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Aunque las cifras deberían ser mejores, baja el consumo de tabaco

Si hay alguna buena noticia en el ámbito sanitario, en medio de una pavorosa crisis sanitaria, es que baja el consumo de tabaco. Una encuesta publicada a mediados de 2020 reflejó que, como consecuencia del confinamiento impuesto por la pandemia, casi un 7% de los fumadores había dejado el hábito de fumar.

Baja el consumo de tabaco

La encuesta, aplicada en una región específica de España, también  evidencia que casi el 6% de los encuestados redujo su consumo de tabaco. El sondeo se hizo en convenio entre el Ministerio de Sanidad y los gobiernos locales de las comunidades autónomas de La Rioja y Murcia. Los autores del estudio buscaban evaluar los posibles cambios en el consumo de tabaco durante el confinamiento.

Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS), a finales del año 2019, ya anunciaba que el número de hombres consumidores de tabaco estaba descendiendo. Y eso, incluso hoy, es una buena noticia. Las estadísticas dicen que el 80% de los fumadores a nivel global son hombres.

Aunque todavía se está lejos de alcanzar la meta de reducir un 30% el consumo global de tabaco para 2025, hay señales positivas que apuntan en ese sentido. Para la OMS es muy importante exhibir resultados, por modestos que sean. Esta, es una buena manera de transmitir a los gobiernos la confianza de que es posible cumplir con el objetivo de reducción.

¿Por qué ha bajado el consumo de tabaco a nivel global?    

Esta baja en el consumo de tabaco tiene que ver con el marco legal que ha entrado en vigor, desde hace al menos una década, en la mayoría de los países. Cada vez son más comunes las políticas públicas orientadas a frenar el consumo. Mayores medidas impositivas al tabaco, así como acciones restrictivas, han demostrado ser eficaces en el control de la epidemia de tabaquismo.

El humo de tabaco también mata
Una de las medidas para frenar la epidemia de tabaquismo es evitar el humo de segunda mano, que mata a casi 1 millón de personas cada año.

Las naciones pertenecientes a la OMS y a la Organización Panamericana de la Salud (OPS) se han adherido al Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco (CMCT OMS). Este Convenio Marco recoge una serie de premisas debe ser tenida en cuenta para implementar las medidas necesarias para atajar este problema de salud.

Entre las disposiciones de este Convenio que los países signatarios deben llevar a cabo de manera obligatoria, están:

  • Elevar los impuestos a los productos de tabaco.
  • Proteger del humo de tabaco ajeno en todos los lugares de trabajo, espacios interiores, lugares públicos cerrados y en el transporte público.
  • Colocar en el empaquetado de productos de tabaco duras advertencias sobre los estragos del consumo de tabaco. Estas advertencias deberían cubrir al menos el 50% del empaquetado.
  • Prohibir la publicidad y la promoción y patrocinio del tabaco en cualquiera de sus formas.
  • Ofrecer ayuda para dejar de fumar.

Estas medidas son solo el punto de partida. La idea es allanar el camino para una implementación integral del convenio. Otras cuestiones incluidas en el acuerdo, tienen que ver con la regulación de los ingredientes de los productos de tabaco, la regulación sobre la divulgación de material informativo sobre tabaco, así como la venta y promoción de tabaco por y hacia los menores de edad.

Las regulaciones funcionan

Aunque los números son modestos, la tendencia mundial del consumo de tabaco es a la baja. Hoy, son cada vez menos las personas que encienden un cigarrillo. Esta baja en el consumo se viene observando desde el año 2018. En ese año, las mujeres fueron las protagonistas indiscutibles de esta favorable propensión al abandono de tan nefasto hábito.

El descenso en el consumo mundial de tabaco, es una demostración de que las regulaciones impuestas desde instancias públicas de gobierno tienen un efecto favorable. Cuando los gobiernos actúan, basados en evidencia científica, para proteger a sus ciudadanos, se obtienen los resultados que se desean.

Si bien es difícil quitarle protagonismo al Covid-19 como la mayor amenaza actual a la salud pública, es necesario saber que el tabaquismo también lo es. La OMS es enfática: la epidemia de tabaquismo mata a 8 millones de seres humanos todos los años. De ese número, casi 1 millón no son fumadores, sino que están expuestos al humo de segunda mano.

En casi todas las regiones del mundo, la bajada en el consumo de tabaco es un hecho. Las cifras de la OMS son elocuentes. Durante las dos últimas décadas, el número de fumadores bajó en 60 millones de personas. En el año 2000, una de cada tres personas fumaba. Hoy, una de cada cinco personas fuma, la mayoría hombres.

La industria sabotea

Mientras los gobiernos y las organizaciones multilaterales dan muestras de trabajo mancomunado para mejorar la salud y el bienestar de la población, la industria del tabaco trata de socavar los esfuerzos. Cada año, dedica ingentes recursos económicos en publicidad y patrocinios para llegarles a los más jóvenes.

La publicidad de tabaco apunta a los más jóvenes
La publicidad de las tabacaleras se orienta sobre todo a los más jóvenes.

Un aproximado de 9.000 millones de dólares al año dedican los fabricantes de productos de tabaco en publicidad y mercadeo. Diversas organizaciones dedicadas a la lucha contra el tabaco han denunciado que la industria dirige todos sus planes hacia la población más joven en los países en desarrollo.

Vender y anunciar cigarrillos cerca de las escuelas, tabaco aromatizado o publicidad vistosa, son algunas de las estrategias más usadas. La OMS sigue exhortando a los países a redoblar los esfuerzos. Para 2025, todos los países deben cumplir con la meta de reducir un 30% el consumo de tabaco, con miras a lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Si bien los números no son todo lo bueno que se espera, se sigue avanzando. Hoy, es una realidad que baja el consumo de tabaco de manera sostenida, con previsión de mejorar.

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