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La acuicultura intensiva no siempre es garantía de alimentos

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La acuicultura, en su modalidad intensiva, es una práctica que combina conocimientos y tecnología para la cría y producción de alto rendimiento de especies acuáticas para la alimentación humana, para el ganado y como materia prima de uso industrial. Esta práctica ha tenido un desarrollo significativo en los últimos años como resultado del agotamiento de los recursos pesqueros destinados a la alimentación.

Qué es la acuicultura intensiva

Los sistemas de cultivo usados en la acuicultura son variados. Los hay de agua dulce y agua de mar, conocido como maricultura. La práctica puede llevarse a cabo en el medio natural o en instalaciones adecuadas en condiciones totalmente controladas.

La acuicultura intensiva se lleva a cabo en estructuras apartadas de los entornos naturales, como piscinas o estanques, con sistemas automatizados de captación y circulación de agua y con un control exhaustivo de los peces y el medio donde se desarrollan. Esta práctica requiere de una inversión de recursos, pero el rendimiento de la producción es superior.

La modalidad intensiva de acuicultura es la que tiene un mayor impacto sobre el medio ambiente. Los animales de esta cría suelen ser carnívoros y se les nutre con alimentos procesados. Hay cálculos que dicen que por cada kilo de pez engordado son necesarios más de 5 kilos de pez capturado y procesado para convertirlo en harina de pescado.   

Se calcula que, para mediados del siglo XXI, 9.000 millones de seres humanos harán vida en el planeta. La tecnología y el conocimiento científico y ancestral están trabajando en esfuerzo conjunto para satisfacer la demanda de alimentos de una población que no para de aumentar.

¿Una garantía de alimentos?

Según estimaciones de la FAO, la producción pesquera mundial alcanzó en el año 2016 la cifra de 171 millones de toneladas, de las cuales el 47% correspondía a la acuicultura, siendo esta uno de los sectores productivos que más ha crecido en los últimos años.

Efectos de la acuicultura intensiva en los ecosistemas
Algunos aseguran que la acuicultura intensiva solo estimula el consumo.

Desde el organismo multilateral se han hecho varios exhortos a que, frente al aumento de la población y de la demanda de alimentos, se estimule el desarrollo de la acuicultura como una forma efectiva de satisfacer dicha demanda.   

Si se tiene en cuanta el crecimiento del sector en los últimos 30 años y el estancamiento de la pesca de captura, no resulta difícil inferir que el crecimiento del sector pesca se deba, de manera fundamental, a la acuicultura.

Sin embargo, la acuicultura intensiva ha estado en el centro del debate entre los organismos y colectivos que la promueven y la estimulan y los que se oponen a ella de manera tajante. Estos últimos alegan que la acuicultura intensiva es una práctica que considera a los alimentos como una moneda de intercambio en los grandes mercados financieros y no como un derecho humano.

Los que se oponen al enfoque de la FAO de estímulo a la acuicultura intensiva, alegan que esta práctica está muy lejos de ser una garantía de alimentación para los más pobres, que son la mayoría. La acuicultura intensiva representa una sobre exigencia de los recursos pesqueros que ya se encuentran bastante mermados por la excesiva captura.

Por otro lado, estimular la acuicultura intensiva, como una manera de aumentar la producción de peces, no siempre se hace para llevar comida a los platos de los habitantes más pobres de los países en desarrollo sino abastecer a los países desarrollados, donde los supermercados y el consumismo estimulan la demanda.

No es un secreto que muchos acuicultores de países en desarrollo están cultivando especies de alta demanda en países desarrollados y su precio se fija en los mercados financieros, dejando de lado especies más modestas, que no son tan rentables en términos de precios internacionales pero que sin duda alimentarían a las comunidades que hacen vida cerca de las costas.

Finalmente, estas organizaciones ambientalistas y ecologistas fustigan a la FAO por incentivar una práctica que ejerce tanta presión sobre los ecosistemas, en lugar de informar a la población sobre las consecuencias de un modelo de consumo no sostenible. Plantean igualmente que la organización debe sembrar conciencia sobre la finitud de los recursos naturales y de esa manera desestimular la demanda de productos.

Efectos de la acuicultura intensiva en el medio ambiente

La principal objeción en contra de la práctica de la acuicultura intensiva tiene que ver con los efectos que esta tiene sobre los ecosistemas y los recursos naturales. En el caso específico del cultivo del camarón, concentrado en países del trópico en vías de desarrollo, se ha causado la destrucción de ecosistemas costeros como marismas, manglares y estuarios.

La acuicultura intensiva no siempre garantiza alimentos
Estudios revelan que se ha destruido más del 30% de los manglares para darle paso a granjas de cultivo.

Algunos estudios revelan que se ha destruido más del 30% de los manglares de países tropicales y subtropicales para darle paso a granjas de cultivo del camarón. Estos países y el planeta han dejado de percibir los servicios ecosistémicos que les proporcionaban los manglares.

La acuacultura intensiva también favorece la cría de especies carnívoras que requieren ser alimentadas con alimentos procesados a partir de la captura de otras especies. Esta práctica agota los recursos de otras regiones y modifica la cadena trófica.

Las granjas de acuicultura intensiva son grandes generadoras de desechos y vertidos de aguas no tratadas. Al concentrar una mayor cantidad de animales en un espacio reducido, se deben controlar más las enfermedades, por lo que el uso de fármacos se hace necesario y ese impacto todavía no se ha estudiado a profundidad.

La práctica de la acuicultura intensiva atenta también contra la soberanía alimentaria de los pueblos costeros y marinos. Cuando una granja de acuicultura intensiva se instala en un área que proporciona alimentos a los pobladores, estos dejan de tener acceso a las zonas de pesca tradicional, a la recolección de mariscos o a especies vegetales que les sirven de medicina o complementan su alimentación.

La modalidad intensiva de la acuicultura está diseñada para satisfacer una demanda de alimentos estimulada por un modelo de híper consumo. Los planes y políticas en materia alimentaria deberían ser diseñadas para darle poder y estímulo a los pequeños productores acuícolas, quienes serán en definitiva los que puedan garantizar el alimento para sus comunidades.

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