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Caballitos de mar: Bellos, misteriosos y en peligro grave de extinción

De las imágenes más tiernas que nos regala el fondo marino, las protagonizadas por los hipocampos son las favoritas. Son hermosos, asustadizos y enigmáticos. Sin embargo, su rara belleza no ha impedido que los caballitos de mar, como se les conoce comúnmente, estén en peligro de extinción.

Caballitos de mar en peligro de extinción

Los caballitos de mar son criaturas excepcionales, muy singulares. Pero, a pesar de eso, o tal vez por causa de eso, a estos animales se les persigue, se les caza y se les trafica sin tregua. Son comerciados en mercados asiáticos porque, según la medicina china, poseen propiedades curativas, medicinales y afrodisíacas.

Aunque en China se encuentran protegidos por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies en Peligro de Extinción, junto a las aletas de tiburón, los huesos de tigre, los cuernos de rinocerontes y las estrellas de mar, los hipocampos son parte de los ingredientes que se utilizan en pócimas con supuestas bondades asociadas al placer sexual.

China continental es el primer consumidor de caballitos de mar. Según la organización Project Seahorse, dedicada al estudio y protección de esta especie, al gigante asiático arriban cada año 500 toneladas. Una vez ahí, son hechos polvo para mezclar con sopas y bebidas. Dicen que esos preparados también equilibran el Yin/Yang y mejoran la infertilidad femenina.    

A esta cruenta persecución se les une la pérdida de hábitats, la contaminación y la acidificación de los océanos. Todo un cóctel que atenta contra la supervivencia de los caballitos de mar.

Un animal muy singular

Los caballitos de mar son animales sorprendentes, misteriosos y muy curiosos. Son un catálogo de particularidades.

Los hipocampos son unos diminutos peces que pertenecen a la familia Syngnathidae, donde también se encuentran los peces pipa. La etimología de su nombre proviene del griego. Hippo, que significa caballo (su cabeza es llamativamente parecida a la de los caballos), y kampos que quiere decir monstruo de mar.

Esta particular especie de pez no posee escamas, en su lugar, tiene discos debajo de la piel. Los caballitos de mar nadan erguidos y se ayudan de su cola para aferrarse a las plantas del fondo marino y no ser arrastrados por la corriente. Tampoco tienen boca, dientes ni estómago. Para alimentarse utilizan su larga trompa con la que toman el plancton.

Los hay de diferentes tamaños. Van desde un centímetro y medio hasta los 35 centímetros. También sus colores son variados. Hay hipocampos rojos, naranjas, amarillos, verdes y grises. En sus cuerpos lucen rayas o puntos y tienen la capacidad de camuflarse con el entorno a modo de defensa ante sus depredadores, esta facultad compensa la debilidad de su nado.

Son devotos padres

El rasgo más curioso de los caballitos de mar es el que tiene que ver con su reproducción. Forman parejas monógamas y su cortejo dura varios días. En una especie de danza, donde entrelazan sus colas, la pareja se “viste” del mismo color, demostrándose así una especie de compromiso. Dicen los biólogos que esto lo hacen con el fin de coordinar su ciclo reproductivo.

La población de hipocampos está en declive
El proceso de reproducción de los caballitos de mar es muy curioso. Es el macho de la especie el que lleva los huevos.

Luego, los machos reciben de la hembra unos 2.000 huevos, que son depositados en la bolsa ventral masculina. En esta llamativa especie, son los machos los encargados de llevar en su vientre los huevos gestados. El proceso puede durar de 9 a 45 días, dependiendo de las especies y de la temperatura del agua.

Una especie amenazada

Los caballitos de mar son criaturas muy vulnerables. Su uso en la medicina china ha provocado que la demanda haya crecido al mismo ritmo que la economía china, lo que ejerce más presión sobre su ya mermada población. Las grandes compañías pesqueras son las que surten esta demanda, bien mediante la pesca directa de la especie o por pesca accidental.

Algunos datos apuntan a que en el 2011, unos 77 países comerciaron alrededor de 70 toneladas de hipocampos. Esto se traduce en que unos 25 millones de hipocampos fueron diezmados para secarlos, pulverizarlos y ofrecerlos como ingrediente de brebajes o incluso como suvenir. Por otra parte, la destrucción de sus hábitats también coadyuva en su rápida desaparición.

Esta especie habita en costas poco profundas que son especialmente sensibles al cambio climático y a otras afectaciones medioambientales como la pérdida de corales y manglares. En el año 2010, un derrame de petróleo en las costas del Golfo de México acabó con el lecho marino de la zona y junto a él, la ya mermada población de caballitos de mar.

Igualmente, esta especie posee una serie de características que la hacen especialmente vulnerable. No son buenos nadadores, son una población pequeña y además son monógamos. La fidelidad hacia su pareja impide que, si desaparece uno de los miembros, el otro pueda encontrar una nueva pareja.

Misteriosos y perseguidos

La Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas ubica a los caballitos de mar en el listado de especies al borde de la extinción. Este proceso de desaparición puede detenerse si se regula férreamente su comercio. Por tal motivo, los signatarios de ese instrumento han venido aplicando una serie de medidas para regular la explotación comercial de esta especie.

Los caballitos de mar son usados por la medicina china
Su uso en la medicina tradicional china ha presionado a la especie hasta llevarla al borde de la extinción.

Sin embargo, tales mecanismos no son suscritos por todos los países. Esto ha ocasionado que se presenten casos donde se trafica con la especie sin ningún tipo de controles y la población de caballitos de mar siga descendiendo. Por otro lado, estos peces son difíciles de estudiar u monitorear.

Es por esta razón que no se cuenta con datos fidedignos de cuántos hipocampos pueblan los mares, cuáles son las especies y cómo son sus hábitos.

Aunque son muy sensibles a las condiciones medioambientales, los verdaderos causantes de que los caballitos de mar estén en peligro de extinción somos los seres humanos. Detener o regular su tráfico y su uso, además de preservar los ecosistemas marinos, solo depende de las acciones que tomemos en ese sentido.

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