. En aquel tiempo se decía que en el país ibérico había nada menos que 62 millones de cabezas de ganado de todo tipo.

Este impresionante número, que incluía cerdos, ovejas, cabras, terneros, conejos y aves, hablaba de una vocación exportadora, más que para el consumo interno. En el año 2019, un reporte aseguraba que España producía tres veces más carne de la que consumía.

Entonces, tanta carne ¿a dónde va? La respuesta es a la exportación. En el caso específico del cerdo, España ostenta una tasa de autoabastecimiento de 170%, lo que indica que el 40% de las canales se venden a otros países, principalmente China y Francia. Sin embargo, luego de un período de florecimiento, China, como destino de exportación, ya no es tan boyante.

El gigante asiático no está comprando tanto cerdo. Las razones son varias. Por un lado, hay una tendencia al alza en los precios internacionales de la carne de cerdo, lo que provoca que el producto español no sea tan competitivo. Por su parte, China ha reactivado su propia crianza y matanza de cerdos luego del confinamiento pandémico y además compra a otros proveedores ubicados en África.

El alto precio medioambiental y social de las macrogranjas

Ahora que la burbuja de la explotación porcina parece que se desinfla, España se queda con dos problemas: uno medioambiental y otro social. La proliferación de macrogranjas responde a un modelo de producción que ya no es rentable económicamente y que tiene impactos en el medio ambiente y en el tejido social del campo.

La ganaderia intensiva de cerdos contamina

La huella medioambiental de la ganadería intensiva se nota especialmente en el consumo de recursos finitos como el agua. Igualmente, la cría de ganado a escala industrial está íntimamente relacionada con la emisión de gases de efecto invernadero y con la contaminación de los acuíferos y de los ríos, consecuencia del incorrecto manejo de los residuos, especialmente de las excretas.

En plena pandemia, las emisiones experimentaron un descenso inédito. Se llegó por debajo de los niveles de 1990. Mientras tanto, el sector de la ganadería iba en sentido contrario. En el año 2020 incrementó la cantidad de gases lanzados a la atmósfera. Según información del Ministerio de Transición Ecológica de España este aumento se debió a lo que ellos denominan “la gestión de estiércol”.

Otro problema que está intensificando la proliferación de macrogranjas es el abandono del campo. Quienes defienden el modelo fabril de ganadería aducen que este produce puestos de trabajo en el campo. Sin embargo, muchas organizaciones comunitarias aseguran que estas industrias no desestimulan la emigración y, muy por el contrario, la promueven.

Un reciente informe de la organización Ecologistas en Acción reveló que el 74% de los municipios que albergan macrogranjas pierden población, o ganan menos habitantes, que otras regiones similares donde no hay explotaciones ganaderas. Distintas plataformas ciudadanas promueven la ganadería extensiva como respuesta a la despoblación y como estímulo del empleo rural.  

Más animales, más contaminación

El apogeo de las macrogranjas porcinas ha hecho que, en algunas regiones como Castilla-La Mancha, el 87% de la explotación porcina sea industrial. Mientras más animales hay, más desechos que manejar (o mal manejar) y más contaminación. Esta alta concentración de ganado ha hecho que España nunca haya podido cumplir con la normativa europea sobre los límites de las emisiones de amoniaco.

Macrogranjas contaminan el agua y el aire

El uso y la contaminación del agua es, quizá, el tema más sensible de este auge de ganadería intensiva. Los desechos de la ganadería porcina son los principales responsables del 80% del nitrógeno que infecta las masas de agua.

Los activistas medioambientales que se oponen a este modelo de producción aseguran que estos establecimientos “consumen cantidades enormes de agua que se devuelven al medio ambiente en forma de purines”.

España tiene un problema estructural en el manejo de los residuos. Esta incompetencia está provocando una contaminación por nutrientes procedentes de la agricultura y la ganadería que amerita medidas urgentes. La macrogranjas de cerdos en España no solo son un peligroso problema de contaminación y uso excesivo de recursos escasos como el agua. También constituyen un estímulo del abandono del territorio rural español.

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