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Los acuerdos alcanzados en la COP26 quedaron de espaldas a los más vulnerables

Finaliza otra gran cumbre climática y el resultado tiene sabor a decepción. Tras trece días de negociaciones, en el futuro no se vislumbra una solución para la emergencia climática. Los acuerdos alcanzados en la COP26 no han dejado satisfecho a casi nadie. Ni siquiera a su presidente, Alok Sharma, quien lo ha calificado como “imperfecto” y “frágil”.

Acuerdos alcanzados en la COP26

En el documento final del Acuerdo de Glasgow se hace un llamado, una vez más, a acelerar la marcha hacia una verdadera acción climática. Aunque se ha conseguido hacer mención por primera vez a los combustibles fósiles en el documento, ningún país importante ha hecho compromisos para mantener el calentamiento en 1,5 °C.

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De hecho, algunos países como Arabia Saudita, India, Sudáfrica, Nigeria y Venezuela maniobraron hasta última hora para cambiar la redacción del texto. En el documento final, en el apartado de combustibles fósiles, estos países lograron que se hablara de reducción y no de eliminación del carbón, lo que debilita aún más el acuerdo.  

Del petróleo y del gas, los otros combustibles fósiles cuya explotación produce gases de efecto invernadero, ni siquiera se hace mención para reducirlos o eliminarlos.  

Eso sí. Al menos se reconoce que le estamos fallando al planeta. En el acuerdo se deja establecido que los países están muy lejos aún de cumplir con sus planes climáticos. Igualmente, se dejó asentado que las naciones deben aumentar, durante el año próximo, sus objetivos climáticos para 2030, en clara referencia a China.

Quienes salen más perjudicados con el acuerdo de la COP26 son los países más pobres, los que tienen menos recursos para enfrentar el cambio climático. Una de las más grandes aspiraciones de esta cumbre era conseguir mayor apoyo financiero por parte de las superpotencias económicas para paliar los embates del calentamiento global en los más débiles.

Los acuerdos de la COP 26 están lejos del 1,5 °C

Si bien la COP26 ofrece algunos avances, el objetivo más importante —mantener el calentamiento global en 1,5 °C, tal como lo establece el Acuerdo de Parísno se ha logrado refrendar. Según un estudio hecho por la organización Climate Action Tracker, los compromisos de los principales emisores, como Europa, Estados Unidos y China siguen siendo insuficientes.

Aunque las grandes economías han aumentado sus ambiciones con respecto a hace dos años, estas no resultan suficientes para evitar peligros niveles de calentamiento. El estudio añade que países como Brasil, Australia, Arabia Saudita y Rusia están muy alejados del objetivo y sus emisiones están llevando al planeta a los 4 °C por encima de los niveles preindustriales.

En conjunto, los compromisos climáticos de las naciones para 2030 colocan al planeta en un calentamiento global de 2,1 grados centígrados para finales de siglo. Esto representa un adelanto, porque los análisis hechos por Climate Action Tracker en 2009 estimaban que el mundo estaba en camino a un calentamiento de 3,5 °C. En 2016 este peligro descendió a 2,8 °C.

Cuando Donald Trump arribó a la Casa Blanca inició una política de retroceso en materia medioambiental. Todos los acuerdos que había suscrito Estados Unidos relacionados con el clima fueron revertidos. Este hecho hizo subir las previsiones de calentamiento a 3,2 grados.

Ayudas inciertas para los más vulnerables

Para los países que más recienten los efectos del cambio climático este acuerdo está muy lejos de ser algo positivo. Las naciones más poderosas, con Estados Unidos y la Unión Europea como principales promotores, han bloqueado las ayudas económicas para hacerle frente a los impactos de la crisis medioambiental.

Convenios de la COP26

Por ahora, no habrá financiación específica por parte de las grandes economías para “pagar por los destrozos causados por eventos extremos”, una reclamación histórica de las naciones más pobres. Es necesario aclarar, sin embargo, que esta reivindicación no está referida a la adaptación.

El acuerdo de Glasgow sí deja claro que los donantes —vale decir, los que se han desarrollado quemando combustibles y han calentado el planeta— deberán cumplir con la promesa de los 100.000 millones de dólares al año destinados a adaptación.

Esta propuesta, hecha en 2009 e incumplida hasta ahora, establece que hay que financiar con esa cantidad a los que más lo necesitan para mitigar y adaptarse al cambio climático. Sin embargo, un anuncio que pudiera ser considerado como un logro, se ve ensombrecido al no dejar claro cómo se va a lograr esta financiación.

Para el activismo medioambiental el acuerdo de Glasgow es una burla. Dicen que ha sido un evento pensado para satisfacer a los más ricos. Asad Rehman, en representación de la Coalición COP26, habló en la plenaria de clausura de la cumbre y manifestó que el sello de identidad de la cumbre fueron las palabras huecas.

Agregó que el encuentro puede ser calificado como un acto de traición a la gente, a la ciencia y a la justicia. Las decisiones emanadas de la COP26 solo tendrán beneficios para los que han saqueado los recursos del Sur Global a través del colonialismo, ahora vestido de verde.

De espaldas a los más pobres

Para los ecologistas reunidos en Glasgow la cumbre es un fracaso y lo que se ha firmado se ha hecho de espaldas a los más pobres. Vanessa Nakate, activista de Fridays for Future en Uganda afirmaba que aun “si los líderes se ciñeran a las promesas que han hecho aquí en Glasgow, no se evitaría la destrucción de comunidades como la mía”.

Balance final de la COP26

A pesar de todos los acuerdos hechos en el marco de la celebración de la cumbre, para organizaciones como Ecologistas en Acción el documento final es sumamente débil. Tanto, que cualquiera lo firmaría. No hay ninguna palabra o frase que le dé un carácter vinculante al acuerdo. Todo se ha quedado en “recomendaciones” y “ruegos”.

La sensación que queda de los acuerdos alcanzados en la COP26 se refleja en las palabras de la ministra de Medio Ambiente de Maldivas. “Para algunos (en referencia a los países ricos), las pérdidas y los daños pueden ser el comienzo de la conversación y el diálogo, pero para nosotros se trata de una cuestión de supervivencia”. Es a la vida en el planeta a la que se le ha dado la espalda.

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