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Cambio climático Medio ambiente

El poder de las tormentas eléctricas tiene beneficios para la naturaleza

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La emoción más común frente a los truenos, rayos y relámpagos es el miedo. Claro, sus espectaculares puestas en escena pueden llegar a amedrentar. Sin embargo, si se observan a buen resguardo, no hay que temer. Son muchos los beneficios de las tormentas eléctricas en la naturaleza, el clima y el medio ambiente. Es necesario conocer estos fenómenos y en qué se diferencian.

Beneficios de las tormentas eléctricas en la naturaleza

Las tormentas eléctricas son manifestaciones naturales de una enorme fuerza que se presentan en forma de rayos, truenos y relámpagos. Aunque estos tres fenómenos pueden parecer lo mismo, hay ligeras diferencias que en este artículo buscaremos desentrañar.

Un rayo es una poderosa descarga de electricidad con una potencia de hasta 30 millones de voltios. Su temperatura puede alcanzar cifras de vértigo de hasta 30.000ºC, o lo que es lo mismo que decir que es cinco veces más caliente que la superficie del sol. Se desplazan a una velocidad de hasta 115.000.000 kilómetros por hora y pueden llegar a tener una longitud de alrededor de 1.500 metros.

Aunque, como lo reseña la ONU en su portal de noticias, el 31 de octubre de 2018 se registró al sur de Brasil el rayo de mayor extensión horizontal a nivel mundial: 709 km. Esta medida equivale a la distancia entre Londres y la frontera de Suiza cerca de Basilea.

El relámpago, por su parte, es la iluminación de la tormenta eléctrica. Es un resplandor muy vivo que se produce por la repentina descarga de energía. A diferencia de los rayos, los relámpagos nunca tocan la tierra. El trueno, a su vez,  es el sonido de la tormenta, que se produce cuando el rayo calienta el aire y entra en contacto con aire frío del entorno, produciéndose una contracción.

¿Por qué son buenas las tormentas eléctricas?

Al principio de este artículo mencionábamos que el miedo era la emoción más común de los seres humanos frente a una tormenta. Y este temor no es infundado. Las tormentas eléctricas son un fenómeno del que se conoce muy poco y puede llegar a ser peligroso. Solo en Estados Unidos los rayos alcanzan a unas 400 personas anualmente.

Las tormentas eléctricas benefician a la capa de ozono
Las tormentas eléctricas le reportan importantes beneficios a la química atmosférica.

No obstante es necesario saber que la función fundamental de las tormentas eléctricas y sus manifestaciones, es que generan importantes cantidades de ozono en la parte superior de la atmósfera, lo que protege a la vida en el planeta de la radiación ultravioleta.

Los rayos también benefician a los suelos, puesto que intervienen en la fijación del nitrógeno en el sustrato. Cuando un rayo impacta provoca que el nitrógeno se separe y se una al oxígeno, lo que forma nitratos que son arrastrados por el agua de lluvia y asimilados por la raíces de manera muy rápida.    

El rayo forma parte de un importante ciclo en la naturaleza: el del agua. A partir de la evaporación de mares, ríos, lagos y otros cuerpos de agua, el vapor asciende hacia las partes más altas de la atmósfera, y una vez ahí se empiezan a formar las nubes. En ese proceso los choques entre partículas dan origen a concentraciones negativas y positivas de cargas eléctricas y es lo que inicia el fenómeno del rayo.

La capital mundial de los rayos

En el año 2015, el libro Guinness de récords distinguió al Lago de Maracaibo, localidad venezolana ubicada al occidente del país, como el sitio con la más alta concentración de rayos en el mundo. Este título le pertenecía a Kifuka, en la República Democrática del Congo, donde, al año, se producían unos 158 relámpagos por kilómetro cuadrado.

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Frente a las cifras del Catatumbo, Kifuka palidece. En la región venezolana, donde confluyen los deltas de los ríos Catatumbo, Zulia y Bravo, al sur del lago de Maracaibo, caen 250 rayos por kilómetro cuadrado y el insólito número de 1,6 millones de relámpagos cada año.

Gracias a un registro llevado a cabo durante 16 años por la NASA, y las universidades de Maryland y Alabama en EE.UU. y la de Sao Paulo en Brasil, el 2 de mayo de 2016 se pudo establecer que el Catatumbo era, sin lugar a dudas la “verdadera capital” de los relámpagos en la Tierra.

En este fenómeno destaca de manera singular el relámpago inaudible conocido como el “Relámpago del Catatumbo” o “Faro de Maracaibo”. Este destello de luz está caracterizado por su fulgor y su luminosidad y puede ser visto a centenares de kilómetros de distancia. Cada noche, entre 240 y 260 días al año, entre las 7 y las 10 de la noche, lugareños y visitantes pueden disfrutar de sus destellos.

Un día para honrar a los rayos, truenos y relámpagos

Existe una propuesta ante la ONU para instituir el 2 de mayo como el día Mundial de los Relámpagos, una conmemoración del 2 de mayo de 2016 cuando la NASA proclamó al Lago de Maracaibo como la Capital Mundial de los Relámpagos. Con esta celebración también se quiere honrar el trabajo científico realizado a lo largo de 16 años y que abrió paso a la referida distinción.

Gracias a los rayos se activa el ciclo de nitrógeno
Gracias a los rayos que impactan en el suelo se activa el ciclo del nitrógeno que nutre a las plantas de manera casi inmediata.
El 2 de mayo de 2016, la Administración Nacional de la Aeronáutica y el Espacio de Estados Unidos (NASA), confirmó en su portal web que el Lago de Maracaibo, en Zulia, Venezuela, era la nueva “Capital Mundial de los Relámpagos”.

Dicen sus promotores que este día podría estar dedicado a dar información sobre las tormentas eléctricas y sus manifestaciones, como los rayos y los relámpagos, y sus conexiones con el clima y el cambio climático. Incluso algunos investigadores aseguran que las tormentas eléctricas y sus manifestaciones son un indicador muy sensible de los cambios de temperatura.

Las tormentas eléctricas son fenómenos que deben ser estudiados de manera más exhaustiva, porque sus vínculos con la química atmosférica y las variaciones climáticas son muy íntimos. Algunos investigadores aseguran que ayudan a reparar la capa de ozono. Otros afirman que eso no es así y que por el contrario, producen el ozono que agrava el efecto invernadero.       

Lo cierto es que quizá establecer un día especial para estudiar los beneficios de las tormentas eléctricas en la naturaleza sea una iniciativa muy positiva que redundará en el diseño y puesta en marcha de políticas públicas en favor del medio ambiente.

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