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Carbono azul contra el cambio climático

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Hay un arma muy poderosa, silenciosa, sí, pero de gran poder. Presta sus servicios en la lucha contra el cambio climático y lleva por nombre carbono azul. El carbono llamado azul recibe ese nombre porque es el que retienen los grandes ecosistemas marinos. Los manglares, marismas y praderas marinas son grandes y muy eficaces “depósitos” que atrapan el carbono de la atmósfera y lo retienen ahí durante millones de años.

Qué es el carbono azul

Según el manual de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el carbono azul es el acumulado no solo en los bosques de manglares, en las marismas y los pastos marinos, sino en la biomasa aérea viva (hojas, ramas, tallos), en la biomasa del subsuelo (las raíces) y en la biomasa muerta (detritos y madera muerta).  

Porque los grandes bosques terrestres y sus árboles son muy importantes para detener el cambio climático, pero el carbono que es atrapado por los ecosistemas marinos puede permanecer confinado en el fondo de las aguas y así librar a la atmósfera de tan nociva carga, de ahí la importancia vital de conservar estos ecosistemas.

La eficacia de los ecosistemas marinos está comprobada pero muy poco divulgada. Los manglares, marismas y praderas marinas cubren apenas un 0,5 por ciento del lecho marino. Sin embargo, son responsables de almacenar del 50 al 71 por ciento de la totalidad del almacenamiento de dióxido de carbono. Por otro lado, la escasez de oxígeno en los suelos de los fondos del mar contribuye a preservar durante muchísimo tiempo el carbono.

Un ejemplo bastante representativo de la eficacia de la vegetación marina para atrapar carbono es el trabajo que cumplen los manglares. Un hábitat donde abunde el manglar es capaz de retener diez veces más de carbono que un bosque terrestre del mismo tamaño.

¿Por qué es importante preservar los depósitos de carbono azul?

La vegetación que se halla en el fondo de las aguas marinas no solo contribuye a mitigar los efectos de las emisiones de carbono a la atmósfera. También ofrecen diversos servicios ecosistémicos fundamentales para proteger la vida más allá de los fondos marinos y la atmósfera.

Por qué es importante el carbono azul
Los manglares atrapan y confinan las emisiones de CO2 para que no lleguen a la atmósfera.

Los hábitats que retienen el carbono azul también son protectores de las costas frente a la erosión producida por los vientos y la acción de las olas. Esta función de los ecosistemas de vegetación marina es ampliamente reconocida, pero en el año 2004 adquirió aún más relevancia cuando el planeta fue testigo de la gran devastación producida por un tsunami que asoló a casi todos los países que bordean el Océano Índico.

Para los países ubicados en zonas costeras, la preservación de los ecosistemas marinos puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. En sitios como Filipinas, donde se han destruido importantes extensiones de manglares para construir estanques para el cultivo de camarones, los tifones inciden con más fiereza.       

Los grandes depósitos de carbono azul también son el hábitat de muchas especies animales y vegetales. Esto le confiere calidad al agua de las costas y brinda salud a las especies pesqueras que sirven de alimento y son fuente de  desarrollo económico a los asentamientos humanos que hacen vida en las zonas costeras, especialmente a pequeños estados insulares en desarrollo.

Organizaciones por el carbono azul

Diversas organizaciones se han conformado en torno a la preocupación mundial por la conservación y la restauración de los ecosistemas costeros y marinos que sirven de grandes repositorios de carbono azul y de protección frente a los efectos del cambio climático.

El carbono azul contra el cambio climático
Cuando un ecosistema marino perece, toneladas de carbono se liberan a la atmósfera.

La iniciativa de Carbono Azul y la Alianza Internacional de Carbono Azul son dos de las organizaciones que trabajan de manera conjunta y coordinada con organismos multilaterales, organizaciones no gubernamentales, gobiernos y comunidades para la conservación y restauración de los ecosistemas de costa.

Su labor resulta esencial porque cumplen tareas de investigación y de divulgación a la par de su papel como entes articuladores de los distintos actores con responsabilidad en la preservación y conservación de los depósitos de carbono azul.

Estas organizaciones no solo cumplen tareas de enlace. Su trabajo también está dirigido a aumentar la eficacia de las medidas puestas en marcha por gobiernos y otros entes para mitigar los efectos del cambio climático. Igualmente llevan a cabo un trabajo de siembra de conciencia entre la población en el sentido de comprender la importancia de los ecosistemas marinos.

La degradación de los ecosistemas marinos ocurre de manera acelerada. La organización Conservación Internacional calcula que desde 1940 se ha perdido la mitad de los manglares del mundo y desde 1990 la mitad del pasto marino ya no existe.

La gran tragedia de este proceso de destrucción es que en el momento en que un ecosistema marino perece, millones de toneladas de dióxido de carbono se liberan a la atmósfera, y aunque se logren restaurar, pasarán millones de años para volver a almacenar la misma cantidad de carbono.

Los ecosistemas de los fondos de las costas son los grandes receptáculos de carbono azul y su preservación y restauración significan la posibilidad de adaptarse al cambio climático de una manera más segura y efectiva.

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